Afincada en Barcelona desde hace dos décadas, la autora colombiana afirma que lo que más le importaba de este galardón era la oportunidad de publicar su novela, Ella, que todo lo tuvo, simultáneamente en 22 países de habla hispana. "Era una oportunidad enorme para llegar a muchos más lectores, que es lo que todo autor busca", afirma la autora de títulos como De los amores negados o El penúltimo sueño.
Ambientada en Florencia, la novela se adentra en el alma de una mujer "que lo ha perdido todo en un accidente y se ve imposibilitada para seguir adelante con su vida". Ella es una autora "rota, inhabilitada para la escritura", que viaja a Florencia para "intentar reconstruirse". Ese viaje le sirve a Becerra para ahondar en los temas que más le apasionan y que siempre tienen que ver con el ser humano, como la soledad, la delgada línea que separa locura de cordura o el deseo de ser comprendido, sobre todo cuando uno ha vivido una situación límite.
La soledad y la pérdida
Becerra explora los recovecos de la psique a través de Ella, un personaje "apasionante" que ha dado mucho de sí y que ha impresionado profundamente a la escritora. "La historia fue cogiendo un 'crescendo' muy bello y creo que habla de un tema fundamental en el ser humano como es el de la soledad, porque todos en algún momento de nuestra vida nos hemos encontrado solos y nos hemos preguntado de dónde viene ese sentimiento", explica esta mujer, optimista por naturaleza y que se confiesa fascinada por las múltiples dimensiones del ser humano, en toda su complejidad, sus incompresiones y sus contrastes.
"Los traumas hacen que uno se replantee la vida", añade la autora, que ha ambientado su novela en Florencia, una ciudad emblemática, llena de arte e historia, elementos que también están presentes en las páginas del libro. La Florencia de Ella, que todo lo tuvo es "introvertida, gris, una ciudad de lluvia y nieve", un tiempo que es como el estado anímico de sus personajes, aunque luego estos "se liberan", porque, pese a hablar de las soledades y la pérdida, la novela también tiene luz y resurrección.
Como es habitual en la narrativa de Ángela Becerra, la obra está llena de simbolismos "para el que los quiera ver", como que los personajes "no se saben ver hasta que no descubren en el otro lo que les está pasando". "Me gusta remarcar las emociones de los personajes y crear alrededor de ellos un 'algo' que además los refuerce", añade. Experta en los caracteres femeninos, el "hombre" de este libro es "solitario, tímido, frío, una persona que no ha tenido apenas contactos, pero a medida que avanza la historia se va calentando, va perdiendo su escarcha", avanza la autora.
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"Me apasiona la psicología, el hecho de ver cómo los humanos podemos dar tanto de nosotros mismos cuando estamos en situaciones límite, y todo esto aparece en mis novelas, en las que intento dejar claro que nunca llegaremos a conocernos", afirma Becerra, a quien le encanta la idea de descubrir cosas de uno mismo.
El universo de las emociones y sentimientos es infinito, y Ángela Becerra -que dejó su carrera en el mundo de la creatividad publicitaria para dedicarse a su verdadera pasión- aún cree que tiene mucho por delante que descubrir. "A veces hay que hacer ciclos en tu vida, y yo a los 40 busqué coherencia con lo que me pedía mi interior, que era escribir", recuerda.
La autora es una de las novelistas más queridas por los lectores de España, país que también siente muy suyo, a pesar de tener todas sus raíces en Colombia. "Latinoamérica tiene algo maravilloso que es un imaginario increíble, algo que está en el ambiente y crece contigo, por eso no nos da miedo adjetivar ni hacer las frases tan largas", afirma con un deje de nostalgia.
