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Michael Gerson

Michael Gerson

Cirugía a media luz

17/12/2009 | 14:37 h.

Es significativo que en el proyecto de reforma sanitaria ante el Senado la sección titulada "Eliminación de límites anuales o vitalicios" permita a las aseguradoras la imposición de límites de gasto sanitario anuales, que se traducen en que los pacientes que precisan de un tratamiento oncológico caro, por ejemplo, seguirán estando expuestos a la ruina financiera.

La legislación demócrata de reforma sanitaria promete todo a todo el mundo, al tiempo que impone una serie de lastres ocultos para hacer asequible una mastodóntica prestación nueva, sobre el papel al menos. De manera que sus autores libran una carrera contrarreloj: aprobar la legislación antes de que esos lastres se den a conocer por completo a la opinión pública.

El caso de los límites de gasto anual -que ahora se están volviendo a negociar después de haber sido finalmente descubiertos- resulta instructivo. Dentro del sistema de protección "reformado", cada plan sería un plan integral, obligando a las compañías a asegurar a los que ya están enfermos y limitando la capacidad de cobrar pólizas más caras a aquellos que corren un riesgo mayor. Para evitar la quiebra o elevar dramáticamente todo el abanico de pólizas de seguros, las aseguradoras quieren la capacidad de limitar las prestaciones anuales. El proyecto del Senado incluía este límite, porque unas pólizas de seguro más caras precisarían de subsidios públicos más altos para ayudar a la gente a pagarlas. Dejar colgados a los pacientes oncológicos ayuda al Congreso a cumplir sus objetivos presupuestarios.

Toda la iniciativa de reforma sanitaria demócrata hace aguas a estas alturas, a medida que su quilla se topa con el delgado canal de la realidad fiscal. Y el chapoteo que se escucha son los diversos colectivos arrojados por la borda con el fin de aligerar peso. En lugar de partir de objetivos realistas y asequibles, el presidente Obama y el Congreso demócrata impusieron el objetivo de una cobertura integral garantizada por ley a todo el mundo. Esto precisa de un montón de dinero dentro del sistema, que por fuerza tiene que salir de alguna parte. En la práctica, de alguien.

Una fuente son los jóvenes y sanos que en la actualidad asumen el riesgo de vivir sin un seguro. Ellos estarán legalmente obligados a pagar unas pólizas mensuales. Según las encuestas, a los jóvenes no les importa gran cosa estar obligados a subsidiar el gasto médico de los estadounidenses maduros con enfermedades anteriores a la contratación de un seguro. Demos las gracias por la indiferencia de la juventud.

Otro objetivo son los ancianos de Medicare. La reforma sanitaria que "no suma un centavo al déficit" da por sentadas considerables reducciones en la remuneración pública destinada a los médicos y los demás proveedores sanitarios. La semana pasada, el Centro de Servicios de Medicare y Medicaid difundía un devastador informe en el que se afirma que estos recortes "pueden ser faltos de realismo" porque amenazan la estabilidad fiscal del sistema de Medicare. Uno de cada cinco hospitales, residencias y proveedores de atención a domicilio podrían quedar en números rojos. Muchos dejarán de participar en Medicare restringiendo el ingreso de ancianos.

Supone un avance político extraordinario que los demócratas estén dispuestos a imponer un mayor riesgo a Medicare -un programa que ya se enfrenta a graves problemas fiscales- con el fin de sufragar una nueva prestación sanitaria. O puede que sepan que el riesgo es mínimo, porque con el tiempo el Congreso prescindirá de esta ambición, compensará los recortes a Medicare y financiará la reforma mediante el gasto deficitario.

Cualquiera que sea el resultado, las promesas de una mayor eficacia en la prestación sanitaria parecen huecas. "En cuestión de 10 años -afirma James Capretta, del conservador Centro de Legislación Pública y Ética-, incluso si todas estas ideas son implantadas en su totalidad, el programa Medicare se encontrará en una situación administrativa muy parecida a la actual, lo que viene a ser como sistema de cotización por consulta que recompensa la cantidad y la fragmentación, no la integración".

La fuente final de financiación es el contribuyente. En un ataque a quien tenga arrugas, el proyecto del Senado incluye una subida fiscal del 5% a la cirugía cosmética. Una fuente de recaudación mayor es un impuesto a los planes de seguro integrales "de lujo". Supone un problema, sin embargo, que muchos de los nombres que figuran en las pólizas de lujo sean de personas que fabricaban los Chevys y los Ford. A lo largo de los años, los sindicatos han aceptado con mucha frecuencia generosos paquetes de compensación a cambio de renunciar a subidas salariales. Si el enfoque del Senado llega a implantarse, habrán hecho un trato desastroso.

¿Cuánto tiempo va a pasar antes de que jóvenes y ancianos, trabajadores sindicados y millones de necesitados desesperadamente de bótox se den cuenta de que están pagando lo que supuestamente es gratis? Esto podría estar sucediendo ya, situando algunas encuestas la oposición a la reforma más de 20 puntos por delante del apoyo.

Pero puede que el mayor motivo de este acusado descenso sea la impresión de que todos estos lastres engañosos, maniobras arriesgadas, trucos contables presupuestarios, subidas tributarias y nuevas burocracias han sido lanzadas para cumplir un plazo político, sin idea clara de cómo van a afectar a la salud de la nación. Complicarse la vida en ocasiones hace falta, pero en ésta lo arreglan todo a media luz, con tiritas y gasa.

© 2009, Washington Post Writers Group

17/12/2009 | 14:37 h.

Michael Gerson

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