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Primo González

Primo González

Grecia entra en el purgatorio

09/12/2009 | 14:50 h.

Las agencias de calificación, tan denostadas por sus despistes en las vísperas de la reciente crisis financiera, viven bajo presión estos días y se les acumula el trabajo. Standard & Poor's (S&P), Moody's y Fitch, las tres grandes del sector, tienen más trabajo que nunca. Su credibilidad se ha visto muy mermada como consecuencia de la falta de perspicacia para detectar la crisis financiera del año 2007, pero han reaccionado y parece que ahora están tratando de ponerse por delante de los acontecimientos, es decir, a la inversa de lo que habían hecho durante largo tiempo, aunque la economía de los principales países desarrollados y por tanto de sus clientes de calificación era entonces boyante, en contraste con la actual, en plena recesión o con algunos privilegiados saliendo de ella.

En los últimos días, los dictámenes negativos de las agencias de calificación han visto varios frentes abiertos, uno de ellos el de Dubái, en donde varios bancos se han quedado en situación próxima a la insolvencia, además de algunas agencias estatales. Las altas cifras de endeudamiento a que han llegado algunas empresas privadas son sólo una parte del problema. Los percances más serios pueden empezar a centrarse en Estados soberanos debido a los ingentes esfuerzos que han realizado para paliar las consecuencias de las crisis. El dinero público ha hecho acto de presencia de forma masiva en los dos últimos años, ya que las economías han visto cómo se reducían sus fuentes de ingresos (la recaudación fiscal) y cómo aumentaban de forma espectacular los gastos para tratar de insuflar apoyo financiero a la actividad económica, apoyo a las entidades financieras y bancarias y, finalmente, ayuda a los sectores sociales más castigados por el desempleo. Tantos frentes abiertos han desbordado la capacidad de las finanzas públicas, lo que en algunos países está alcanzando niveles insoportables.

Una de las tres grandes agencias, Fitch acaba de calificar la deuda de Grecia a la baja, recortándose su nivel de consideración, camino de lo que se denomina los "bonos basura", calificativo reservado para los emisores de títulos en los mercados que tienen pocas virtudes y muchas dificultades para hacer frente a sus compromisos de pago. Grecia está lejos aún de ese escalón pero camina hacia él a pasos agigantados, con recorte de dos niveles en apenas tres meses. Otra agencia, S&P, ha reducido también la valoración de Grecia como emisor de deuda. A pesar de la pérdida de credibilidad de las agencias, sus dictámenes están revelando problemas que ya son bastante conocidos, lo que significa que estos emisores, incluso algunos Estados, van a tener serios problemas en el futuro inmediato para financiar su existencia. Las consecuencias de una rebaja en la calificación suelen ser de dos tipos: mayores dificultades para emitir bonos y costes de emisión más elevados, o sea, tipos de interés más altos, incluso en la actual etapa de moderación monetaria. Ni qué decir tiene que si el Banco Central Europeo (BCE) empieza a subir tipos de interés a mediados del año 2010, como generalmente se estima, los problemas de los países con baja calificación crediticia se agudizarán.

Junto con Islandia e Irlanda, Grecia forma el trío de países europeos con mayores dificultades económicas para afrontar la presente crisis. Irlanda y Grecia son ambos miembros de la Unión Europea, de ahí que la nota que acaban de adjudicarle a Grecia tiene una importancia primordial. De nada le ha servido a este país el "paraguas" que le proporciona su pertenencia a la organización supranacional ni al euro. Las dificultades de Grecia empezaron cuando hace unos meses su Gobierno hubo de reconocer unas cifras de déficit público muy superiores a las iniciales que había suministrado el Gobierno conservador, derrocado por los socialistas este otoño. Las autoridades griegas no han hecho el más mínimo caso a Bruselas, según se vienen lamentando los colaboradores de Joaquín Almunia desde hace algún tiempo. Grecia puede alcanzar el año próximo un déficit público equivalente al 120% o incluso del 125% del PIB, según estimaciones de los expertos de la Comisión Europea, hecho insólito en las economías europeas desarrolladas y que pondrá en serio apuro la subsistencia de las finanzas públicas de un país que parece llamado a vivir de las ayudas más que de sus propias capacidades.

La situación griega quizás supere en grado y calidad a las de los demás países de la Unión Europea con problemas en sus finanzas públicas. En grado más tolerable aún, Portugal e Irlanda no parecen estar libres de toda sospecha, a tenor de los últimos dictámenes de las propias agencias y de la Comisión Europea. A renglón seguido, Gran Bretaña y España (el primero, no perteneciente a la Eurozona) pueden ser candidatos a experimentar algún tipo de perturbación. Para todos, la rebaja de la calificación de Grecia es un preocupante aviso.

09/12/2009 | 14:50 h.

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