El escritos asturiano se impuso entre 64 obras de 12 países presentadas al IV Premio de Novela Ciudad Ducal de Loeches; las obras finalistas fueron La bestia no se mancha, del escritor argentino Federico Girón y Una casa respetable, del granadino Jaime Molina García.
El Premio de Novela Ciudad Ducal de Loeches se ha consolidado en su cuarta edición como una sólida referencia en el ámbito internacional, con 30 obras de España, 14 de Argentina, 4 de Venezuela, 3 de Uruguay y Colombia, 2 de Estados Unidos, Cuba y Holanda, y una de Francia, Perú, Bolivia y Alemania.
El premio cuenta en su trayectoria con ganadores de primerísima línea en sus 3 primeras ediciones: Francisco Nieva, Antonio Gómez Rufo y Carmen Matutes.
La obra ganadora está ambientada en la Albania comunista, y muestra dos planos bien diferenciados: el de la utopía, la vida que se pretendía lograr y el de la realidad de aquello que se dijo que era socialismo y que nada tuvo que ver con las esperanzas del pueblo.
El protagonista de Los amantes del hotel Tirana abre los ojos al mundo mediante su relación con una extranjera, nos muestra las historias de antes de la revolución socialista, de niñas a las que sus familias comprometían con hombres mucho mayores, un compromiso casi imposible de romper. En la narración, Pedro Antonio Curto destaca el Kanun, la vieja ley de la venganza, de la sangre, que exige a la familia que ha sufrido una muerte que mate al asesino, enredándose así en venganzas recíprocas que duran varias generaciones.
El presidente del jurado, el escritor y editor Miguel Angel de Rus, considera que Pedro Curto "se pone a la altura de uno de los principales genios de la literatura contemporánea, el albano Ismail Kadaré, por su maestría en la creación de ambientes, por su profundización en el alma de los protagonistas de la novela y por su extraordinaria calidad en la descripción de un mundo en ruinas".
Su conocimiento de las costumbres albanesas integra al lector plenamente en el entorno. Asimismo, el jurado considera que Curto es heredero del tono historicista y del estilo elevado, distante y en ocasiones en apariencia frío, que se encuentra en las narraciones de Marguerite Duras, otro de sus referentes literarios, lo que unido a "un imaginario personal fuertemente sensual y apasionado", convierte a esta novela en "un gran descubrimiento, en una joya creada para gustos selectos".
