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Primo González

Primo González

Los apuros de Díaz Ferrán

17/12/2009 | 14:37 h.

El presidente de la patronal CEOE no atraviesa un buen momento. Hace ya algunos días que sus conocidas dificultades empresariales le estaban poniendo en una difícil tesitura, ya que casa mal ostentar la máxima representación de la patronal, la organización que agrupa a los empresarios del país, y aparecer un día sí y otro también en los carteles de los trabajadores que se manifiestan allí donde sus proclamas son más visibles reclamando los salarios atrasados de la empresa para la que trabajan, propiedad de Díaz Ferrán y algún otro socio. No cabe duda de que para la posición negociadora de la patronal, en los diversos frentes que tiene abiertos, la débil posición pública de su presidente tiene que resultar algo embarazosa, por decirlo suavemente.

Este miércoles, el presidente de los patronos ha presentado su dimisión. Y la veintena de vicepresidentes, todos a una (sólo faltó el díscolo Bárcenas, nada que ver con el tesorero desaparecido de escena del PP), han salido en su apoyo. Les honra pero quizás deberían todos ellos pensarlo algo mejor porque es un hecho que la posición empresarial en la actual negociación institucional está en una situación sumamente débil.

Estas cosas no pasaban con José María Cuevas, el presidente de los empresarios que más ha durado en el cargo a pesar de no ser empresario. Era un buen directivo asalariado de una empresa papelera que acabó siendo secretario general de la patronal cuando se fundó y la presidía un empresario-empresario, Carlos Ferrer Salat, que apenas hacía poco más que salir en las fotos. Naturalmente, cuando se acabó el mandato de Ferrer Salat, Cuevas tomó las riendas de forma oficial. Nunca las había dejado, pero tras la marcha del empresario presidente se quedó al mando de todo. El mandato de Cuevas ha durado hasta hace cuatro días. Se retiró voluntariamente y tras él ha quedado un inmenso vacío, no sólo en la representación empresarial, que también, sino en el entramado institucional de la economía española, ese que forman los líderes sindicales y el jefe de los empresarios, con ocasionales y fugaces apariciones en escena del Gobierno de turno. Cuevas creó un modelo, pero cuando se fue se lo llevó puesto. Desde entonces, ya nada ha sido igual ni en la CEOE ni en los pactos ni en el denominado diálogo social...

Lo cierto es que desde que Cuevas no está en la brecha la economía española se ha hecho un poco más inmanejable. El trío que conforman sindicatos-Gobierno-CEOE no funciona. El Gobierno aparece demasiado supeditado al dictado sindical, en una especie de sumisa tutela mitad ideológica, mitad electoral. También tiene algo de querencia histórica, ya que cuando el Gobierno es, como ahora, socialista, políticos gobernantes y líderes sindicales tienen el mismo carnet, de modo que no son dos patas de un trío sino dos expresiones de un mismo poder, lo que deja el diálogo tripartito en diálogo a dúo; uno de ellos, además, el empresarial, muy descompensado en la actualidad: precaria situación de su líder, crisis económica que ha debilitado considerablemente la solidez de las posiciones empresariales y posición claramente minoritaria en la refriega, porque el Gobierno no es árbitro sino parte beligerante. Es más, en algunos momentos ha sido la parte más beligerante. Los empresarios no sólo tienen que jugar en campo contrario sino que padecen un arbitraje descaradamente casero.

Suponiendo (y es legítimo suponerlo) que las proposiciones empresariales en el diálogo social tengan algo de utilidad y provecho, está claro que en estas circunstancias sus posibilidades de prosperar son bastante escasas. La aplastante mayoría que conforman Gobierno y sindicatos deja escaso margen para elaborar un acuerdo en el que las propuestas empresariales tengan la más mínima posibilidad de hacer acto de presencia. Se comprende, pues, la reticencia de Díaz Ferrán a firmar lo que le proponían el pasado verano, rechazo que posiblemente está en la base de sus actuales dificultades empresariales.

A pesar de ello, hay que reconocer que Díaz Ferrán se está batiendo con indudable pundonor, ha sudado la camiseta como el mejor meritorio y, sin llegar a ser una segunda versión de Cuevas, hay que reconocer que cuando optó al cargo nadie fue capaz de presentar más entusiasmo por la causa que él. Eso no quita para que se pueda afirmar que su papel como interlocutor del Gobierno y de los sindicatos, es decir, frente al "pensamiento único" que ambas partes conforman, esté siendo bastante meritorio. Pero de ahí a esperar que el sector empresarial se sienta cómodo con los resultados que salgan de un hipotético pacto habrá, casi con seguridad, un abismo.

17/12/2009 | 14:37 h.

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