Tan atractiva por sus rascacielos como por sus bajos fondos, Chicago ejemplifica la esencia del sueño americano por su capacidad para reinventarse a sí misma movida por un poderoso instinto de superación.
La urbe fue el hogar de figuras históricas de EEUU como el mafioso Al Capone, el deportista Michael Jordan o el actual presidente del país, Barack Obama.
El carácter emprendedor de sus habitantes quedó recogido en las numerosas torres que hacen sombra a su centro urbano, ideadas para deslumbrar al mundo desde finales del siglo XIX no sólo por su altura, sino también por su calidad arquitectónica.
Hoy en día la ciudad es un museo de estilos de construcción grandilocuentes originados tras el gran incendio que la asoló en 1871, un trágico hito al que Chicago respondió con visión de futuro.
En 1884 la urbe se hizo un hueco en el mapa internacional tras levantar el primer rascacielos, por aquel entonces un edificio de 10 plantas, que terminó siendo demolido en 1931.
A este "experimento" urbanístico le siguió en 1925, época de Al Capone y la "ley seca", la Tribune Tower, con 36 pisos y fachada gótica, si bien en aquellos años de bonanza económica la vida de la ciudad se movía más a pie de calle y en locales clandestinos.
Ahora, el legado "gángster" es uno de los principales atractivos turísticos de Chicago, donde se despachan viajes organizados a las entrañas del antiguo mundo del hampa.
Pasada la Gran Depresión y la II Guerra Mundial, los rascacielos volvieron a reclamar protagonismo y se convirtieron en santo y seña de Chicago, en su incansable afán por ganar altura.
La ciudad encontró su cumbre en 1974 con la famosa Sears Tower, actualmente el mayor rascacielos de EE.UU con más de 400 metros de altura, sólo superado en el mundo por seis torres en Asia de reciente edificación.
Lejos de tirar la toalla en esta carrera por tocar las nubes, la ciudad tiene en marcha la construcción de la Chicago Spire, un edificio a los pies del inmenso lago Michigan, fuente hídrica de la urbe, que superará en 200 metros la longitud del Sears y diseñado por el arquitecto español Santiago Calatrava.
Otro español, Ricardo Bofill, fue el artífice del 77 West Wacker, rascacielos acristalado de estilo griego y de 49 plantas instalado en el corazón del centro de negocios de Chicago.
La ciudad lleva a gala la larga lista de prestigiosos arquitectos que han contribuido a dar forma a su aspecto actual, entre los que están Frank Lloyd Wright, Louis Sullivan, Mies van der Rohe, Holabird & Root, o Frank Ghery, creador del auditorio al aire libre Jay Pritzker Pavilion en el conocido Millennium Park.
Próximo a este anfiteatro se encuentra otro de los iconos de Chicago, la escultura Cloud Gate del artista británico Anish Kapoor -una especie de espejo gigante con forma de haba- y The Crown Fountain, dos fuentes diseñadas por el español Jaume Plensa que proyectan imágenes de habitantes reales de la urbe.
Esta modernidad comparte espacio con una antigua red de ferrocarril que hace las veces de pintoresco metro que circula sobre una aparatosa estructura de acero por encima de las cabezas de los viandantes.
El ruido metálico del viejo tren es uno de los sonidos reconocibles de la ciudad, que se mueve al ritmo del blues y del jazz característico de sus tradicionales clubes nocturnos.
Películas como Chicago (2002) o The Blues Brothers (1980) se encargaron de proyectar internacionalmente la imagen de la urbe, que sirvió de escenario de las últimas secuelas de Batman, del timo de The Sting (1973), las chiquilladas de Home Alone (1990) y, por supuesto, la guerra contra la mafia de The Untouchables (1987).
Entre las aportaciones surgidas desde esta ciudad para la cultura de masas destacaron el mando a distancia, la noria, la radio del coche o la conocida Ruta 66, una carretera interestatal pensada para unir las principales poblaciones situadas entre Chicago y Los Angeles; hoy una vía engullida por el progreso y solo apta para románticos.
