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El regreso de Matahari

21/04/2009 | 14:44 h.

En Prisa están buscando al espía o la espía -que no amó pero que se casó- que filtra a los medios de la competencia las luchas de poder que se viven, a cuchillo y sin piedad, entre los primeros accionistas de la compañía, la familia Polanco y Pancho González, y el grupo de gestores que encabeza Juan Luis Cebrián, a quien, desde la familia del desaparecido "Jesús del Gran Poder", culpan de gravísimos errores de gestión y endeudamiento de un grupo de comunicación. El que debe más de diez veces lo que capitaliza en la Bolsa, cerca de 6.000 millones de euros, y se ve obligado a negociar, mes a mes, una parte importante de su deuda -cerca de 2.000 millones de euros-, porque los bancos no españoles implicados en el crédito no parecen atender a las razones políticas que, en otras entidades, se supone que habrá exhibido Cebrián, cuya cabeza exigen los financieros además de un plan de reestructuración.

El drama está servido en tan famoso castillo, donde al anochecer se oyen los pasos de las intrigas, brillan las hojas afiladas de las dagas a la luz de la luna, y escapan desde el palomar de la torre más alta las zuritas mensajeras que llevan en sus patas anilladas los mensajes encriptados sobre las luchas de poder y que una mano pálida suelta con sigilo en pos de la notoriedad: "Charles Laugthon, el gordo letrado de Testigo de Cargo, se ha hecho con el control de la renegociación de la deuda mensual, por orden del padre de La Rusa, que mandó decapitar al hijo de San Joaquín S.", decía uno de los últimos mensajes que sobrevoló el cielo de Madrid y que firmaba MTH, las siglas de la mítica Matahari.

¿Qué va a pasar en Prisa? ¿Dejará caer Zapatero a su más aguerrida flota mediática, en tan difíciles circunstancias para su liderazgo y su calendario electoral? Adivina, adivinanza, ¿qué tiene Matías Cortés escondido en su panza? ¿Quién suelta las palomas mensajeras al anochecer? Los bancos apremian la venta de Sogecable, se habla también de Santillana, y algunos han dicho que si hace falta también se entregará la SER, de la que vendieron un 30 por ciento hace un par de años, la joya de la herrumbrosa corona -como las lanzas de Benet-, que otrora fuera ceñida por Polanco en los tiempos de su aún reciente esplendor.

Y ¿qué otra solución pueden encontrar para salir del monumental enredo financiero de Prisa? Muy sencilla: la ampliación del capital y el fin de los "polancos" y de Pancho, que verían diluidas sus participaciones a favor de un caballero blanco, o negro, que dicen que está pastoreando el malvado de Cebrián. ¿Acaso es un jinete mexicano que se llama Slim y monta caballo cartujano, con arreos de plata y cuero repujado? No se sabe, nadie lo sabe, el silencio es espeso y en las alcobas de la familia se discute a media voz sobre las dificultades del momento, mientras unos y otros se culpan de no haber tomado el poder sin dilaciones a la muerte del patrón, cayendo en la trampa de las pomposas honras fúnebres y en la burda maniobra que tejió Cebrián cuando se presentó como el presunto hijo bien amado de Jesús, y el heredero y garante de todo su legado, presumiendo de pactos de sangre no escritos, que nunca debieron aceptar los herederos.

Los que no tienen más solución que o diluirse o decapitar a Cebrián, antes de que se ponga en marcha la ampliación de capital, que tiraría por la borda del viejo buque insignia del felipismo a toda la familia Polanco con Pancho incluido, y sin piedad.

Estamos a la espera de rápidos y arriesgados movimientos en el seno del consejo de administración, y por eso los de Cebrián echaron a Satrústegui de la secretaría general. Y estamos a la espera de que otra paloma negra vuelva a volar pronto y veloz sobre el cielo de Madrid y nos anuncie si la familia se atreve a dar la batalla de una vez por todas, o si se rinden y se entregan al malvado que los lleva con los ojos vendados por el precipicio de la ruina y de su ambición.

Cuando estaban "Los Polancos" en plena gloria y esplendor, matando con nocturnidad y alevosía al juez Liaño en un manipulado tribunal, entre los asistentes al linchamiento y sepelio del santo togado figuraba una dama de pálido aspecto y rojiza piel, que presumía ser amiga del juez, hasta que, de pronto, la vimos en el Teatro Real, sentada en el palco de Polanco y asida de la mano por Pancho, ante el asombro de propios y extraños, y en medio de lo que se debatió entre el amor, el interés y la traición. Lo que dio pie a la leyenda de la Rosa de Matahari.

Puede que la cosa quedara ahí, y que la dama, sabia en decoración y artes malabares, tras abandonar a sus antiguos amigos iniciara una nueva vida de lujo y distracción. O ¿acaso ha vuelto a pasarse al enemigo anterior, como si de una agente doble de ida y vuelta se tratara, y esta vez con la bendición de la sagrada familia de los polancos y compañía? Puede que sí, puede que no. Puede que otra mano blanca y más vengativa, incluso, haya tomado el relevo de Matahari y estemos ante una nueva espía, o una agente doble que nadie imagina y está muy cerca del propio Cebrián. Habrá que estar atentos y mirando el cielo de Madrid porque las zuritas mensajeras están a punto de volar.

21/04/2009 | 14:44 h.

Marcello

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