Desde ayer y hasta mañana los representantes del 90 por 100 de la economía mundial se dan cita en L’Aquila, y los primeros dirigentes en llegar a este importante encuentro del G8 fueron el presidente de la Comisión Europea (CE), Durão Barroso, y el presidente de turno de la UE, el sueco Fredrik Reinfeldt.
El foro de discusión y cooperación de los países más industrializados, conocido como G8, invitó por primera vez al presidente de la CE a participar en una de sus reuniones en 1977, pero no fue hasta el encuentro de Ottawa en 1981 cuando el representante europeo comenzaría a asistir como miembro de pleno derecho tanto a las cumbres anuales, como a las reuniones preparatorias en las que por parte del presidente de la CE participa su Jefe de Gabinete, João Vale de Almeida.
Los representantes europeos advirtiendo que aún no estamos fuera de la crisis, destacan que el impacto social durará más que la crisis financiera, con relación a la cual se verificarán los avances logrados en la aplicación de las nuevas regulaciones acordadas en las cumbres del G20 en Washington y Londres. En ese sentido, el Presidente Barroso ha dejado clara su postura antes de acudir al epicentro del reciente terremoto que sufrió Italia, “apelará a todos los gobiernos a que antepongan las preocupaciones de las personas” y diseñen políticas sociales y de empleo que ayuden a esas personas, estableciendo un marco global nuevo y equitativo.
Además, Barroso subraya que Europa ha ofrecido su liderazgo a las políticas sostenibles sobre el clima y el comercio mundial, y que esta cumbre constituye la ocasión para un mayor compromiso en ambos temas.
Con relación al cambio climático, queda poco tiempo para el hipotético acuerdo de Copenhague del próximo diciembre, que sustituirá al conocido Protocolo de Kioto. En la capital danesa, la meta europea será lograr que la temperatura media de Gaia no supere los 2ºC por lo que se abogará por lograr al menos una reducción del 50 por 100 de las emisiones globales antes de 2050. En el citado objetivo los países desarrollados deberían estar dispuestos a reducir sus emisiones en un 80 por 100 en el mismo período, con logros intermedios que motiven a las economías emergentes a avanzar en la misma línea.
Por lo demás, cuando la Organización Mundial de Comercio anuncia que los intercambios internacionales se contraerán este año un 10 por 100, no es extraño que los dirigentes europeos insistan en que la reunión de L’Aquila debe proporcionar un nuevo impulso en la ronda Doha, al margen de la importancia que se concede igualmente a la seguridad alimentaria mundial, para la cual la Comisión ha comenzado ya a aplicar el Mecanismo Alimentario de 1.000 millones de euros.

