Grandes logros en la última reunión de líderes europeos, ¿no es así?
Creo que ha sido una gran victoria para la Presidencia francesa, que está detrás de lo que ha sido un gran pacto europeo en materia de energía y medioambiental, sobre todo. Supone una muy buena señal, ya que era un pacto muy complicado de conseguir y, sin embargo, dará muy buenos frutos a medio-corto plazo en la Unión Europea. Además, Nicolas Sarkozy consiguió extraer una fecha nueva para que los irlandeses ratifiquen finalmente el Tratado de Lisboa.
¿No juzga exagerado, por tanto, el éxito atribuido en este Consejo Europeo al presidente francés, Nicolas Sarkozy?
Europa necesitaba saber que había alguien al timón de esa nave. Eso era lo importante en un tiempo de dificultad, en el que los ciudadanos no ven claramente hacia dónde vamos, con la crisis económica y política. En estos momentos es cuando se ejerce el liderazgo, como hizo Sarkozy.
¿Está España a la altura del pacto alcanzado?
España sí estaba preparada para este pacto, está a un nivel europeo sobre estas materias, aunque aún hay mucho que hacer. Pero nuestra situación es más fácilmente adaptable al pacto, a diferencia de otros casos como los de Italia o Alemania.
¿Resumiría la buena noticia en el consenso logrado entre países con situaciones tan dispares?
El consenso se ha logrado muy al estilo del Partido Popular Europeo (PPE). Da la casualidad de que los grandes líderes europeos pertenecen al PPE: Angela Merkel, Nicolas Sarkozy... En la cumbre del PPE, previa al Consejo Europeo, albergamos la misma discusión. Nuestras discusiones son difíciles pero, al final, llegamos siempre a un consenso. Cuando entran en juego diferentes países, con diferentes tendencias ideológicas, hay mucho que discutir. No es fácil poner en consenso a un cristiano demócrata holandés, a un conservador sueco o a otro turco. En Bruselas se llama "solución al estilo belga", que supone entretejer muchos acuerdos dentro de un acuerdo marco general que, lamentablemente, el ciudadano no conoce por su complejidad y eso le genera dudas sobre lo que hacen los políticos en Bruselas. Son las críticas habituales, y hay que buscar la manera de que eso llegue mejor a la gente, tal vez a través de más referendos. Yo creo que ese sistema de consulta popular, guste o no guste, se va a acabar imponiendo.
Uno de los errores en el mecanismo de la Unión Europea es que continúa resultando lejana en la comunicación con el ciudadano. ¿Qué opina sobre eso?
Ahora la generación es distinta, está mejor informada, pero exige a cambio esa información y pregunta por qué se hace algo de un modo determinado. Las instituciones europeas aún no están a la altura de responder. Antes, las decisiones se tomaban a puerta cerrada, y creo que hay que habituarse a explicar qué es lo que se ha hecho. Por ejemplo, la actitud de Zapatero durante la reunión europea en cuanto al tema de energía y cambio climático: A mí me consta que no ha abierto la boca, y eso hay que saberlo, porque ese tema es una cosa que se vende mucho en España. Yo creo que la gente debe saberlo.
Un referéndum, por ejemplo, implica más a la gente. Yo insto a que se afronten las consultas de forma más sencilla y que interese a la gente, se acabaron las banderitas con el logo de la UE; lo que hay que hacer es lanzar un mensaje, que los ciudadanos sepan para qué sirve la UE, en qué les beneficia, si les salva de algo como ahora les está salvando de la crisis económica. Ya no estamos solos en el mar de incertidumbre. En países como Islandia o Noruega, donde he conocido a algunos políticos muy antieuropeos, todos corren ahora detrás de la UE. Esto demuestra que la UE sirve, pero los que estamos aquí no nos damos cuenta, y eso es lo que hay que trabajar.
Además de la comunicación con el ciudadano, ¿qué otros asuntos pendientes tiene la UE?
Por ejemplo, la transformación de las instituciones para que resulten más cercanas, como la Presidencia de la UE, que recoge ya el Tratado de Lisboa. Al final, nadie se entera de quién es el presidente de turno, y al menos, es importante que los americanos, por ejemplo, sepan que hay un sólo teléfono al que llamar a la UE, o un sólo ministro de Exteriores también.
¿La clave está en el Tratado de Lisboa?
No, la clave es Europa y sus instituciones, que deben adaptarse a la realidad. Ésa es la verdadera clave, mucho más que el Tratado de Lisboa, que aporta soluciones, pero no todas.
