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Pablo Sebastián

Pablo Sebastián

Aguirre filtró noticias contra Lapuerta, Bárcenas y Rajoy

02/02/2009 | 14:53 h.

El pasado lunes día 26 Esperanza Aguirre conocía y alardeaba del ataque que, al día siguiente, iba a lanzar el diario El Mundo contra el que fuera, durante muchos años, tesorero del Partido Popular, Álvaro Lapuerta, poniendo de paso al descubierto sólo una parte de las denuncias que sobre su vicepresidente, González, habían llegado a la dirección del PP en el 2006. Y revelando conversaciones secretas del despacho de Mariano Rajoy a las que ella se refirió en público sin recato alguno. Naturalmente, ella informó a su diario de cabecera de esos hechos, como de los que involucraron en los escándalos y espionajes al actual tesorero nacional del PP, Luis Bárcenas -también nos consta-, con el objetivo de embarrar la situación y de empatar el partido de la suciedad que ha dañado, por su culpa, la imagen y posición electoral del PP.

Esta implicación directa de Aguirre en las denuncias de El Mundo contra la cúpula del PP constituye otra prueba de deslealtad y traición a la dirección del Partido Popular, esta vez a título de venganza. Porque Rajoy, una vez que Aguirre se negó a investigar el espionaje a Cobo, Prada y Lapuerta en su Comunidad, ordenó a María Dolores de Cospedal que investigara el nido de los espías que han seguido, desde la Comunidad de Madrid, a los citados dirigentes del PP.

Aunque todo apunta a que, conocidas sus artes, semejante ataque se le ha vuelto contra ella, como lo prueba el que Aguirre, una vez descubierta y enredada en su particular torbellino, dijera con simulada desolación eso de "van a por mí". Es al revés, es ella la que desde hace varios años no ha cesado de ir a la caza de Rajoy y Gallardón, con lo que queda claro que el peor enemigo de Aguirre es ella misma. Y, cuando ve perdida la partida, la presidenta madrileña lanzó su ataque suicida para morir matando y para ver si se lleva a su tumba a Rajoy y a Gallardón, una vez que ha terminado de cavar, con inusitado esfuerzo -"pico y pala, pico y pala", le gusta decir a ella- su última morada política.

Porque Aguirre no volverá a ser la presidenta de la Comunidad de Madrid, ni aunque repita -lo que está por ver- como candidata del PP en el 2011. Y, desde luego, que olvide Aguirre de pretender presidir el PP tras el congreso que está previsto en ese año, o de acompañar a Rodrigo Rato en su posible regreso a la política activa. Porque si Rato -superados asuntos como los de Aguas de Fuensanta- se sube a ese carro de sangre y fuego, de la mano de Aguirre, y de El Mundo y la COPE, que ya lo jalean como el redentor del PP con su foto de honoris causa, se equivocará. Y el partido cerrará filas en torno a Rajoy, o en torno a Gallardón si así lo decidiera el presidente del PP y los barones periféricos, Camps y Arenas de manera especial.

Medios, Caja y Moncloa

No en vano la presidenta madrileña es cómplice y especial "financiadora" de El Mundo y la COPE, y también de ABC -desde que Aguirre provocó el cese de su director José Antonio Zarzalejos-, Telemadrid, así como de otros medios ubicados en la zona más conservadora del PP, con los que Aguirre lleva varios años machacando a la cúpula de su partido. Y, especialmente, a Rajoy y Gallardón -incluso con insultos, descalificaciones y convocatorias de manifestaciones a las puertas del PP-, mientras a ella -a "la pagadora"- la llenan de elogios y la protegen, como se está viendo en estos días a pesar de que en este 'Watermadrid' la trama de Nixon habita en la Puerta del Sol.

Pues bien, la banda mediática de Aguirre no sólo ha actuado en estos casos sino que la acompaña en la caza de Caja Madrid, donde Aguirre pretendía colocar al sospechoso Ignacio González, tras lograr un pacto con el jefe del PSOE en Madrid, Tomás Gómez, que ya veremos si mantiene esa posición una vez que han estallado todos los escándalos de la Comunidad de Madrid, lo que le ofrece la posibilidad de victoria en el 2011, en coalición con IU. Y a no perder de vista la denuncia de El Mundo de que Caja Madrid ha dado en estos días un crédito a FAES, la fundación que preside Aznar, porque todo apunta a que el ex presidente del PP discrepa de la actuación de Aguirre, y defiende a Miguel Blesa frente a la peligrosa opción de González.

Y este pacto de Aguirre con el PSOE en Caja Madrid y contra la dirección nacional del PP se ha vuelto a repetir con Zapatero durante la visita que la madrileña hizo palacio de la Moncloa para negociar la nueva financiación autonómica, y para romper la línea de resistencia diseñada por la dirección nacional en la calle Génova. Lo que se suma a una inagotable colección de deslealtades y de traiciones, como las de su apoyo a los disparates de María San Gil denunciando la presunta traición de Mariano Rajoy a los principios y los valores del PP, envite que fracasó en la contundente victoria de Rajoy durante el congreso valenciano del PP del pasado mes de junio.

