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Primo González

Primo González

Enfermedades de la crisis

19/03/2009 | 14:47 h.

La actual crisis económica está superando todos los niveles precedentes de desconcierto e incertidumbre entre los agentes económicos y los Gobiernos. Es difícil encontrar a día de hoy un diagnóstico que no tarde menos de 24 horas en encontrar su veredicto opuesto, lo que resulta más llamativo aún si se tiene en cuenta que los autores de los pronósticos cuentan en su historial con abundancia de aciertos, aunque también de sonoros patinazos.

En medio de este fuego cruzado de análisis, previsiones y futuribles, no es de extrañar que el ciudadano medio tienda a correr al refugio, a gastar lo mínimo, a invertir a ser posible nada y a desterrar de su conducta todo lo que suene a audacia o asunción de riesgo. Empiezan a aparecer algunas encuestas según las cuales el grado de inseguridad y la inacción amenazan con convertirse en enfermedad crónica de la sociedad. La crisis económica, al igual que la euforia, tiene una capacidad de generar enfermedades nuevas y patologías diferentes, más adaptadas al ciclo.

Hay estadísticas que lo reflejan de forma fulminante. Una de ellas es la del denominado absentismo laboral, que a su vez se divide en al menos dos patologías diferenciadas, el absentismo real y el presencial. Se llama absentismo real al que directamente se refleja en la ausencia del puesto de trabajo, lo que hurta cada año en la economía española el 6% de las horas de trabajo que deberían haberse realizado y no se cumplen. En la media de la Unión Europea, este grado de absentismo parece ser significativamente menor, en torno al 4,5% de las horas trabajadas.

Está luego ese otro absentismo, más refinado pero igualmente nocivo para la productividad, que es el denominado "presencial", es decir, el de aquellos individuos que acuden puntualmente a su puesto de trabajo y no hacen nada de nada, dedicando el tiempo a gestiones comprensibles sólo para ellos o simplemente a pasar el tiempo en espera de que llegue la hora de fichar. Dicen las estadísticas que, por término medio, el absentismo es un 30% superior en el sector público que en el privado, lo que causa verdadera preocupación (o debería causarla) habida cuenta de la explosión de empleos que se ha producido durante los últimos años en todos aquellos menesteres que gravitan en la órbita de lo público, sea de la Administración Central o de las diferentes versiones periféricas, tanto autonómicas como municipales. A quienes con tanta contumacia rechazan sistemáticamente la privatización de cualquier actividad en manos del sector público, quizás habría que recordarles estadísticas de este tipo para hacer flaquear en alguna medida su entusiasmo por lo público, en donde la responsabilidad con frecuencia se diluye y la curva de eficacia disminuye alarmantemente conforme pasan los años.

Sin alejarnos mucho de las estadísticas, una reciente apreciación de algunos analistas ha constatado que los grados de absentismo laboral en España se han reducido de forma excepcional en los últimos doce meses, asunto que tiene una mayor representatividad en el ámbito de la empresa privada que en el sector público, ya que en este último la garantía de empleo es de por vida, razón por la cual no existe proporción entre el rendimiento laboral y la remuneración ni, en muchos casos (en toros sí) entre la laboriosidad y la acumulación de méritos con vistas a una mejora laboral.

Pero en el privado no existen estas garantías de protección de por vida, lo que significa que, dado que vivimos tiempos de ajustes de plantillas, los empresarios pueden verse tentados a hacer limpieza selectiva, empezando por los elementos menos productivos de sus organizaciones. Ello habría provocado en los últimos meses -según algunos análisis- a una mejora generalizada del nivel de rendimiento laboral individual y también colectivo, lo que a su vez puede tener efectos nocivos sobre el empleo ya que en una etapa como la que vivimos, en la que las empresas se ven obligadas a producir menos para no alimentar los stocks ante la debilidad de las ventas, puede suceder que los excedentes de empleo que aparezcan sean de mayor cuantía que cuando la gente trabajaba sin la presión de la amenaza de pérdida de empleo. La crisis económica tiene, por lo que se ve, algunas ventajas en aspectos muy concretos del sistema productivo. Todo sea en aras de una mejora de la productividad, aunque en tiempos de euforia económica esta vuelva a la relajación. Son cosas de los ciclos.

19/03/2009 | 14:47 h.

Primo González

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