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Ramón Tamames

Ramón Tamames

Recuperar la confianza económica y social con un gran acuerdo nacionalI. Evocando 1977 desde 2009

15/03/2009 | 15:01 h.

Ahora que tanto se habla de la crisis, y como ya he comentado en ESTRELLA DIGITAL en más de una ocasión, creo que el comienzo de nuestras posibles soluciones pasa por convocar unos segundos Pactos de la Moncloa-2 (PM-2), que ciertamente serían muy distintos de los de 1977. Por cuanto que aquellos sirvieron para encajar la economía española en un nuevo marco democrático; aunque también tuvieron un marcado carácter anticrisis frente a los efectos demoledores del primer choque petrolero.

Si queremos traducir en realidades los objetivos de hoy, se trata de encontrar soluciones que permitan acortar la crisis y mitigar sus dolorosas consecuencias. En otras palabras, sería posible una evolución de los principales indicadores siguiendo una curva teórica en forma de V (rápida caída, pero también recuperación en relativamente poco tiempo), en vez de prolongar los avatares más negativos a lo largo de una peligrosa secuencia en forma de L (fuerte contracción, seguida de un largo periodo de estancamiento). En esa dirección que preconizamos, parece claro que deben acometerse una serie de reformas estructurales, de modo que la recesión no vaya seguida de una auténtica depresión. Más gráficamente, después del recesivo túnel sin luz, pudiéramos caer en el pozo de la depresión del que nos llevaría mucho esfuerzo y un tiempo muy prolongado salir.

Recuerdo muy bien cuando en octubre de 1977 negociábamos en La Moncloa los pactos ya referidos, bajo la presidencia de Adolfo Suárez, que tuvo el coraje suficiente para coger por los cuernos el toro de la crisis, con tanta valentía como destreza. El país entero siguió aquellas conversaciones con el máximo interés, y me viene a la memoria que cuando entrábamos o salimos de La Moncloa, una nube de periodistas nos reclamaba, en nombre de la ciudadanía, que llegáramos a un acuerdo rápido y en la dirección de recuperar la confianza. Y esa misma mediática fue la que tradujo la satisfacción general a la hora de firmarse los acuerdos; que contribuyeron a modernizar la negociación colectiva, frenar la inflación, realizar reformas estructurales... y elaborar la Constitución en un clima mucho más relajado. Ese fue uno de los grandes aportes de Adolfo Suárez a la nueva España que empezó a nacer en 1977.

En línea con ese referente y ya en nuestro tiempo y nuestro espacio, está claro que hemos de luchar contra la crisis desde una nueva plataforma basada en la confianza y esfuerzo común, buscando un modelo económico renovado. Esa sería la función principal de los PM-2. ¿Está preparado el Gobierno de Rodríguez Zapatero, tiene el liderazgo suficiente para hacer la convocatoria que estamos reclamando?

En cualquier caso, los nuevos pactos de la Moncloa no serían fáciles, y así se evidenció cuando el 10 de febrero de 2009 el presidente del Gobierno compareció ante el Congreso de los Diputados para dar explicaciones sobre el incremento del paro y la recesión. Debate en el que José Antonio Durán y Lleida fue la voz más concreta en instar al Gobierno a un gran acuerdo de todas las fuerzas políticas, económicas y sociales ante la gravedad de la crisis.

En cambio, desde el área sindical, el secretario general de la UGT, Cándido Méndez, se manifestó en contra de acuerdos de ese tipo, "por corresponder a una España preconstitucional, fuera del euro y con unos agentes sociales aún por definir: de hecho, fue un acuerdo entre partidos políticos al que se opusieron activamente -no fue para tanto- UGT y CEOE por entender que se habían interferido en cuestiones que eran de su competencia". El Sr. Méndez no comprendió que plantear ahora unos PM-2 es una cuestión de método, sobre contenidos ciertamente muy distintos de los de 1977.

Precisamente antes de entrar en esos posibles PM-2 a efectos de restaurar un cierto optimismo, los responsables máximos de la Economía deberían hacer un repaso de la actual situación, sin ignorar problemas o minimizarlos.

En la dirección apuntada, será bueno que se explique para qué sirve el estado de bienestar en España, con una dimensión mayor o menor y que funciona mejor o peor, pero que está actuando. A diferencia de tiempos pasados, como durante la Segunda República, cuando la Gran Depresión situó a muchos españoles en el umbral del hambre y la inanición.

Ahora, las cosas son diferentes: el Servicio Nacional de Salud garantiza a todos la asistencia sanitaria, en tanto que con la educación pública y gratuita -de mayor o menor calidad, eso es otra cosa- se hace lo propio. Como cabe recordar igualmente que con 3,5 millones de parados al 28.II.09, algo más de dos millones se encuentran asistidos por el seguro de desempleo. Sin olvidar que los pensionistas tienen a su servicio el Fondo de Previsión del Pacto de Toledo, con 70.000 millones de euros de reservas.

En otras palabras, la mayoría de las personas que pasan por dificultades no están desasistidas. Aunque es verdad que de esa situación no disfrutan los trabajadores sin tiempo suficiente para recibir los beneficios de desempleo de la Seguridad Social; o varios cientos de miles de inmigrantes en estado irregular, muchos de los cuales, una vez que se les agoten sus derechos de paro, considerarán el retorno a sus orígenes.

Pero existiendo mallas de seguridad, hay una serie de cambios que resultan indispensables por muchos conceptos. El primero de ellos, porque vivimos en un mundo mucho más globalizado que en 1977, en el que actualizaremos en cuestiones de productividad y flexibilidad del sistema económico resultan una necesidad perentoria.

Y debe quedar claro, además, que si no se abordan las reformas indispensables, no se acortará el tiempo de contracción del PIB en los próximos tiempos. E incluso cabe la eventualidad de que no sea factible prevenir que después del túnel de la recesión pueda llegar el hoyo de la depresión.

Por lo demás, se trata de que las acciones del PM-2 que planteamos, sean inmediatas, sin apenas gasto público, y requiriendo poca inversión, a pesar de lo cual tendrían la más alta rentabilidad política y social. Resultando fundamental comenzar ya con los cambios, y no esperar a más adelante, cuando la situación podría ser aún más difícil. Y al respecto, una referencia china, en cuyo idioma la palabra crisis significa peligro y al mismo tiempo oportunidad. Ahora se trataría de aprovechar la oportunidad, superando el mucho tiempo ya perdido.

A la transformación del modelo para hacerlo más competitivo en el escenario de la globalización, han de contribuir todos los protagonistas sociales: Gobierno de la Nación, CC.AA., sindicatos y CEOE. Y en ese sentido, la CEOE y el sindicalismo deben asociarse en esfuerzos conjuntos de gran alcance. En un próximo artículo también en ESTRELLA DIGITAL, entramos en los detalles y contenidos del PM-2.

15/03/2009 | 15:01 h.

Ramón Tamames

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