Hagamos memoria, que la cronología es importante en esta historia. El miércoles, el PP sanciona a Manuel Cobo por cantar las verdades de la lideresa. El jueves, los fieles de Aguirre comienzan a amenazar con quitarle de las listas. El viernes, la estrategia de Aguirre patina con ese inesperado hijoputa, esa conversación indiscreta donde la liberal Esperanza se retrata aún mejor de lo que hizo Cobo en aquella entrevista. Y el lunes, contra pronóstico, la lideresa no se arruga y sale en una entrevista en El Mundo pidiendo que Cobo no vaya en la lista.
Hay que tener arrestos: cuando toca defender, Aguirre sale al ataque. ¿Fue una temeridad? ¿Un imprudencia? ¿Una muestra de arrojo? Pues no. Fue un error de cálculo. Según ha podido saber este muñeco, que no miente porque le crecería la nariz, la entrevista a Esperanza Aguirre estaba hecha el jueves pasado. Es decir, el día antes del patinazo hijoputa. La entrevista era parte de esa estrategia de presión a Rajoy y a Gallardón; una patada a Génova en el culo de Cobo.
Tras la conversación hijaputa, consciente de cómo cambiaba el clima, Aguirre maniobró, e intentó levantar la entrevista ya hecha. Pero Pedro José Ramírez se negó, así que para actualizarla añadieron un par de preguntas más sobre lo ocurrido el viernes. Y así todos contentos, o no tanto. Porque Esperanza Aguirre hubiese preferido callar, que ahora se ha pasado de frenada y tendrá que renunciar a la cabeza de Cobo. El vicealcalde de Madrid, con la conversación hijaputa, ha quedado más que justificado entre los suyos y también entre la opinión pública. Vistos los modos de la lideresa que traslucen en esa conversación, es obvio que Cobo tenía toda la razón. Lo de Caja Madrid fue de vómito.
