Mientras crece en Génova el clamor contra Montoro y las desavenencias entre De Guindos y el ministro de Hacienda se acrecientan, Esperanza Aguirre, en la toma de posesión de la flamante defensora del pueblo, Soledad Becerril, ha buscado un rinconcillo junto a los rayos de sol del asfixiante verano que llevamos. Allí donde la luz ilumina la claridad de las ideas, Esperanza nos ha advertido de los problemas de la inflación galopante y del corralito.
Ella, prudente como siempre, buscaba su lugar en el Olimpo de la inoportunidad y exigía su derecho a meter la pata. Aún ardiendo las palabras de Montoro, ella, crispada, se dijo “Ese papel es mío”, y se acercó voluptuosa hacia los medios. Cambio de tercio: le toca a la madrileña por antonomasia. Corralito, inflación del veinte, ¡O del cuarenta! por ciento. Magistral.
España se debate en la angustia sobre su futuro mientras Espe busca su oportunidad de triunfar en el ruedo ibérico. Ella, libre de toda culpa, se dirige a los españoles: os habéis pasado en la fiesta, recortad los gastos, ya habéis oído a Marta Sánchez: ¡trabajad!. Ella, ajena a los desmanes de Telemadrid, en quiebra técnica o knockout, para precisar con exactitud; ella, la reina del déficit; ella, la locomotora autonómica, el motor económico de España; ella, la de los pitidos inverosímiles, las cortinas de humo, los planos, y toda esa parafernalia de ilusionista de salón de pueblo.
Ella compitiendo con Montoro a ver quién de los dos mete más la pata, y le agua la fiesta a Rajoy y nos amarga el verano a los españoles. Ganará ella, por descontado. Siempre juega con ventaja. Ya verán con qué estilo se apunta al rescate después de haber amenazado con duras y terribles desgracias y catástrofes; cómo hará pasar inadvertida su culpa en la gestión del desmadre de la Comunidad de Madrid y buscará culpables entre ustedes, probos ciudadanos. Atentos. La quiebra madrileña empezó en la casa de usted, señor mío. ¿No le da vergüenza, ciudadano? Menos mal que nos salvará Espe.
