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Primo González

Primo González

Las cifras de la crisis bancaria

14/10/2009 | 14:44 h.

Los bancos españoles (bancos y cajas, se entiende) tendrían que soportar un quebranto colectivo algo superior a los 100.000 millones de euros a causa de la crisis económica y financiera en la que nos encontramos. La cifra ha ido abriéndose paso en diversos informes que se han conocido en las últimas semanas, el último de los cuales, obra de la agencia de calificación Moody's, se conoció este martes. En este caso, el deterioro de los activos rondaría, según esta última versión, los 108.000 millones de euros.

En principio, y a pesar de su cuantía (equivale a un 10% del PIB del país y se parece mucho a la cifra de déficit público que se maneja para el año 2009), no es una cuantía que cause pavor, aunque sí resulte preocupante, dado que el dinero que los bancos han ido reservando en sus balances en los años de bonanza y en los dos últimos de apreturas para afrontar este tipo de problemas asciende a unos 51.000 millones de euros, lo que significa que quedan algo más de 50.000 millones de euros adicionales para compensar en los balances de las entidades este enorme amasijo de activos, en su mayoría inmobiliarios, que las entidades financieras han cosechado debido a la insolvencia de sus clientes.

Se ha dicho muchas veces que el Banco de España y la banca española tuvieron en su momento el acierto de establecer unas provisiones o reservas monetarias para cuando llegaran los momentos de crisis, de forma que para compensar los quebrantos existieran reservas suficientes y no hubiera que echar mano de la totalidad de los beneficios o mucho menos incurrir en pérdidas. Como se ve ahora, cuando la realidad ha sobrepasado las hipótesis, aquellas previsiones fueron insuficientes para afrontar la magnitud del problema, lo que significa que a raíz de esta crisis es muy probable que las autoridades monetarias y de supervisión redoblen las exigencias de creación de reservas adecuadas a riesgos que no se habían medido con el suficiente espíritu crítico. El futuro de la regulación bancaria va a ser, con seguridad, bastante más exigente que el de estos últimos años. Es una de las derivadas inevitables de la crisis.

La banca española ha sido la más precavida en este aspecto, lo que da idea de lo mal que deben estar los sistemas bancarios de otros países, partiendo de la base de que el deterioro de los activos provocado por la crisis debe ser más o menos parecido en todos los casos. Quizás algo más agudo en España por el fuerte componente inmobiliario que tiene la cartera de algunas instituciones, en especial cajas de ahorros. Ya se ha visto el primer caso palpable de esos excesos, el de la CCM, Caja de Castilla-La Mancha, cuya situación es de quiebra aunque haya sido salvada por la intervención de las autoridades financieras.

El informe que acaba de dar a conocer la agencia Moody's puede que no se aparte mucho de la realidad previsible en lo que se refiere a la cuantía del quebranto, unos 108.000 millones de euros. Dado que sólo la mitad de este "agujero" ha sido provisionada hasta la fecha mediante las correspondientes reservas, queda por delante cubrir la otra mitad, lo que podría llevar a algunas entidades a presentar pérdidas en los próximos trimestres.

Es una hipótesis con la que ya contaban los responsables de la supervisión financiera, de ahí la urgencia con la que están impulsando el proceso de concentración de entidades (cajas sobre todo) con el objetivo de canalizar las ayudas financieras desde el Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (el Frob) pero con el compromiso de los receptores de estas ayudas de crear entidades financieras más viables y eficientes que las actuales. Las fusiones de cajas (la primera, a tres bandas, ya ha arrancado en Cataluña esta semana) persiguen sobre todo crear entidades más sólidas financieramente y con un mejor equilibrio entre sus costes y sus necesidades, algo que en los últimos años había quedado seriamente desbordado. En el sector, en particular entre las cajas, sobran oficinas y hay una dimensión en recursos humanos que no responde a la actual realidad del país y de la economía. Hay, en pocas palabras, un exceso de dimensión en el sector que agrava la ya de por sí precaria situación financiera de algunas entidades, al sumar el deterioro de activos a la pérdida de rentabilidad. Los excesos de capacidad son habituales en momentos de recesión y afectan a todos los sectores. Pero en el caso bancario se había detectado ya hace unos años, en plena euforia económica, lo que suscitó la aparición de muchas voces llamando a la cordura. Ahora ha llegado el momento de corregir todo ello, por desgracias echando meno de dinero público en algunos casos.

14/10/2009 | 14:44 h.

Primo González

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