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Primo González

Primo González

Tras los 12.000 puntos, terreno incierto

19/11/2009 | 14:39 h.

Desde mediados de agosto del año pasado (hace por lo tanto 15 meses), el Ibex 35 no transitaba por la zona de los 12.000 puntos. Han sucedido muchas cosas desde entonces, entre ellas la quiebra de Lehman (mediados de septiembre del 2008), la entrada de las mayores economías mundiales en recesión, con mayor énfasis en el caso español, y empleo masivo de recursos públicos en las principales economías para evitar primero que cayeran los bancos y luego para insuflar liquidez y recursos en los bolsillos de los ciudadanos y las empresas para estimular la demanda.

Han sido 15 meses muy intensos, aunque desde principios del mes de marzo pasado (es decir, hace ocho meses) ya se vislumbraban horizontes más favorables, primero para los valores bancarios, luego para el resto de las empresas cotizadas en Bolsa, lo que ha facilitado una de las etapas alcistas más espectaculares de las Bolsas mundiales, particularmente de la española. En estos ocho meses, el Ibex 35 ha subido más del 74% y los principales índices de renta variable de las economías desarrolladas acumulan ganancias superiores al 60% desde primeros de marzo. Este jueves, el Ibex 35 ha alcanzado (quizás de forma muy provisional, como suele suceder con los hitos bursátiles) los 12.000 puntos.

No es, desde luego, el final de nada sino posiblemente un tránsito hacia mayores cotas ya que las Bolsas se encuentran aún muy por debajo de los máximos históricos. Por ejemplo, al Ibex 35 le queda un recorrido del 25%, aunque los principales índices europeos están algo más alejados de sus respectivos máximos históricos. La Bolsa española ha corrido bastante más deprisa que las restantes, quizás porque el Ibex 35 tiene un contenido de economía emergente del que carecen las Bolsas del resto del mundo industrializado, en especial las europeas.

Hay en la Bolsa española empresas de primera fila, cuyo peso en el índice es determinante (supera el 65%) y que tienen su principal fuente de beneficios fuera de la economía española, en economías emergentes, entre las cuales Brasil es el ejemplo más típico y el que aporta una mayor carga de evidencias. Aunque ninguna Bolsa se puede sustraer a las realidades del país en que vive, también es patente la influencia que está teniendo en la trayectoria alcista del índice bursátil español la actividad de empresas de primer nivel en países que apenas han olido la recesión o que incluso navegan viento en popa, aportando una seguridad en la obtención de beneficios y una garantía de estabilidad en los dividendos que no existen en otras Bolsas europeas, en donde las empresas cotizadas afrontan este año importantes recortes en la remuneración de sus accionistas.

Fruto de esta realidad es el hecho de que el Ibex 35 se encuentre hoy un 6% por encima de su nivel el día previo al estallido de la crisis de Lehman, mediados de septiembre del año pasado. Por el contrario, el Euro Stoxx 50, que mide la cotización de las mayores empresas europeas (incluidas media docena de las españolas), está todavía cerca de un 11% por debajo de los niveles a los que cotizaba en septiembre del año 2008. Uno de los dos principales índices de la Bolsa de EEUU se encuentra en situación similar, un 11% aún por debajo de su nivel pre-Lehman. En el caso de Japón, la distancia es aún mayor, en torno al 20%. La diferencia, por tanto, entre la Bolsa española y las europeas y estadounidenses ronda el 15% en comparaciones relativas desde la crisis del banco de inversión de EEUU que puede considerase el detonante de las calamidades que han venido posteriormente a los mercados bursátiles y de renta fija.

La proyección alcista de la Bolsa no ofrece, sin embargo, muchas garantías, habida cuenta de que el enfermo que todavía es la economía mundial sobrevive gracias a importantes inyecciones de apoyo. La retirada de estas medicinas (que tendrá que llegar más temprano que tarde) y el pago del coste que ha supuesto la puesta en práctica de tales remedios, muy costosos (los déficits públicos han alcanzado en todas partes dimensiones insoportables) constituyen dos amenazas serias para la continuidad de la recuperación económica. Es más que probable que de esta crisis el mundo desarrollado salga bastante agotado, con escasas fuerzas para afrontar una recuperación vigorosa y para devolver a los inversores la afición por el riesgo. La renta variable, desde esta perspectiva, no parece en condiciones de aportar grandes expectativas, aunque posiblemente sea, a medio plazo, la mejor de las alternativas.

19/11/2009 | 14:39 h.

Primo González

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