Una victoria que a Aguirre siempre le ha parecido inmerecida y que está dispuesta a desmontar con el discurso de que si el PP pierde los comicios gallegos, vascos y europeos en curso, Rajoy no tendrá más remedio que convocar en el próximo un congreso extraordinario, para que ella, o Rato, asuman la presidencia y el cartel electoral del partido en el 2012. Y para que no le fallen sus cálculos, Aguirre, en Caja Madrid y la Moncloa no dejó de abrir problemas y públicas desavenencias con la dirección del PP, para que todo ello ayudara en la derrota electoral. Que fue lo mismo que hizo antes de las pasadas elecciones generales del 2008, aireando la fantasmal teoría de la conspiración en Telemadrid, al mismo ritmo que el resto de sus medios de cabecera, para que se estrellara Rajoy y ella saltara sobre la cúpula del PP. A lo que no se atrevió cuando, sorprendida, vio cómo Rajoy se decidía a seguir al frente del partido -pero sin los "pro conspiradores" Acebes y Zaplana-, y con el apoyo decidido de los dirigentes periféricos del PP.

Otros espionajes

Con lo que no contaba Aguirre era con que les iban a pillar a los espías que al parecer salían de la Comunidad de Madrid para seguir a los dirigentes del Partido Popular. Y mira que tenía fácil desmentir esa operación dando a la opinión pública los horarios y trabajos que los hoy sospechosos guardias civiles desempeñaron en los días y horas de los seguimientos a Lapuerta, Prada y Cobo. Pero se negaron a la investigación, y ahora están en manos del fiscal y Cospedal, impidiéndola a esta última el acceso a los jefes y los responsables de la seguridad, lo que viene a ser una pública confesión.

En cuanto a los viajes -"gratis total"- de I. González y sus amigotes Pedro Antonio Martín Marín y Enrique Sánchez a Sudádrica, y otro a Colombia, cabe imaginar que el seguimiento pudo ser objetivo de una venganza por parte de las muchas empresas de seguridad que han sido expulsadas de la Comunidad de Madrid por los insaciables contratistas amigos de la llamada "banda de los cuatro" -estilo Mao- de dicha Comunidad, donde se integran González, Martín Marín, De Miguel y Granados, estrechos colaboradores de Aguirre en consejerías y empresas públicas, en la que el Canal de Isabel II, que pretenden privatizar -o privatizarse-, desempeña un papel crucial en la caza de Caja Madrid -allí han colocado al tal Abejas, ex presidente de la comisión de control de la Caja-, y en múltiples contratas públicas, además de sus ramificaciones en América Latina.

Lo que no ha contado Aguirre de las reuniones en el PP en el 2006 sobre el posible enriquecimiento rápido de Granados y González, que pretendieron reducir a los tamaños de los chalés, es que, en esas y en posteriores fechas, a la dirección nacional del PP llegaron numerosas denuncias de importantes empresarios extorsionados por "ciertas personas" para conseguir concursos públicos en el seno de la Comunidad de Madrid. Denuncias imposibles de probar porque, si no pagaron, la extorsión es palabra contra palabra, y si les pagaron se han hecho cómplices de un delito que no pueden denunciar. Pero lo que no impide es que en la dirección nacional del PP se tenga la certeza de una banda corrupta en esas latitudes con el dinero puesto a buen recaudo en España o en paraísos fiscales, como suele ocurrir en ocasiones similares.

Abriendo ella la investigación en el seno de la Comunidad de Madrid, tras depurar las responsabilidades oportunas -si es que ella no estaba al tanto o no ordenó personalmente esas pesquisas ilegales-, Aguirre podría haber salido ilesa de esa crisis que ha conducido a otras de mayor alcance. Pero su decisión de contraatacar filtrando al diario El Mundo -y de una manera incompleta-, lo ocurrido en el 2006, Aguirre quemó las naves, y se subió en la pira funeraria, imaginando que arrastraría a ese incendio a otros dos pretendidos bonzos, Rajoy y Gallardón, y se equivocó.

Hasta entonces, la estrategia destructiva de Aguirre contra la dirección del PP y su mensaje de que si hay más derrotas electorales Rajoy se debería marchar había llegado a calar, lo que le dejaba abierta la puerta incluso a un pacto con Gallardón para en caso de derrota en las europeas pedir los dos un congreso extraordinario del PP. Pero el ataque ciego y demencial contra Lapuerta, Bárcenas y Rajoy echando sobre la mesa las discusiones secretas de la dirección nacional del PP sobre presuntas corrupciones en su Comunidad derramó el vaso de la paciencia y proclamó la indignación de todo el partido contra Esperanza Aguirre, hasta el punto de que ya son muchas las voces que reclaman la constitución de una gestora del PP en Madrid, en el que Francisco Granados, primer sospechoso del espionaje ilegal, figura como secretario general.

El hecho de que Aguirre haya dicho los pasados días que, si se probara el espionaje de los agentes a sueldo de la Comunidad, Granados no deberá dimitir, da una idea de hasta qué punto ella y González, su vicepresidente, pueden estar implicados en esta operación. De ahí el empeño de todos ellos en cerrar la investigación de Cospedal, y la insistencia de El Mundo y la COPE en que dichos espionajes eran un asunto menor. Naturalmente, si los espionajes los hubiera hecho el PSOE habrían sido calificados de crímenes contra la Humanidad.

No cabe duda de que Rajoy tiene en todo esto su parte de responsabilidad por dejar que la rebelión de la presidenta madrileña llegara tan lejos e impedir -ahora se dará cuenta de su error- que Gallardón llegara al Congreso de los Diputados, porque de haber sido así Aguirre no estaría dedicada ahora a provocar el derribo de Rajoy para beneficiar a Gallardón. Pero todavía falta por ver si Rajoy está dispuesto a llegar hasta el final en el desafío que le ha lanzado Aguirre o si, como en otras ocasiones, acabará dando un paso hacia atrás dándole la razón y la victoria a la presidenta madrileña y confirmando que está cerca su propio final. En las próximas semanas y meses se sabrá.

02/02/2009 | 14:53 h.

Pablo Sebastián

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