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Michael Gerson

Michael Gerson

Cerrar filas en torno a la bandera y al presidente

08/12/2009 | 15:38 h.

La decisión del presidente de Obama sobre Afganistán fue tardía, desordenada... y valiente.

En contraste con la expectativa de que iba a conformarse con medias tintas, Obama llegó a extremos que pocos esperaban, dejando a sus mandos impresionados y contentos. En contraste con la acusación vertida por el ex vicepresidente Richard Cheney en torno a que Obama toma decisiones de seguridad nacional por "razones políticas con 'p' minúscula", el presidente se opuso a su electorado. No hay ninguna explicación creíble para este tipo de acciones, excepto el compromiso con los intereses del país. Es hora de cerrar filas en torno al presidente.

El error de Obama -que es pequeño en comparación con su admirable decisión- ha sido un fallo de comunicación. Durante los 34 minutos de West Point no hizo mucho por describir cómo se va a desarrollar el incremento o por qué podría tener éxito.

Los líderes militares en Afganistán darán mejores explicaciones. La fuente de su confianza es muy simple: en las zonas en las que las fuerzas de la coalición proporcionan seguridad real, las comunidades responden bien, cooperando con los extranjeros y reconstruyendo sus propias instituciones de administración tribal. Pero no hay suficientes comunidades estables así, porque no hay suficientes tropas sobre el terreno.

En los lugares sin seguridad, los talibanes gobiernan mediante la intimidación. Los habitantes reciben "cartas nocturnas" amenazando su integridad y su vida si trabajan con la coalición o con los mulás que cooperan. Repartidos en la madrugada, estos anónimos son a menudo eficaces.

Finalmente, las fuerzas afganas deben ser capaces de proporcionar un ambiente de estabilidad. Razón por la cual el componente de la formación militar del incremento es muy importante. No es un simulacro. Consiste en que las fuerzas estadounidenses se acompañen de unidades afganas, transmitiendo conocimientos y profesionalidad mediante el ejemplo. Los soldados afganos se esfuerzan por impresionar y emular a sus homólogos americanos. Y estas asociaciones también combaten la corrupción. Es más difícil estar en el tomate cuando alguien vigila.

El incremento de tropas en Afganistán se desarrollará de manera diferente al de Iraq, donde el enemigo tenía una serie de refugios alrededor de Bagdad y en la provincia de Diyala. Los militares estadounidenses sabían que unas pocas brigadas adicionales podían expulsarlos y proteger a los civiles. Ciertas operaciones a gran escala en Afganistán serán parecidas. Sin embargo, cada valle pastún al este y sur de Afganistán tiene su propia historia, con locales que luchan por diferentes razones. El esfuerzo por pacificar estas zonas será selectivo y difícil.

El caos de las regiones fronterizas de Afganistán y Pakistán ha atraído a algunos de los terroristas más activos del mundo -gente que sólo va a poner fin a su lucha en la tumba-. Pero Afganistán también tiene muchos "guerrilleros accidentales", duros, armados y furiosos residentes que no son parte de la guerra contra el terror.

Deben ser convencidos de volver a las comunidades estabilizadas y aceptar la autoridad de los ancianos tribales.

El mayor obstáculo para este resultado es la corrupción gubernamental -una de las principales motivaciones de la insurgencia-. Ésta no es la corrupción tradicional afgana de nepotismo o favoritismo por la tribu propia. Es algo relativamente nuevo: gansterismo masivo integrado verticalmente. Gente que vende activos del Estado y desvía el dinero destinado a desarrollo hacia paraísos fiscales. Estos señores de la guerra metidos a gánsteres están debilitando la fe en el Gobierno afgano en el preciso momento en que esa fe es esencial para el éxito de la contrainsurgencia. El presidente afgano Hamid Karzai tendrá que realizar depuración de responsabilidades en la alta Administración y sustituir a funcionarios corruptos de toda instancia.

Pero los mandos estadounidenses no creen que este esfuerzo sea inútil.

Hasta las mejoras modestas en el Gobierno pueden convencer a algunos afganos de abandonar la insurgencia, especialmente si son conscientes de que es probable de que únicamente les conduzca a la muerte.

Esto puede sonar a conjunto de objetivos de enormes proporciones. En realidad se trata de teoría estándar de contrainsurgencia. Proteger a los civiles de la violencia -la base de todo progreso-. Ofrecerles un empleo -el papel de la ayuda y el desarrollo-. Mejorar la Administración pública. Entrenar a las fuerzas de seguridad para que asuman cada vez más competencias. Estos esfuerzos, a una escala suficientemente grande, pueden poner en marcha una dinámica virtuosa, dando a los líderes locales la confianza para cooperar y proporcionar información de inteligencia acerca de los elementos más violentos.

En Iraq funcionó. Está también funcionando en algunas regiones de Afganistán.

Es posible que funcione de manera más amplia, si los estadounidenses manifiestan voluntad y paciencia.

Finalmente, Obama debe detallar este razonamiento, porque la prueba de su liderazgo en tiempo de guerra apenas empieza. Habrá momentos difíciles la próxima primavera y verano a medida que la coalición pase a la ofensiva para invertir la bonanza de los talibanes y aportar la seguridad necesaria para el progreso económico y político. A medida que aumenten las bajas, la explicación práctica de esta estrategia pesará más.

© 2009, Washington Post Writers Group

08/12/2009 | 15:38 h.

Michael Gerson

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