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Ramón Tamames

Ramón Tamames

El Presente como Historia.Y III. Un proyecto de Historia Nueva

17/04/2009 | 15:06 h.

Terminamos hoy con la serie de artículos especialmente preparados para tres grandes semanas de reflexiones: la de Pasión, la Santa, y la de Pascua. Y en esta tercera entrega, después de habernos referido a la evolución de la Historia científica, entraremos en la presentación de una salvaguarda. En el sentido de que hemos de ser muy cautos a la hora de incluir ciertos contenidos, con exaltaciones patrioteras, o chauvinismos no adecuados. Porque eso sería transformar el papel del historiador en el de un abogado, con la obligación de defender o de acusar, según su cliente y pagador. En ese sentido, resulta importante aplicar con el máximo rigor el principio de la ecuanimidad, y de no discriminación. Para situarnos, tal vez no en un hipotético y seguramente inalcanzable justo medio, sino sopesando los posicionamientos más encontrados.

Eso nos lleva a la necesidad de reconocer la implicación de juicios de valor, y la obligación de que en los pasajes en que se estime conveniente, se deje en claro cuáles son los preconceptos de quienes están reconstituyendo el pasado. Observación que fue muy frecuente en el trance de elaborarse la Historia de España dirigida por el Prof. Miguel Artola, y en el curso de la cual el autor de estas líneas llegó a subrayar algo así como: "La Historia auténtica, única y verdadera no reside en ningún lugar. Y por tanto, los historiadores no la descubrirán. Lo que habrán de hacer es reconstruir los hechos con lógica y respeto a la verdad, e interpretarlos de acuerdo con criterios generalmente aceptados en la comunidad científica".

* * *

En cuanto a la utilidad más inmediata de la Historia, hemos de visualizarla más allá de cualquier portal informático convencional; del tipo de lo que en España se conoce con el nombre de "El rincón del vago". Que con todos sus méritos, y haciendo honor a su nombre, se ha convertido en el pastizal, en el que pacen holgadamente tantos estudiantes que no quieren esforzarse más allá de lo que consideran inevitable.

Frente a ese reduccionismo, la idea central para construir una Historia Nueva, sería configurar un auténtico cerebro, de fácil acceso, guiado por una herramienta informática de difícil pero no imposible terminación. Y cuyo uso permitiría por encontrar no un material inmediato para plagiarlo y punto; sino un amplio repertorio de informaciones e investigaciones, que sirvieran de base para interpretaciones de envergadura, y nuevas elaboraciones con cualquier con aportación y reflexiones novedosas.

Con la posibilidad que estamos estudiando de que, con los refinamientos antes aludidos, pueda entrarse en conversación con el cerebro de la Historia. Si hay la posibilidad de jugar a la ajedrez con un campeón electrónico, podemos permitirnos la osadía de pensar en esos diálogos hombre/máquina hominizada. En ese sentido que apuntamos, y para hacer factible nuestro proyecto, sería preciso construir toda una red de colaboradores a escala mundial.

Podríamos derivar, en lo que queda de este artículo, en intentos similares planteados con anterioridad, e incluso cabría hacer alguna referencia a aquello que Isaac Asimov llamó la psicohistoria. Que el propio gran autor, lo más parecido a un Julio Verne contemporáneo, no llegó a descifrar en las numerosas incógnitas que rodeaban el concepto, como si fuera una nebulosa. Pero que permitieron la consecución de la gran tetralogía sobre Imperio, en la que junto a grandes intuiciones, menudearon acontecimientos excesivamente fantásticos y a veces hasta insoportables. Porque Asimov, haciendo una comparación con Cervantes, tuvo en esta tetralogía lo que él consideró su máxima obra, cuando en realidad, en "el universo" batió todos los record de racionalidad e interés. Análogamente a nuestro gran Don Miguel que consideró su trabajo más portentoso el de "Persiles y Segismunda", que no pasó de ser una fantasía al lado de la maravilla de "El Quijote".

Podremos seguir otro día con estos temas, porque son una cantera inagotable. Pero pasadas las tres grandes semanas —Pasión, Santa y de Pascua— habremos de volver a temas más próximos y con inquietantes incertidumbres.

17/04/2009 | 15:06 h.

Ramón Tamames

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