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Pablo Sebastián

Pablo Sebastián

Sarkozy, Obama y el nuevo orden

03/04/2009 | 15:06 h.

Los acuerdos hallados en la cumbre de G-20 de Londres pretenden que se abra una nueva etapa en las relaciones económicas y financieras de todo el planeta, y así lo han subrayado algunos líderes allí presentes hablando de un "nuevo orden mundial" que, además afectará a las relaciones políticas y diplomáticas entre los países. Un ambicioso pronóstico de futuro porque, de momento, nos conformamos con que las medidas adoptadas sirvan para tres cosas: para impedir la caída en una depresión económica mundial; para reactivar la economía; y para garantizar que nunca se vuelva a repetir una crisis financiera como la que estalló hace un año por la falta de controles y por los abusos de los primeros responsables económicos del sistema hoy en revisión.

Hasta ahí el optimismo oficial y los buenos deseos de los presidentes de la cumbre, pero hay mucho mas porque otras cuestiones con protagonistas, y más cercanas al fondo del debate estaban en juego. Por ejemplo el duelo entre Obama y Sarkozy, y el estreno del presidente americano en la escena internacional. Y en relación con ambas cosas tenemos que decir que los "discursos bonitos" de Barak Obama y el liderazgo mundial de los Estados Unidos se han desinflado en la cumbre del G-20 de Londres, por causa de la autoría americana de la crisis financiera internacional (nacida en USA), por la realidad de las nuevas potencias emergentes -China, India, Brasil-, y también, por la fuerza y tozudez del presidente Sarkozy.

El presidente de Francia quien, con ayuda de la canciller Merkel, ha puesto el dedo en la llaga de la crisis culpando de ella a los fallos y abusos del sistema financiero americano e internacional, al que el político francés ha conseguido imponer la reforma y medidas de control. Al tiempo se han incrementado en un billón de dólares los fondos de las altas instituciones económicas internacionales -FMI, Banco Mundial, etc- para favorecer su reforma y ayudar a los países en vías de desarrollo. Finalmente, también se anunciaron iniciativas para la lucha contra el paro y relanzar la economía, aunque estas últimas sin la profundidad que Obama esperaba conseguir de sus aliados europeos.

Vamos a ver como valoran los medios de comunicación americanos, y por supuesto la oposición parlamentaria de Obama del Partido Republicano de su país, la actuación del presidente de los Estados Unidos y el resultado de la cumbre del G-20. Porque Obama hizo concesiones que, para muchos de los analistas, constituyen una renuncia en el liderazgo mundial de primera potencia militar del planeta. Un poderío militar que Obama tuvo necesidad de recordar, a la vez que hubo de reconocer en la cumbre y ante los medios la responsabilidad de Wall Street, en el origen de la crisis, aunque también señaló que los errores y los abusos no fueron solo de los Estados Unidos.

A fuer de sincero y dialogante, Obama puede haber perdido liderazgo en el ámbito mundial, lo que le acarreará problemas en su país. Pero también es factible que su franqueza en el estreno de su diplomacia multilateral en el mundo global, donde Europa, Rusia y las potencias emergentes juegan un destacado papel, al final le podrían permitir a Obama a salir de la crisis y, posteriormente, recuperar el liderazgo de primera potencia mundial, pero esta vez pisando con pies de plomo y enfundando la larga mano de hierro del imperio americano en un guante de seda, posiblemente más eficaz para los tiempos que corren.

El contrapunto al liderazgo de Obama lo presidió Sarkozy, empeñado como ha estado el francés en ponerle el cascabel al gato negro del fallido sistema monetario internacional, tradicionalmente dominado por las dos primeras plazas financieras de Occidente, Wall Street y la City, de Londres. Es aquí, y frente a estos dos bastiones donde Sarkozy y Merkel dieron su batalla y al final consiguieron importantes compromisos de controles y reformas sobre: los fondos de alto riesgo, las agencias de calificación, las reservas de todos los grandes bancos, los sueldos de altos ejecutivos de entidades financieras y, también, sobre el deseado final del secreto bancario que aún impera en los paraísos fiscales.

Cuestión esta última que Zapatero se ha querido apropiar como si fuera el autor de la iniciativa, lo que es tan falso como la burda intoxicación de los portavoces de la Moncloa que presentaron al presidente español como el gran mediador entre Obama y Sarkozy. Algo tan innecesario como irreal, y fuera de la verdad. Pero Zapatero, que ha pasado inadvertido en la cumbre del G-20, se coloca él solito sus medallas, presume de que seguirá en este foro internacional, y alardea de una buena sintonía con Obama -dice que es "muy fácil" (sic) entenderse con el presidente americano-, una cancioncilla que volveremos a escuchar en los próximos días y, especialmente, tras el encuentro bilateral que ambos dirigentes han acordado celebrar en Praga.

En conjunto y al margen del pintoresco triunfalismo personal de Zapatero, la cumbre del G-20 ha salido bien, pero todavía falta por ver -además de la euforia inicial de las Bolsas mundiales- si produce los efectos esperados. Y no solo para conjurar el riesgo de una recesión mundial sino también en pos de la reactivación económica, la generación de la confianza y la fluidez del crédito que es lo que permitiría la reanimación económica y empresarial.

En cuanto al estreno de Obama, frente al tridente de los países emergentes de China, India y Brasil, la fría Rusia y el pequeño napoleón galo, Sarkozy, tenemos que decir que al menos ante los ojos europeos y asiáticos, Obama no salió mal parado. Aunque es cierto que persiste en los discursos bonitos, como se lo recriminó el francés. Discursos bonitos y multilateralismo en su política exterior son una novedad en contraste con la presidencia guerrera de Bush, pero también incluyen una dosis importante de realismo. No en vano y, mal que pese a los halcones de Washington, esa es la cruda realidad del mundo global en el que vivimos. Y Obama sabe que necesita contar con todos para salir de la crisis económica y financiera -la piedra angular de su presidencia- aunque ello les permita a sus adversarios hablar de la pérdida de liderazgo mundial de los Estados Unidos y de debilidad presidencial.

03/04/2009 | 15:06 h.

Pablo Sebastián

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