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Pablo Sebastián

Pablo Sebastián

Rajoy reformista, Aznar desconfiado

09/07/2009 | 14:51 h.

El presidente del PP, Mariano Rajoy, ha apostado por la renovación del reformismo siguiendo su discurso y la iniciativa política que abanderó en el último congreso valenciano del PP, en pos de la recuperación y ocupación del centro político en un momento de graves problemas y contradicciones del Gobierno de Zapatero, con motivo de la crisis económica y de asuntos de reciente controversia como el cierre de la central nuclear de Garoña, o el relevo en la dirección del Centro Nacional de Inteligencia.

Rajoy hablaba así en la clausura de los cursos de veranos de la Fundación FAES del PP, convertida en el estado mayor y cocina conservadora del ex presidente del Gobierno José María Aznar, que asistió atento y vigilante a las medidas palabras de Rajoy a quien felicitó por su reciente victoria en las elecciones europeas, pero a quien advirtió que "los éxitos del pasado no garantizan el futuro".

Para no resbalar ante tan celoso profesor, Rajoy se cuidó muy mucho a la hora de hablar de renovación reformista y por ello recordó que todo se hace y se hará partiendo de los principios que marcan la vida del partido, una vez que sabe -ya se lo escuchó a Aznar en Valencia y otros foros- cómo las gasta el presidente de honor del PP con esto de "los valores y principios", a los que tanto se refiere en sus alegatos el ala conservadora del PP, aquí incluidos Aznar, Aguirre y Mayor Oreja, entre otros.

¿Qué es eso de los principios y los valores del PP? Eso acabó en el Pacto del Majestic con Pujol, y si no que se lo pregunten a Vidal-Quadras. O en la boda imperial de El Escorial, o en las mentiras de la guerra de Iraq, o de la conspiración del 11-M. O sea que nadie puede, al respecto, tirar piedras sobre el tejado del PP, y menos Aznar, quien con ese discurso neocón y de "la derecha sin complejos", amén de dañar las expectativas electorales del PP, que han mejorado sensiblemente en los últimos meses, lo que busca es justificar los errores de su segunda legislatura que tan caros le costaron al PP en la elecciones del 2004, en coincidencia con los atentados del 11-M y con la utilización electoral que de ellos hizo el PSOE, aprovechando los errores o las mentiras del Gobierno sobre esos graves acontecimientos.

Empedrado con cantos afilados está el camino por el que viaja Rajoy en su ya larga peregrinación hacia el poder. Y puede que el tramo más difícil es el que acaba de pasar en las elecciones gallegas, vascas y europeas. Pero aún le quedan tres largos años por delante, una complicada travesía en la que los problemas y los adversarios no sólo le vendrán del Gobierno y del PSOE, sino también desde el interior de su propia casa, como lo ha sufrido en los pasados años y donde todavía permanece una cierta reticencia o falta de credibilidad sobre la capacidad de Rajoy de alcanzar en el 2012 un claro triunfo electoral.

En el batallón de los escépticos figura Aznar como principal agitador, amén de como entrometido habitual -contradiciendo en ocasiones las públicas posiciones de su propio partido-, para restar credibilidad al viaje al centro del PP, camino de la renovación reformista de la que habla Rajoy. Y, de paso, dejándose querer y cortejar por los adversarios internos de Rajoy, en vez de cortarles el paso con firmeza y pública decisión.

Pero Aznar se resiste a claudicar ante Rajoy, a pesar de que teóricamente abdicó en él cuando lo nombró su sucesor, y aún se mantiene en la reserva activa por lo que pudiera pasar. Su frasecita de ayer de que "los éxitos del pasado no garantizan el futuro" es otro tirón de orejas de Aznar a Rajoy que unos interpretan benévolamente como una recomendación para que no baje la guardia, y otros como una advertencia para decir que no está segura, ni mucho menos, la victoria del PP en el 2012.

En fin, la paciencia que muchas veces exaspera a propios y extraños es una de las virtudes de Rajoy y se extiende por las cuestiones nacionales, o a las que afectan a la vida interna del PP, como se está viendo en el 'caso Gürtel'. Pero en la cuestión de la cohesión interna del partido aún le queda a Rajoy mucho por hacer. Aunque esta ingente tarea sería más llevadera y más fácil de lograr si Aznar diera ejemplo, lo que, conociendo al personaje, es difícil de imaginar.

09/07/2009 | 14:51 h.

Pablo Sebastián

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