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Rubén Loza

Rubén Loza

Mujica Láinez: cien años

23/02/2010 | 14:55 h.

Este año se cumple el centenario del nacimiento de Manuel Mujica Láinez, refinado representante de la tradición hispánica en las letras argentinas, autor de obra vasta y seductora. Cuando terminó sus estudios primarios conocía bien el Quijote, y estudiaba inglés y francés; poco después su familia embarcó hacia el Viejo Continente, en 1923, y en Europa prosiguió sus estudios.

Regresó en 1926 pero ya nada sería igual para el futuro escritor. Tras abandonar los estudios de Derecho, escribía poesía y colaboraba en revistas como El Hogar y Fray Mocho. Hacia 1932 ingresa en La Nación como "redactor de crónicas" y, en ese ámbito, se enriquece confraternizando de los grandes periodistas de la casa: Alberto Gerchunoff, Eduardo Mallea, Juan Pablo Echagüe y Leónidas de Vedia, entre otros. Luego le confían algunas misiones especiales. En 1936 viaja a Alemania en el Graff Zeppelin. Y así inicia una serie de viajes periodísticos por más de tres décadas.

Dos invenciones comienza a desarrollar entonces: por un lado, la del escritor, y, por otro, la del hombre mundano, encarnado por "Manucho" (como lo llamaban), una figura infaltable de los acontecimientos sociales, orondo con su capa, monóculo y bastón.

Hay distintas etapas en la larga trayectoria del escritor argentino. En la primera de ellas destaca la influencia de Enrique Larreta, a quien Mujica Láinez conoció de joven, y que fructifica en las biografías que escribió. Luego llega la hora de contar la vida de Buenos Aires.

En medio de los viajes, en 1950 Mujica publica Misteriosa Buenos Aires, en cuyas páginas restituye el pasado a dimensión humana, a través de seductores relatos. Más adelante da a conocer Los ídolos, a la que se suele situar entre el libro anterior y la obra que vendrá, es decir, La casa, una de sus mejores novelas: es la biografía de una mansión, contada por la propia casona, y aquí destaca el hallazgo del singular punto de vista.

Varios viajes a Italia le dan la oportunidad de concebir, y escribir, Bomarzo, que es, acaso, su obra maestra. Aparece en 1962 y obtiene el Premio Kennedy. Traducida a varios idiomas, Ginastera le pone música y esa ópera se estrena en Washington en 1967.

Mujica Láinez decide radicarse en Cruz Chica (Córdoba), en una casona llamada "El Paraíso", lugar de encuentros, reuniones, fiestas y de trabajo. Allí escribió varios libros, entre ellos, El gran teatro y El escarabajo, donde cuenta el larguísimo recorrido de una joya que pasa a la mano de un comediógrafo griego, de un senador que participó en el asesinato de Julio César, del héroe Roldán, de un hermano de Marco Polo y hasta un enano pintado por Velázquez, llega a Buenos Aires, regresa a Europa, y entre otros muchos, inspira a un personaje de Proust hasta llegar a la mano de Sarah Bernhardt.

En 1983, Mujica Láinez terminó Un novelista en el Museo del Prado, en cuyas páginas los personajes de la pinacoteca cobran vida por las noches y juegan, liberados del papel que cada pintor le dio, adquiriendo otros.

Murió mientras estaba trabajando en la novela Los Libres del Sur, en 1984, en su casa de Cruz Chica. En el año de su centenario, la obra literaria de Mujica Láinez sigue conectando con los lectores que añoran los tiempos en que los narradores se dedicaban a contar y visualizar historias, gracias a su voluntad de belleza y ambición estética.

23/02/2010 | 14:55 h.

Rubén Loza

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