La editorial Impedimenta, fiel a su labor de recuperación de aquellas obras literarias esenciales para el lector -un trabajo marcado por el diálogo entre lo antiguo y lo moderno que le ha valido el Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural 2008-, presenta a los lectores la novela Botchan, de Natsume Soseki (1867-1916), representante del periodo de renovación cultural en el que Japón se abrió a la influencia occidental, iniciando un fértil camino creativo que llega hasta nuestros días.
Soseki es, además, uno de los autores de cabecera del novelista Haruki Murakami, que actualmente es de los escritores japoneses más leídos en todo el mundo.
La novela, editada con una nueva traducción de José Pazó Espinosa y con una introducción de Andrés Ibáñez, ha recibido el Premi Llibreter, concedido por los libreros de Cataluña a la mejor novela editada en el 2008. Narrada en primera persona por el propio Botchan -que en japonés significa 'niño mimado'-, la historia tiene bastantes capítulos en común con la vida del autor, quien tras estudiar en Tokio se trasladó a trabajar como profesor a una escuela rural de la remota isla de Shikoku.
La importancia del individualismo
Soseki, que estudió inglés y literatura inglesa en Tokio, pasó los años más tristes de su vida en Inglaterra, país al que se marchó a vivir con una beca del gobierno. En ese país, curiosamente, aprendió a distanciarse de los modelos occidentales y a seguir su propio camino. Occidente, por lo tanto, le enseñó a ser un individualista. Sin embargo, tampoco la relación con su patria fue del todo perfecta, y una de las cosas que más llaman la atención al lector de Botchan es que el protagonista se ríe abiertamente de todas las tradiciones niponas, incluida la escritura de haikus.
Soseki caminó entre las aguas del Occidente en el que se había formado como lector y el renovado Japón al que pertenecía por nacimiento, pero siempre siguiendo su propio instinto.
que en su origen fue una novela por entregas publicada en una revista, es un antihéroe, un perdedor impulsivo que en el fondo sabe que no puede cambiar. Aunque la historia se desarrolla en el marco de una aldea rural, Soseki consigue con esta obra hablar de temas tan universales como la realidad imperfecta que rodea a los humanos, el abandono del yo y las relaciones que entablamos a lo largo de la vida. Leyendo a Soseki, es normal entender la admiración que Murakami, autor de Kafka en la orilla y Tokio Blues, tiene por su compatriota.