Antonio López-Istúriz, secretario general del PPE desde 2002, ha vivido el período de horas bajas de la UE, ¿cómo ha sido esa experiencia?
Sí, el mal llamado "período de reflexión". Creo que ya hemos reflexionado demasiado y hay que aportar más acción. El PPE ya ha preparado un paquete de medidas para presentar la próxima temporada, durante el año que viene. Algunas ha habido que adaptarlas, como la visión de la crisis económica y cómo afrontarla. Hay ahora mismo tres visiones para ello: la anglosajona, más liberalista; la francesa, intervencionista; y algunos nos quedamos con la del medio, la alemana, de economía social demócrata. Supone creer en la economía de mercado, que hay que mantener, pero sabiendo que genera riqueza y puestos de trabjao, y que parte de esa riqueza se invierta en asuntos sociales. También pedimos control, que no intervención, sino una autoridad que denuncie cuando se cometa alguna chapuza, como el caso Madoff en EEUU, que ha demostrado que, una vez más, los controles han fallado, y eso va a generar una brutal desconfianza y una caída de las bolsas.
Hablando de control, ¿cómo valora la corrupción que sigue ensombreciendo a los Gobiernos de Bulgaria y Rumanía, dos países en los que los fondos de cohesión recibidos de la UE no parecen seguir los cauces más transparentes?
En otros países pasaba también al principio. Tenemos una experiencia muy cercana, y hay que recordar que en algunas regiones rurales empezaron a aparecer muchos Land Rover, y otras cuestiones que no pintaban mucho con el fruto del trabajo de la tierra. Luego, las autoridades españolas y los Gobiernos de González y Aznar hicieron una buena labor, y en el marco general los fondos se distribuyeron bien, y España los utilizó bien, con un buen control por parte de Madrid. Es necesario ayudar a países como Bulgaria y Rumanía a que se ejerza el control. Yo colaboro con ambos Gobiernos para que cambie esta dinámica, poniendo como ejemplo a España.
¿Cómo imagina a la UE en los próximos 20 años?
La imagino igual que ahora. Hubo unos mensajes lanzados por el Gobierno de Aznar, sobre la ampliación de la UE. Decían que había que consolidar lo que tenemos ahora, que es increíble. Toda esta discusión sobre el tratado constitucional demuestra que a la Europa política le quedan aún unos cuantos kilómetros que recorrer. Debemos trabajar en ello, reflexionar sobre los propios problemas: la mayor proximidad, adaptación a la realidad, reforma institucional... Temas que hay que realizar desde Bruselas, y en los que los gobiernos nacionales deben ayudar.
¿Me puede dar algún ejemplo?
Somos muchos eurodiputados a los que nos gustaría estar sólo en Bruselas, y no entre Luxemburgo, Estrasburgo... Pagamos nosotros por esta imagen que no queremos, y son los gobiernos nacionales los que la mantienen. Estamos buscando ya esa sede única, me da igual dónde. Ésas son las pequeñas cosas que la gente debería empezar a ver. Son los clichés sobre la UE que habría que combatir.
También me ha llamado poderosamente la atención que los eurodiputados no fuésemos invitados al XXX aniversario de la Constitución Española. Nosotros no somos delegados de una organización de ovnis o visitantes de otra galaxia. Como representante español, me hubiese gustado estar en esa celebración. Hago un llamamiento a quien sea responsable de esa broma de mal gusto.
Si le pudiera ser concedido un deseo europeo para el año 2009, ¿cuál sería?
Pediría que las listas electorales fuesen realmente de candidatos europeos. Es decir, que un ciudadano español pueda votar una lista en la que aparezca Sarkozy o Merkel, a los que conoce y de los que ha oído. Estoy seguro de que más de un militante del PP acudiría a votar a unas elecciones europeas si ven a Sarkozy en esa lista. Eso sería muy buena señal. Yo me conformo a veces con cosas sencillas, sueños sencillos. Estoy trabajando con todos los partidos en conjunto para generar un debate ideológico europeo que alcance a la gente. En las próximas elecciones europeas, el 80 por ciento de los temas serán asuntos nacionales y aspiro a que eso se vaya recortando, y que haya temas realmente europeos, que los hay: inmigración, aborto, eutanasia, que se discuten en los distintos gobiernos nacionales. ¿Por qué no hacerlo a nivel europeo? Ésa será la única manera.
