Según el Pentágono, hasta esta semana han muerto en Iraq 4.338 soldados y otros 31.700 han resultado heridos, en un conflicto que se ha prolongado más que las intervenciones de EEUU en la Primera y la Segunda Guerra mundial juntas.
Las organizaciones de apoyo a los soldados que retornan del Golfo indican que hay más de 60.000 hombres y mujeres que sufren trastornos post-traumáticos y decenas de miles más que padecen desde conflictos familiares a problemas para reinsertarse en sus estudios o empleos.
El presidente de EEUU, Barack Obama, se mantiene firme en su promesa de que reducirá el contingente en Iraq de los 95.000 soldados que están ahora desplegados a 50.000 a partir de junio y que todas las fuerzas de combate norteamericanas habrán salido de ese país a fines del 2011. Pero esta retirada que satisface, aunque lentamente, a los pacifistas, está acompañada por una escalada en Afganistán, una guerra que se inició en octubre del 2001 y le ha costado a los estadounidenses ya más de 260.000 millones de dólares, más de 1.000 soldados muertos y unos 6.000 heridos.
Las dos campañas, para las cuales EEUU ha movilizado casi tres millones de soldados y cientos de miles de contratistas privados, han supuesto un aumento considerable del número de oficiales, soldados, equipos y armamento del Ejército y la Infantería de Marina, las dos fuerzas más exigidas en los conflictos.
Las supuestas armas
La guerra en Iraq, que comenzó también entre protestas multitudinarias, se inició con el argumento de que el régimen del presidente Sadam Husein poseía armas químicas, biológicas o nucleares que amenazaban a toda la región, las llamadas "armas de destrucción masiva". La campaña fue veloz: en apenas 23 días la vanguardia de las fuerzas norteamericanas había llegado a Bagdad. Sin embargo, los equipos de expertos militares que durante meses inspeccionaron Iraq no encontraron los supuestos arsenales proscritos. Lo que siguió fue más penoso: pocos meses después empezó una reacción insurgente contra los ocupantes acompañada por ataques sectarios entre suníes y chiíes.
La campaña de Iraq se convirtió en la guerra del presidente George W. Bush y un empantanamiento creciente de las fuerzas estadounidenses, hasta que se produjo un cambio en la jefatura del Pentágono y un reemplazo de mandos militares y en 2007 el envío adicional de 30.000 soldados cambió el balance.
Desde el 2008, Estados Unidos empezó a retirar gradualmente sus tropas de las ciudades y de las operaciones de combate, lo cual si bien no incrementó la seguridad para los iraquíes, sí aminoró el ritmo de ataques contra los norteamericanos y, por lo tanto, la cifra de bajas. Desde el cambio de Gobierno en Washington, el conflicto de Irak ha ido desapareciendo de la atención pública, más ocupada por la crisis económica y el desempleo en EEUU que por campañas que libran tropas voluntarias en tierras lejanas.
