Ha dicho Mariano Rajoy en Valencia que es tiempo de "superar las viejas historias", o luchas internas del PP, y "olvidar lo que merece ser olvidado", en pos de una nueva etapa de unidad del partido en el que no "sobra nadie" y que, para bien y para mal, asume su pasado, a la vez que elogió la etapa de José María Aznar al frente del Gobierno. El líder del PP pidió la unidad e hizo un llamamiento a los críticos y a sus adversarios, diciendo que se han ganado las elecciones europeas "sin renunciar a los principios", y dejando claro en sus palabras que no habrá represalias contra nadie.
Sin embargo, sus dos principales adversarios en el liderazgo del PP, y por tanto protagonistas de las viejas historias, Aguirre y Gallardón, no estaban presentes en la fiesta-mitin valenciana del PP para festejar las elecciones, reforzar el compromiso renovador del congreso de hace un año y arropar a Francisco Camps en su calvario, "las nuevas historias", del 'caso Gürtel', que ya está durando más de lo que habían previsto en el PP, y que tiene en vilo a todo el partido. Más incluso que por el caso de Luis Bárcenas, de quien se dice que dimitirá de sus funciones cuando declare ante el Tribunal Supremo si el juez mantiene la imputación por los delitos fiscal y de cohecho, de los que actualmente se le acusa.
Pero ¿qué pasaría con Camps si el juez instructor de Valencia lo mantiene imputado y lo lleva a juicio, aunque sólo sea por los regalos de unos trajes y la sospecha de cohecho? Son, precisamente, estas nuevas historias de la corrupción y la posibilidad de que aparezcan en el 'caso Gürtel' los nombres de otros dirigentes nacionales del equipo de Rajoy, las que hacen que los críticos del PP no hayan desistido en su empeño, o ambición, de ocupar la cabecera del cartel electoral del partido en los comicios del 2012, en los que, como ellos dicen en privado, no sólo habrá que ganar sino que deberá hacerse con una mayoría suficiente para no estar a merced del poder de los nacionalistas, e impedir, incluso, un Gobierno en minoría del PSOE.
Es verdad que la situación de Rajoy es mucho mejor y más solida que la de hace un año, y no sólo en el seno del PP sino ante el conjunto de españoles donde se empieza a percibir la imagen de un ganador. Además, el tiempo ha demostrado que los errores e incapacidad del Gobierno de Zapatero para hacer frente a la crisis económica está calando con fuerza ante el conjunto de la sociedad, y va para largo y crece al mismo nivel que se deterioran las relaciones del PSOE con las minorías parlamentarias. Y estamos pasando del aislamiento del PP, que nació del Pacto del Tinell, a la soledad de los socialistas, los que además empiezan a tener serios problemas de unidad en Cataluña, que vienen de lejos -de la caída de Maragall-, y que son la fuente de la inagotable reivindicación soberanista y económica frente al Gobierno central. Por eso dice Rajoy que "ahora podemos hablar con todos".
Asimismo, en el PP piensan que el 'caso Gürtel' no ha tenido consecuencias electorales negativas, como se vio en los comicios europeos, sino que más bien sirvió para movilizar a sus electores ante las burdas maniobras políticas y judiciales, como aquellas que el ex ministro Bermejo y el juez Garzón protagonizaron con su cacería "política" en Jaén, dejando al descubierto la larga mano del Gobierno en la utilización de la acción judicial, del sumario y del calendario político.
Una coincidencia -tras el aplazamiento del acto valenciano del PP por causa del último atentado de ETA- ha permitido a Aguirre y Gallardón estar al margen del festejo de Valencia donde Rajoy pidió la unidad del PP, y les tendió la mano a sus adversarios y competidores políticos que, como todo el mundo sabe, no son iguales ni actuaron de la misma manera. De hecho fue Rajoy quien impidió la legítima aspiración de Gallardón de entrar en el Congreso de los Diputados, mientras Aguirre, al contrario, fue directa a por la cabeza de Rajoy, utilizando el poder regional y sus medios afines, lo que presagia que la pax presidencial que ofrece Rajoy sólo sea aceptada en apariencia y que, en realidad, estamos ante una tregua a la espera de otros acontecimientos, aunque justo es decirlo: el de Pontevedra es, hoy por hoy, el indiscutible campeón. Pero para consolidar su liderazgo le falta dar, dentro del partido, una prueba sonora de su autoridad. Si no lo hace dentro de unos meses el lío interno renacerá.

