Las previsiones que acaba de anunciar el Fondo Monetario Internacional (FMI) reflejan un cambio de foco respecto a las anunciadas hace unos meses, a principios del mes de abril de este año. Para Estados Unidos, la situación será no sólo menos mala sino mejor, incluso con crecimiento en el año 2010, en donde antes se preveía recesión aunque más suave. Para Europa, las estimaciones son malas, peores que hace unos meses.
Para España, lo mismo que para el conjunto de Europa, es decir, malas y en comparación con lo que se preveía hace unos meses, peores. Ahora estiman un 4% de caída mientras que en abril se pensaba en un 3%. Es decir, la recesión está siendo más profunda y, como colofón, los economistas del Fondo creen que la salida de la crisis será más costosa de lo previsto y durará más tiempo la fase recesiva. De entrada, nada de reactivación a partir del año 2010, en todo caso a partir de la segunda mitad del año. En el conjunto del año 2010, el PIB caerá un 0,8%. Unas cifras que nos van a alejar, si se cumplen, de la zona euro, no tanto en el año 2009 como en el siguiente. Para este año, el PIB europeo bajará un 4,8%, es decir, ocho décimas más que en España. Peor en el año 2009, la previsión española es de caída del 0,8% frente a un retroceso de sólo el 0,3% en la zona euro, lo que significa que España va a caer durante más tiempo y va a salir más tarde que el conjunto de Europa.
Como el que no se consuela es porque no quiere, las autoridades españolas (la vicepresidenta Salgado en concreto) han visto en las cifras y en los pronósticos del FMI una ligera "mejoría". Retorciendo las cosas, encuentra Elena Salgado una "mejoría" en el hecho de que el FMI pronostica una caída del PIB unas décimas por debajo de lo que pronosticó la OCDE hace escasas semanas. Los pronósticos, como se sabe, valen lo que valen, es decir, poca cosa, más bien apuntan tendencias en vez de estimar o mucho menos predecir el futuro con la precisión milimétrica que hubiera sido deseable, pero que en economía, cuando se trata de indagar las cifras del futuro, resulta sencillamente impensable. Por no decir imposible.
Si las cifras valen para establecer algunas aproximaciones de la tendencia de la economía, lo que nos debe preocupar, tanto en el caso del FMI como en el de la OCDE como incluso en nuestras propias previsiones oficiales, son dos cosas. La primera, que la crisis económica en curso se presenta con una severa gravedad, ya que si el año 2009 acaba con una caída del PIB superior al 3% o incluso del 4%, como apuntan la mayoría, tendremos que echar mano de los libros de la historia para encontrar un bache de semejante profundidad.
Bien se puede argumentar que esta crisis económica, la primera realmente global, es la más profunda desde hace bastantes años. Pero eso no quita para que estemos ante una aguda recesión, que en algunos países de nuestro entorno, como Alemania e Italia, puede llegar a mostrarse aún más crítica, con caídas del 5% y hasta del 6%. Ciertamente no estamos solos, pero la intensidad de la caída es notable.
La segunda cuestión grave es el hecho de que todas las previsiones apuntan, casi sin excepción, a una crisis más duradera que en el resto de nuestro entorno, es decir, vamos a ser los más tardíos en resolver los problemas y la resolución de nuestra crisis económica será algo menos severa porque nuestros vecinos, que son nuestros principales clientes, nos van a echar inevitablemente una mano, al permitir un aumento de las exportaciones mayor del que hubiera sido normal. Aún así, los esfuerzos por acompasar nuestro ciclo económico al del resto de Europa o, al menos, imitar sus recetas para acortar al máximo la duración de la crisis, tendrían que ser más tenaces. La conducción de la economía española está abusando del gasto público, está mostrando un excesivo apego a las fórmulas ya superadas (falta de flexibilidad en el manejo de la economía y, en especial, en el mercado laboral) y está a punto de deslizarse por la peligrosa pendiente del aumento de la fiscalidad, justo cuando lo aconsejable y necesario sería lo contrario, es decir, reforzar los estímulos a los elementos más dinámicos de la sociedad.

