Si hay una economía mundial que parece resistente a todas las crisis pasadas y presentes es China. Acaba de anunciar un crecimiento del PIB del 7,9% en el segundo trimestre del año, lo que implica una considerable aceleración sobre el 6,1% del primer trimestre, dato este último que fue el más bajo crecimiento trimestral desde el año 1992, que es cuando empiezan a contabilizarse estadísticas trimestrales medianamente fiables en China.
Las autoridades monetarias acaban de dar ayer mismo otro dato espectacular: la cifra de reservas del banco central chino es de 2 billones de dólares, billones en formato europeo, es decir, millones de millones. O sea, 1,5 billones de euros, significativamente más que el PIB español. La mayor parte de esas reservas están en dólares, como todo el mundo debe saber a estas alturas. Más aún, las reservas en dólares están en una elevada proporción en bonos del Tesoro de Estados Unidos, que tiene en China un generoso financiador. China es el banquero del país más poderoso del mundo, una situación bastante peculiar.
Hace ya tiempo, sin embargo, que se dice que China es el principal rehén económico de Estados Unidos y no al revés, como podría parecer a primera vista. El hecho de que el Banco del Pueblo de China tenga en su poder un buen trozo de la deuda pública de Estados Unidos supone una mayor dependencia para China que para el emisor del ingente volumen de papel que atesoran los sótanos del banco central chino. China podría hundir al dólar si pone a la venta más papel público estadounidense del que puede absorber el mercado y si el dólar se hunde, los activos de China se depreciarán de forma proporcional. La divisa china se apreciaría y la exportación, que es el gran motor de China, fábrica universal, pagaría las consecuencia, con el inevitable impacto negativo sobre el crecimiento económico. China, sin embargo, no puede dejar de crecer y además crecer a buen ritmo, ya que de lo contrario el sistema se vendría abajo debido a la elevada inestabilidad que produciría un hecho de tales consecuencias. Por lo tanto, a China le viene bien un dólar como el actual, en ningún caso más depreciado. El dólar es su principal patrimonio, aunque sea el arma que le ha prestado su principal adversario en la escena económica mundial.
Hace unos meses que los chinos, jaleados por algunos de sus colegas del grupo BRIC (Brasil, Rusia, India y China), en especial Rusia, están embarcados en pedir la creación de una moneda mundial de reserva. Se han barajado algunas alternativas, entre ellas el mismo euro. Pero todas han sido abandonadas por diversas razones -de momento-, ya que a corto plazo una operación de esta envergadura es impensable. Ninguna otra divisa o activo (los Derechos Especiales de Giro, del FMI) tienen ni la profundidad de mercado ni la implantación universal que posee el dólar. El euro todavía no está maduro para una operación de este calibre, como bien saben los promotores de la idea de la sustitución, en especial los países exportadores de petróleo, que intentaron algo parecido hace unos pocos años. Por lo tanto, todo parece indicar que tenemos dólar para rato como moneda principal de reserva de los bancos centrales. En la actualidad, el 42% de los dólares existentes están en manos de los cuatro países mencionados, un grupo que representa de momento tan sólo el 15% del PIB mundial.
La desproporción es por lo tanto evidente y la acumulación de reservas en manos de estos países, en especial de China, constituye uno de los motivos de preocupación económica para el futuro. Lo único que se atisba a medio plazo es, además, un aumento del problema, ya que los planes de apoyo a la economía adoptados por los gobiernos de Estados Unidos no han hecho más que agravar la situación, al inundar el mundo de liquidez, multiplicar la presencia del dólar y sentar las bases de su debilidad como moneda respetable.

