Los nombramientos hechos por la Cumbre informal de Jefes de Estado y de Gobierno de la UE, el pasado jueves 19 de noviembre, han sido recibidos por la prensa internacional con una serie de calificativos que no daban lugar a dudas: decepcionantes, grises, desilusionantes, etc.
Las razones para que el flamante Presidente permanente del Consejo Europeo, Herman Van Rompuy, y la nueva Alta Representante para la Política Exterior de la Unión Europea, Catherine Ashton, hayan recibido estos adjetivos son obvias: rostros poco conocidos para el gran público, con experiencia limitada en las lides de la política internacional, que a priori no parece que cuenten con el ímpetu necesario para hacer prevalecer el interés común frente a los particulares de cada uno los 27 Estados miembros.
El hecho de que el número de periodistas presentes en el edificio del Consejo la noche del pasado jueves rompiera récords también ayuda a entender los epítetos impresos en los editoriales y columnas de los medios de comunicación al día siguiente. Efectivamente, la expectación era máxima porque en una Unión Europea que acababa de despertar del largo letargo (como decíamos en esta misma Euroventana hace unas semanas), parecía imprescindible que se dieran unos nombramientos carismáticos que acrecentaran ese ambiente europtimista que se había instalado.
La decisión unánime de los gobernantes europeos no se hizo esperar, como en tantas otras ocasiones, y toda vez que los conservadores propusieron a Herman Van Rompuy como Presidente del Consejo Europeo, los socialistas debían escoger entre sus filas, con la presión progresista de situar a una mujer entre los máximos mandatarios de la Unión. Así pues, quizá con el nada desdeñable objetivo de desmontar la tendencia a actuar por su cuenta del Foreign Office, la seleccionada fue la británica Catherine Ashton.
Mucho se ha hablado ya de Herman Van Rompuy, incluyendo siempre su curiosa habilidad para componer haikus, pero quizá no se ha insistido lo suficiente en describir su habilitad para alcanzar consensos en situaciones complejas, como la que se encontró al tomar las riendas del Gobierno belga. Capacidad ésta que le va a venir como "anillo al dedo" cuando el próximo 1 de enero, comience su andadura como presidente del Consejo Europeo.
Esa característica del Sr. Van Rompuy, junto con otras como su culto por la razón e incluso su vena jesuística de la que no se avergüenza, es lo que puede marcar la diferencia y, dada la magmática situación por la que atraviesa la Unión Europea, puede que sea la clave que le haga romper con esa imagen gris, y en lugar de recordársele como el que "anestesió" Europa -término empleado por el rotativo francés Liberation-, pudiera sorprender plasmando acuerdos concretos y llevándolos a la práctica, algo que necesita Europa más que una imagen con carisma que de rienda suelta a bellos objetivos poco realistas.
En cuanto a la Sra. Ashton su papel parece más complejo partiendo de la base de que se pondrá el sombrero de Alta Representante para la Política Exterior de la UE el próximo día 1 de diciembre, sin haber sido ratificada por el Parlamento Europeo como Vicepresidenta de la Comisión. Ocasión que queda pendiente a que, al igual que los otros miembros del equipo del Presidente Barroso, pasen el examen parlamentario durante los días 11 a 14 de enero de 2010.
Además Catherine Ashton, descalificada por muchos de sus compatriotas por no haberse sometido a escrutinio electoral alguno en su dilatada carrera, hace un año que relevó a Peter Mandelson como comisaria de Comercio, cartera que ahora no se sabe si va a seguir manteniendo.
Todo ello se suma a la complicada tarea de articular el Servicio Europeo de Acción Exterior (SEAE), que como ya vimos en esta tribuna, puede contar con hasta 7.000 eurócratas procedentes de la Comisión, el Consejo y los propios Estados miembros.
Lo que en cambio no se espera es que atienda el teléfono de Europa, aludiendo a la famosa frase de Henry Kissinger, pues al margen de que el Sr. Van Rompuy ya se ofreció a hacerlo en la primera rueda de prensa conjunta que dieron, entre las funciones que ostentará la Sra. Ashtom se limitará a "apoyar" a los presidentes del Consejo y de la Comisión en las cumbres internacionales y tampoco tendrá mucho que decir en el peliagudo tema de la ampliación.
Por último, conviene traer a colación en este baile de nombramientos las presiones de los Estados miembros al Presidente de la Comisión, ante el inminente reparto de carteras que debe hacer el Sr. Barroso entre los comisarios designados por cada uno de Los 27, un tercio de los cuales son mujeres. En ese sentido, Alemania no oculta sus planes para que a Günther Oettinger se le asigne Industria, Francia ansía Mercado Interior para su comisario Michel Barnier y España mantiene el interés por el Sr. Almunia en Economía. Veremos qué decide en los próximos días el Presidente y si todos ellos pasan el examen parlamentario posterior.

