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García Márquez: Crónica de una biografía tolerada

Como buen inventor de historias que es, el escritor colombiano Gabriel García Márquez ha contado la mayoría de las anécdotas celebres de su vida en varias versiones distintas. En todas ellas siempre hay, al menos, una parte de verdad. Tras más de diecisiete años de trabajo, los encuentros del profesor y experto en literatura latinoamericana Gerald Martin y el Nobel colombiano se han detallado en unas tres mil páginas de información en bruto. Gabriel García Márquez. Una vida, publicada recientemente por Debate, condensa en más de seiscientas páginas la historia de un hombre increíble, único, considerado un icono de la escritura y cuyas obras son tratadas como auténticos clásicos.

ESTHER GINÉS

Humphrey Slater
Cubierta de la biografía de García Márquez publicada por Debate

“Todo escritor que se respeta debería tener un biógrafo inglés”, dijo Gabo en una ocasión. Esta biografía –tolerada más que autorizada, ya que el autor no está de acuerdo con “algunas interpretaciones”- es el resultado de casi dos décadas de arduo trabajo, en la que el catedrático inglés ha tenido ocasión de acercarse a la inmensa mayoría de la familia del escritor de Aracataca. Desde la mirada de la madre del autor, Luisa Santiaga Márquez Iguarán de García, hasta la de la genealogista de la familia, Ligia Gª Márquez, Gerald Martin ha profundizado de tal manera en los lazos familiares del autor que podría escribir un segundo volumen con sus historias.

“Toda la familia de Gabo son unos auténticos Buendía” –los protagonistas de su obra más célebre, Cien años de soledad–, comentaba el biógrafo en octubre, durante un encuentro con el público en Madrid al que asistió ESTRELLA DIGITAL.

“Gabo ha tolerado más que autorizado este libro; se queja de algunas cosas pero resalta mi buena voluntad”
A lo largo de las páginas de esta obra también aparecen los nombres de grandes amigos del Nobel colombiano, escritores como Álvaro Mutis, Elena Poniatowska, Laura Restrepo o Carlos Fuentes, que han ayudado a completar el perfil de una figura tan compleja como la de García Márquez. Incluso Mario Vargas Llosa, con quien el autor de El coronel no tiene quién le escriba rompió su amistad hace décadas, aparece en las páginas de esta obra.

Gabo, icono de la literatura de América Latina

La historia de García Márquez es la de un escritor que ha logrado el equilibrio entre el apoyo unánime de la crítica y el cariño de millones de lectores. Como dice Martin, el Nobel colombiano es un caso excepcional: es un escritor serio, en la estela de los grandes autores de la literatura universal, y a la vez es popular. Nacido en Aracataca, una pequeña localidad situada “en medio de ninguna parte”, con apenas diez mil habitantes, Gabo, como es conocido entre su círculo de amistades, se ha convertido en el icono de América Latina. Sus libros se han traducido a todas las lenguas posibles, es el máximo exponente del aplaudido realismo mágico y su carrera ha sido consagrada con el Premio Nobel, que obtuvo en el 82.

Humphrey Slater
El Nobel colombiano pasó su infancia con sus abuelos maternos
Aunque el propio Martin confiesa que la vida del escritor colombiano es “casi tan interesante como cualquiera de sus novelas”, el lector que se acerque a esta biografía no debe pensar que se trata de un mero resumen de éxitos, premios y fama. Tras casi veinte años de trabajo y cientos de entrevistas, el profesor inglés, experto en la literatura de América Latina, desmitifica en este libro ciertos aspectos de la vida de Gabo.

Su historia es la de un escritor que ha logrado el equilibrio entre el apoyo unánime de la crítica y el cariño de millones de lectores.
Su fama, de la que disfruta desde hace décadas, le ha colocado cerca de importantes figuras políticas –Bill Clinton, Felipe González o François Miterrand, por citar algunos nombres-, pero el Nobel siempre se ha mantenido fiel a sus principios izquierdistas. Nadie olvida la estrecha amistad que une a Gabo con Fidel Castro, una relación que a día de hoy sigue siendo muy criticada. Sobre este tema, Gerald Martin prefiere hacer hincapié en la coherencia política del escritor, que “siempre soñó con la Revolución”. Ni siquiera después de la caída del Muro de Berlín cambiaron sus principios, según deja claro el biógrafo en las páginas de esta obra.

Cordial, hospitalario y tolerante

Para definir a García Márquez como persona, Gerald Martin cuenta cómo en un principio el Nobel se mostró un tanto reacio a que él escribiera su biografía, pues era de la opinión de que “biografía simboliza muerte”. Martin, que iba sobre aviso –la gente le advertía que Gª Márquez no cooperaría con él para su proyecto –, confiesa que a pesar de las reticencias iniciales el autor se mostró siempre “cordial, hospitalario y tolerante”. No obstante, el biógrafo no deja pasar la oportunidad para recordar que le hubiera gustado tener una charla “más íntima y franca” con Gabo. Un sueño, por otra parte, presente en el trabajo de todo biógrafo.

