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El baile de las banderas

08/01/2009 | 15:05 h.

Nadie puede imaginar que el presidente de Francia o de Estados Unidos cada vez que recibe a un político regional o federal de su país, bien en el palacio del Elíseo o en la Casa Blanca, adorne la puerta de la residencia presidencial de la nación con las banderas locales o regionales como lo hace el presidente Zapatero cada vez que viene a Madrid, a pedir dinero -sólo a eso vienen-, cualquier reyezuelo de los taifas autonómicos españoles para así devaluar el prestigio de la nación y de la bandera española, en aras de eso que el presidente español llama su "talante", federal o confederal.

Esta fiesta de las banderitas regionales la estamos admirando a diario con la ronda de visitas a la Moncloa que están protagonizando los presidentes de las distintas Autonomías, para ver qué parte de la tarta de la financiación del Estado les va a tocar en suerte, y como consecuencia -ése es el único de los motivos- de las reivindicaciones que abandera la Generalitat, a costa del nuevo Estatuto catalán, y a pesar de que está pendiente de una decisión del Tribunal Constitucional.

Zapatero acoge a los señores feudales españoles con sonrisas y dádivas y, de paso, aprovecha para abrir fisuras en el PP porque le ofrece a Madrid o a Valencia orondas manzanas envenenadas con las que no sólo se rompe la solidaridad nacional, sino la propia interna del Partido Popular, dejando a su presidente Rajoy a la intemperie y sin la menor autoridad al frente de su partido, como ya ha quedado en evidencia tras el paso de Aguirre por el palacio de la Moncloa.

El sentimiento nacional y patriótico de Zapatero es así, fiesta de banderitas en el palacio presidencial español, donde sólo debe ondear la enseña de nuestro país, y donde sólo la cortesía internacional permite instalar las banderas de ilustres estadistas extranjeros. De manera que Zapatero le da rango de país extranjero al total de las Autonomías, lo que constituye un gigantesco error. Pero el presidente es así y está en campaña electoral en el País Vasco y Galicia, y por eso ahora no hace campaña del "Gobierno de España", como hizo en las elecciones generales metiendo la bandera de España en todos los anuncios del Estado, y fichando a José Bono como el mascarón españolista y catolicón de la nave del PSOE.

Y, como le dijo una vez Adolfo Suárez a José Ramón Lasuén, cuando en la Moncloa el ex líder de UCD preparaba la formación de su primer Gobierno democrático, Zapatero le dice a sus visitadores monclovitas eso de: "No os preocupéis porque habrá globitos para todos". Y los recibe en la escalera del palacio presidencial bajo la banderita de turno, los sienta en el despacho con más banderitas -la europea también, por supuesto- y finalmente les presta a todos la sala de prensa de la presidencia -otro error- para decir lo contentos que están. Al menos hasta que se conozcan las cifras de la que será nueva financiación autonómica y se sepa quién se va a llevar la parte del león de los dineros del Estado. Los que Zapatero despilfarra en favor de todo el que llega solícito y acogotado a los altos salones presidenciales -sindicatos, banqueros, empresarios, Autonomías, etc.-, fabricando así una inmensa pirámide de gasto público, al estilo de Madoff, pero a cuenta del déficit imparable e impagable español.

08/01/2009 | 15:05 h.

Marcello

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