El nuevo Congreso que, tras seis años, ha dejado sin mayorías a los Kirchner, recibió del campo argentino un apoyo contundente, pensando en los cambios que se esperan, pero, a la vez, recibió el mensaje de que seguirán sus pasos con atención. Se procuró que se sintieran apoyados en esta tarea que inicia y se sepa cuánto se espera de ellos.
El campo volvió a la ciudad para movilizarse en Palermo, por segunda vez, tras aquella extraordinaria manifestación del año pasado cuando reuniera a 240.000 personas, oportunidad en la que el vicepresidente Cobos votó contra la iniciativa gubernamental. Tras esa histórica jornada, los dirigentes de las entidades del agro retornaron a Palermo. La Comisión de Enlace se reunió en torno al lema: "El campo y la ciudad, por una Argentina con inclusión social, con paz y esperanza". Más de veinte mil personas del campo y la ciudad, hermanadas, escucharon al inicio, una oración del padre Morad, del rabino Bergman y el pastor evangélico Rodríguez, y luego vinieron los discursos, claros y contundentes, en busca de atenuar el gravísimo daño al campo, las voces críticas para la ley de medios audiovisuales y, entre otros temas, el fin de los superpoderes presidenciales y una Justicia totalmente independiente.
Pero hubo algo más. Por primera vez en tiempos del kirchnerismo, fue manifiesta la presencia junto a la corriente del sector agropecuario, de los empresarios: la Unión Industrial Argentina, la Asociación Empresarial y la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresas. Junto a ellos estaban las personalidades políticas relevantes, como los diputados nacionales Francisco de Narváez, Felipe Solá y Ramón Puerta (del Peronismo Federal), Elisa Carrió (líder de la Coalición Cívica) y Ricardo Alfonsín (hijo del presidente Raúl Alfonsín, de Partido Radical), todo lo cual dio magnitud al acto, cuyo mensaje resultó contundente. Y, por cierto, hubo silbidos a los Kirchner, cada vez que se los mecionó, por cual comienza a sentir el viento en contra. Y el campo y la ciudad se sintieron juntos, embanderados por los mismos reclamos y esperanzados con los tiempos que inaugura el nuevo Congreso. Sí, los tiempos han cambiado. La voz del campo entró en la ciudad, para quedarse.