“Si la vida me trata bien, mi intención es publicar otro libro con todo lo que no ha entrado en esta biografía”
Tras años de investigación, quizás el mayor reconocimiento para Martin fue escuchar, en el 2006, que el escritor se había referido a él como su biógrafo “oficial”.

De Aracataca al resto del mundo

Gerald Martin arranca esta monumental obra, en la que abundan las imágenes familiares, las referencias y los índices, con los recuerdos del pequeño Gabito, a quienes sus padres dejaron al cuidado de los abuelos maternos, la muy supersticiosa Tranquilina Iguarán Cotes de Márquez y el coronel Nicolás Márquez Mejía, veterano de la guerra de los Mil Días. Ambos personajes, en especial el coronel, serán fundamentales en la narrativa de García Márquez.

Humphrey Slater
El escritor, con la primera edición de Cien años de soledad
El propio autor reconoció al poco de publicarse Cien años de soledad que su abuelo había sido la persona más importante de su infancia, desarrollada en la casona familiar de Aracataca.

Desde esa casa, siempre llena de mujeres –su abuela, sus tías y las sirvientas, mujeres que también ejercieron una gran influencia en su vida–, García Márquez imaginó el universo de Macondo, desde el cual escribiría la historia de su abuelo, de su pueblo, del resto de su Colombia natal y acaso también del continente.

Gracias a su abuelo, el futuro escritor conoció todo lo novedoso que llegaba a Aracataca: la técnica de Estados Unidos, la radio, el circo y hasta los fuegos artificiales. Aquí, por supuesto, no se puede dejar pasar por alto el día en que su abuelo lo llevó a conocer el hielo –un recuerdo que, como se sabe, inicia Cien años de soledad –.

Sus años de colegio en Barranquilla, las presiones para que estudiara Derecho y la aparición de su futura mujer, Mercedes Barcha –“una serpiente del Nilo de sigilosa belleza”– en su vida, y sus comienzos como aprendiz de periodista en Cartagena son otros de los capítulos que trata la obra.

En ningún momento el lector siente que Martin haya tratado de borrar el mito Gabo ha creado de sí mismo
Mención especial merece el capítulo que analiza la época a la que pertenece Cien años de soledad (1965-1966), el libro que Gª Márquez siempre había deseado escribir, y en el que dramatiza, a través de cuatro generaciones de Buendía, la historia de Colombia. Tuvieron que pasar años para que el autor, ya padre de familia, volcara de una manera casi terapéutica todos sus recuerdos de la infancia en la que es su novela más aplaudida. Y lo logró creando no sólo unos personajes memorables –el gitano Melquíades, en el que los críticos han visto una mezcla de Nostradamus, Borges y el propio autor, o el coronel Aureliano Buendía, el primer ser humano que nace en Macondo –, sino enseñando al mundo las contradicciones de América Latina, su violencia y su espíritu carnavalesco, su tragedia y su afán de superación y el arte de sus gentes.

No empeñarse en ‘aniquilar’ el mito, el gran acierto de Gerald Martin

Gerald Martin, todo un experto en literatura latinoamericana, gran amante de la literatura de ese continente y profesor de Estudios Caribeños en la Universidad Metropolitana de Londres, ha superado muchas barreras para escribir esta obra. La primera de ellas es, sin duda, el lenguaje.

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El propio Martin reconoce que quizás hubiera sido más adecuado que un compatriota de Gabo escribiera esta obra, ya que estaría en unas condiciones más favorables para entender los matices del lenguaje. El británico ha suplido las posibles carencias con su profundo amor por el continente y por la literatura latinoamericana.

Otro de los obstáculos con los que ha tenido que lidiar el biógrafo, acaso el más difícil, es el del universo personal de García Márquez, íntimamente ligado al literario. Y he aquí donde reside el gran mérito de esta obra completa, justa e inteligente. En ningún momento el lector siente que Martin haya tratado de borrar el mito Gabo ha creado de sí mismo. Si lo hubiera hecho, el personaje hubiera perdido hasta su credibilidad. Porque todo aquel que conozca un poco la vida del colombiano sabe que en cada libro aparece alguna época o anécdota de su historia, previamente alterada por acción y efecto de la pasión de Gabo a fabular.

Ya lo advertía el propio escritor en sus memorias publicadas en el 2002, Vivir para contarla: “La vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda y cómo la recuerda para contarla”.

Martin se topa, en más de un capítulo de esta biografía, con el dilema de marcar la separación entre lo real y lo narrado. Y lo sortea con habilidad y tenacidad –confiesa a los lectores que el Nobel estaba asombrado con su determinación–, profundizando a través de los comentario de amigos y familiares, y dejando entrever al lector que el auténtico García Márquez es también ese, el de las versiones distintas, el del amor por el ‘mamagallismo’ (el gusto por la tomadura de pelo). Porque sólo a través de los complicados laberintos genealógicos se llega a la esencia de su literatura.