El Gobierno se agarra al 'caso Gürtel', cuyo proceso judicial se inicia en el Tribunal Superior de Madrid en los próximos días, para intentar frenar el empuje de la oposición de Rajoy y hacer olvidar a los ciudadanos que la crisis económica que nos invade camina hacia el abismo del que habló el líder de la oposición en el Parlamento. Ayer la vicepresidenta de la Vega, que ha convertido la rueda de prensa del Consejo de Ministros en mitin semanal contra el PP, volvió a insistir sobre la trama de Correa en pos de un discurso espectáculo que palidece ante la cruda realidad de los cuatro millones de parados que se han anunciado este fin de semana, en contra de lo que dijo el bronco ministro Corbacho, mas empeñado en amordazar al gobernador del Banco de España que en buscar verdaderas soluciones de choque para frenar la pérdida del empleo, que no serán posibles sin que se recupere la confianza financiera y empresarial.
De hecho, medidas como las de los 8.000 millones para las corporaciones locales, en las que Zapatero había puesto sus esperanzas para el mes de marzo, han terminado sin los anunciados resultados positivos. Y dejan al Ejecutivo a la intemperie e incapaz de dar con las fórmula mágicas para frenar la creciente pérdida de empleos.
En estas circunstancias, el calendario político del mes de mayo aparece preñado de iniciativas políticas con las que Zapatero pretende inundar los medios de comunicación de aquí a las elecciones europeas del próximo día 7 de junio. Empezando por la esperada visita del presidente Sarkozy, quien no hace mucho puso en duda la inteligencia de Zapatero. Luego seguirá la investidura de Patxi López en el País Vasco y el debate sobre el estado de la nación, adelantado por el Gobierno al 15 de mayo para evitar que una posible derrota electoral del PSOE en los comicios europeos pueda ser utilizada por Rajoy en semejante debate nacional. A la vez estarán los casos judiciales de Gürtel y la posible sentencia del Yak-42 -el único tribunal que no mueve ficha es el Constitucional que está a la espera de la reforma de la financiación catalana-, y finalmente se abrirá la campaña electoral del parlamento europeo, donde la economía ocupará el centro del discurso de la oposición, mientras el Gobierno intentará regresar a la guerra de Irak y a los malos tiempos de Aznar.
En relación con el caso de la presunta trama de corrupción de Francisco Correa -citado a declarar en próximos días-, es cierto que el PP está en apuros de opinión pública tanto en Madrid como en Valencia y jugará a la larga espera del procedimiento, aunque no se descarta que se produzca algún movimiento político, por ejemplo en la Comunidad de Madrid donde Esperanza Aguirre, tocada por el escándalo en su gobierno, sus diputados y alcaldes, debería poner en marcha una crisis de gobierno y sustituir a los consejeros y gestores de la llamada "banda de los cuatro", los González, Granados, De Miguel y Martín Marín, al tiempo que debería de arreglar el lío que ella ha organizado en Caja Madrid -hoy bloqueado en el Tribunal Constitucional-, para buscar un acuerdo razonable con el alcalde Gallardón. Aguirre lleva unos días más sosegada y puede que meditando sobre la que podría ser primera remodelación de su gobierno, rectificando así las que han sido sus descaradas deslealtades contra la dirección nacional del PP y el propio Rajoy.
El caso valenciano, por otra parte, sigue confundido entre el silencio y los desmentidos de Francisco Camps, a quien Rajoy le ofrece todo su apoyo a pesar de las críticas que recibe desde el Gobierno y desde el PSOE, aunque está por ver que hace al respecto el Tribunal Superior valenciano y si, por fin, llama a Camps a declarar, o se dedica previamente a ver si existe algún tipo de irregularidad que permita pensar en un presunto cohecho en las adjudicaciones de contratos de la Generalitat de Valencia, a las personas que presuntamente hicieron regalos a Camps y a miembros de su partido.
Pero siendo todo esto de claro interés y proyección mediática, a nadie se le escapa que a los muchos millones españoles tocados por la crisis todo ello ni les viene ni les va, porque su prioridad y preocupación está en el empleo y en su situación económica y familiar. Y aquí incluidos no solo los trabajadores de renta baja sino una gran legión de clase media que son los primeros posibles desertores del electorado del PSOE, bien para pasarse al PP o refugiarse, hastiados, en la abstención que ya se anuncia como muy importante para la cita europea de junio.
En suma, manda la crisis económica sobre todo lo demás, y aquí incluido el espectacular calendario deportivo de las próximas semanas, en fútbol, las motos, el tenis, la Formula-1, etcétera. Porque "los lunes al sol" del paro y de la desesperación, con su impresionante carga familiar, se imponen sobre cualquier espectáculo político o social.

