Es verdad que cuando Zaplana y Rubalcaba ocupaban, respectivamente y no hace mucho, los cargos de portavoces respectivos del PSOE y del PP en el Congreso de los Diputados, existía entre ambos un muy discreto canal de comunicación y pacto al margen de grandes debates ideológicos y políticos para solucionar problemas considerados "delicados", y algunos que incluso afectaban personalmente a dirigentes de uno y otro partido político. Pero, marchado Zaplana y ascendido Rubalcaba al Ministerio de Interior, todo apunta a que esta privada interlocución se ha acabado y que, unos y otros, con los recientes enfrentamientos electorales de por medio y la crisis de la economía dañando la credibilidad de Zapatero, han desenterrado el hacha de guerra y van a por todas, siendo el PSOE y el Gobierno quien ha tomado la iniciativa con el 'caso Gürtel', y ahora se espera la respuesta del PP.
Así, mientras el enredo político y judicial de citado 'caso Gürtel' crece como la espuma, ahora tras la pista de dineros ocultos y las fiestas de Francisco Correa, y desde el PSOE, el Gobierno y su entorno mediático se utiliza el escándalo contra el PP, desde el Partido Popular se prepara un contraataque implacable también dentro del campo político, mediático y judicial con la más que probable presentación de un par de sonadas querellas en contra del vicepresidente tercero del Gobierno, Manuel Chaves, y del que fuera jefe de los espías y el director del Centro Nacional de Inteligencia (CNI) Alberto Saiz.
Chaves será acusado de prevaricación por cambiar la legislación andaluza, desde la Presidencia de la Junta de Andalucía, para facilitar la concesión de una importante ayuda financiera pública a la empresa Matsa, donde trabaja una hija suya. Financiación pública que previamente le había sido negada por la Administración central y que el Gobierno andaluz accedió a otorgar en un Consejo en el que el propio Chaves participó, a pesar de esta afectado por esta relación de parentesco.
La malversación de fondos públicos puede ser también causa de la segunda querella, ésta contra Saiz, a quien se le acusa de haber utilizado los fondos y a los funcionarios del CNI en su beneficio personal y actividades de ocio. Y está por ver si aparecen algunas otras cuestiones de mayor calado, una vez que son varios los agentes del CNI, destituidos por Saiz, que están filtrando los datos de estos presuntos abusos a los medios de comunicación.
Naturalmente, falta por ver si el PP culmina sus amenazas de contraataque con escándalos políticos del Gobierno de Zapatero ante los tribunales, una vez que en el caso de Chaves ya presentó y luego retiró -dijeron que para perfeccionarla- una querella que al parecer ahora va en serio. Sobre todo una vez que Chaves, desde que llegó al Gobierno de Madrid, no ha parado de agredir públicamente al PP por el 'caso Gürtel' y, también, por su crítica al nuevo sistema de financiación autonómica que el vicepresidente tercero calificó de "catalanofobia".
Se trata, por una parte, de empatar el partido de la opinión pública, y si las demandas del PP contra Chaves -en el Tribunal Supremo- y contra Saiz son admitidas a trámite por los jueces correspondientes, entonces la cosa iría a mayores porque las dos piezas del tablero que pretende cobrarse el PP, un vicepresidente del Gobierno y ex presidente de Andalucía, y el ex jefe del espionaje español, son caza mayor, que pueden compensar de una manera más que sobrada los efectos políticos y mediáticos que tienen los trajes del presidente valenciano, Francisco Camps, y los presuntos delitos del actual tesorero del PP, Luis Bárcenas, quien hasta ahora no ha estado imputado y permanece a la espera de las diligencias del Tribunal Supremo.
El resultado de todo ello es la judicialización de la vida política, algo que ya se ha visto en otras ocasiones y que puede tener, o no tener, incidencia en los procesos electorales que se abrirán a nivel nacional a partir del 2011 con las elecciones municipales y autonómicas -antes llegaran las catalanas-, pero que en todo caso servirá para inundar los medios de comunicación y los debates parlamentarios de los próximos meses, una vez que el PP se ha decidido a contraatacar, haciendo bueno el título de Larra "donde las dan las toman", aunque todavía queda mucho tiempo para saber quién es el que ríe el último y gana la batalla final.

