Sorprende que Rosa Díez no quiera que los ciudadanos vean como unas elecciones "primarias" -o un test como si fueran generales- los comicios europeos del próximo día 7 de junio. Temen los de UPyD que el duelo PSOE-PP dañe sus expectativas, cuando la realidad parece ser bastante distinta porque la circunscripción única, el mal gobierno y los problemas internos del PP pueden favorecer el deseo de Díez de convertirse en tercera fuerza política nacional, por encima de CiU e IU, estos últimos también en crisis por la fuga al PSOE de Rosa Aguilar.
Se entiende, eso sí, que Ramón Jáuregui, número dos del PSOE en estas elecciones, se queje de la utilización de la crisis económica nacional que, con todo derecho, hace el PP, porque las encuestas les dan por perdedores. Por eso ayer llegó a decir el disparate de que una cosa es España y otra Europa, como si nuestro país no estuviera en la UE. El colmo del cinismo del PSOE es que, a estas alturas, pretendan hablar de la guerra de Iraq de hace cinco años y no de la crisis económica, que es el primer problema de Europa y también de España, de manera muy especial. ¿Cómo no van a hablar los políticos y los candidatos de la crisis económica, y de lo que hacen los gobiernos de cada país europeo, empezando por el de Zapatero?
Jáuregui, a quien Zapatero ha jubilado de mala manera en la lista europea -por lo general, cajón de sastre de los partidos políticos-, lo que debería haber hecho es marcharse con Rosa Díez en pos de una nueva izquierda española, democrática y sin la boba demagogia del Zapatero, que está de capa caída y que teme darse un batacazo el próximo día 7, como el que ya se dieron en Galicia no hace mucho.
En el PP, por el momento, viven en la euforia porque las encuestas les dan por ganadores, aunque por poca diferencia. Pero saben que su ventaja se debe más al desprestigio creciente de Zapatero que a sus propios méritos, entre los que figura la candidatura de Mayor Oreja como cabeza de cartel, un personaje que quita más votos de los que da al PP, y que fue puesto ahí para que la extrema derecha mediática del PP no se pasara a Rosa Díez.
Lo bueno de una posible victoria europea para Rajoy es que lo consolida como líder del PP y lo empuja hacia un triunfo en los comicios generales del 2012, si es que no se adelantan. Pero lo malo de semejante victoria es que Rajoy puede pensar que su estrategia es buena, que el poder le caerá en las manos como una fruta madura por los errores de Zapatero y que lo suyo es no hacer nada, esperar, y dejar que se pudran los problemas internos del PP, que los tiene.
En la Moncloa empiezan a estar asustados porque creen que una derrota de Zapatero en las elecciones europeas, puede ser el comienzo del fin de su falso liderazgo de marketing y cartón piedra, que podría caer en desgracia a la misma velocidad con la que creció. Además, si se estrella ahora con el solo discurso social e ideológico de un izquierdismo trasnochado, mientras lo que la gente quiere es trabajo y no buenas razones, ese declive irá cada vez a más y a peor. Aunque en la Moncloa esperan que un repunte, para el 2010, de la economía les permitirá remontar el bajón actual. Pero lo tienen muy difícil porque su empeño en negar la crisis económica para él ha sido un error políticamente mortal.
Aunque no levantan mucho entusiasmo, las elecciones europeas son sin lugar a dudas las más democráticas y representativas porque de ellas sale una nítida fotografía del panorama político nacional, sin filtros de la ley electoral española y con la ventaja de la circunscripción única nacional, aunque con el inconveniente de la lista cerrada que nos persigue por todas partes. En estos comicios se aprecia la sobredimensión nacional de todos los partidos nacionalistas, que se esconden en coaliciones para que no se vea su verdadero tamaño, y las desmedidas ventajas que estas formaciones disfrutan en los comicios legislativos o generales. Además, su calendario, un año después de las legislativas, permite hacer una evaluación del inicio de la legislatura y la acción del Gobierno en las hoy difíciles circunstancias económicas y sociales de nuestro país.
Lo malo para este Gobierno, que acaba de ser remodelado, sería darse un batacazo electoral a las pocas semanas. Por eso Zapatero quería retrasar la crisis un par de meses, pero no pudo aguantar. Y porque teme perder estas elecciones ha querido adelantar el debate sobre el estado de la nación, a ver si le sirve de algo, y para evitar que unos malos resultados europeos Rajoy los pueda utilizar para pedir su dimisión, o elecciones anticipadas, que es lo que hará el PP si sale airoso el 7 de junio, que a la vista está.

