Señor director:
Sí, es verdad que este papa no dio la comunión al dictador en Cuba, como su antecesor a Pinochet; quizá porque Castro no tragaba eso. Tampoco hizo una defensa de la dictadura, como su antecesor en Chile, apelando a que los romanos también la tuvieron, y olvidando “piadosamente” que aquella era votada, en guerra y por un año; quizá porque la dictadura cubana se califica de izquierdas. A pesar de esos detalles, ambas dictaduras salieron fortalecidas por esa “santa” complicidad.
Por su parte, la Iglesia católica, como ocurrió aquí con Franco, ha sacado tajada a corto plazo, pero perdido mucho más, en definitiva, a escala nacional e internacional. El colmo ha sido que la iglesia haya pasado de ser lugar de asilo de los perseguidos a pedir el clero cubano a los policías que desaloje a pacíficos opositores a la dictadura. El papa ha conseguido, sí, que este año sea festivo el Viernes Santo en Cuba, celebrándose simbólicamente así la muerte de Jesús por obra de esos nuevos fariseos.
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