La niña de Rajoy, Soraya Sáenz de Santamaría, se ha hecho mayor, está más crecidita y confiada, y aunque se deja amonestar por Pepe Bono, que la señala con el dedo como si fuera el mismísimo maestro ciruelo del bisoñé, ella no se inmuta porque sabe que es la empollona de la clase (política), y además está segura de que cada vez que le pone las peras al cuarto a la vicepresidenta De la Vega, a Bono le da una inmensa alegría, por más que disimule desde su pontifical sillón, donde medita sobre el primer escaño del banco azul del Gobierno, que pudo ser suyo y donde se sienta Zapatero, "el impostor".
Sorayita no nos llama, no cumple, bad girl; está entusiasmada con lo de las elecciones europeas y se ve de ministra de Administración Territorial, o de Justicia, y mira a Mariano como si fuera su padre político o una estrella del Hollywood español. Pero Soraya, que tiene nombre de emperatriz de Irán, ya ha aprendido también los trucos -iba a decir las malas artes- de la política, y empieza a mover los hilos parlamentarios de la oposición con excesiva facilidad, y sabe pactar y negociar con Duran Lleida olvidándose de la persecución de los castellanoparlantes en Cataluña, y olvida muchas más cosas en sus charlas con Erkoreka, el del los burros volando, que vaya si vuelan.
Pero eso no es todo, ahora la portavoz del PP en el Congreso ya empieza a hacer de correa de transmisión de intrigas y titulares del diario El Mundo, como en su tiempo lo hacían Zaplana y Acebes con las 500 preguntas al ministro del Interior, a propósito de la conspiración del 11-M que nunca existió. Y hemos visto muy activa a bad girl con lo del jefe de espías del CNI, o con el caso de la hija de Manolo Chaves, donde el PP ha montado su particular bodevil, con la querella puesta y quitada, algo parecido al lío de su pobre alter ego, José Antonio Alonso, quien, desde que se fue -o lo echó- Ramón Jáuregui, no da pie con bola y suda la gota gorda para pactar con una minoría el techo de los Presupuestos y con la otra el suelo abierto del Gobierno para que no se derrumbe antes del 2012 el tinglado de la farsa.
Eso sí, a Sorayita, como a Rajoy, le sientan a cuerno quemado las invectivas de El Mundo y los estertores del mandril de la COPE, pidiendo la cabeza de Luis Bárcenas antes incluso de que declare en el Supremo, lo que sería tanto como echarlo a los pies de los caballos, admitiendo su culpabilidad.
Pero en el PP son así y después de la caña que les dan los de El Mundo y la COPE se dedican a publicitar en el Parlamento sus andanzas como si no tuvieran otra cosa mejor que hacer, convencidos de que eso distrae y casi empata el 'caso Gürtel'. Además, a Sorayita bad girl, Pedro J. la sacó en la chaisse long que utiliza el psiquiatra del director de El Mundo, con la falda arremangada y luciendo la pantorrilla, en plan Cleopatra de Lepe, para que el mandril de la COPE no pueda preguntarle aquello de si "conoce barón".
Lo que los españoles esperan del PP es otra cosa, y no reportajes para la venta de periódicos. Esperan: su plan claro y preciso anticrisis; su proyecto para hacer frente a la situación de los bancos y cajas de ahorros -en vez de decir amén a lo que manda el Gobierno, como dice al Gremlin de Montoro-; su posición clara y neta sobre la energía nuclear, su proyecto de reforma de los contratos laborales; su diferente política exterior, ahora que Moratinos se calla sobre Irán, aplaude a Netanyahu y apoya a Durao Barroso, otro de la foto de las Azores en el arranque de la guerra de Iraq.
Es la alternativa, la gran política económica y social, la que se espera del PP, y no la de las cacerías de Bermejo y la pesca de Saiz. Pero en el PP da la impresión de que no están para decir nada que los pueda comprometer y se conforman con esperar el desgaste del Gobierno. Ni siquiera sabemos cuál es la posición oficial y nacional del PP sobre la reforma del actual sistema de la financiación autonómica, asunto de la que parece experta la portavoz, y que no sale por ninguna parte, ni en ninguna de las preguntas de la sesión de control al Gobierno y ella, y ellos sabrán por qué. A lo mejor porque con un pacto, o dando barra libre a sus presidentes autonómicos, piensan que se puede arropar a Camps, o porque tienen claro que Aguirre, que está loca de amor por Pepiño Blanco, hará lo que le dé la real gana y no acatará lo que mande Mariano, a pesar de la mano tendida y abierta que el líder del PP le lanzó desde Valencia y que la condesa de Bombay le morderá a la primera oportunidad.
Sorayita, bad girl, chica mala, ¿dónde está la gran política del partido que se cree la alternativa? Menos preguntas sobre las portaditas de periódicos en el Congreso y más coherencia y claridad en las posiciones y programa del Partido Popular. Si vais por ese camino, Zapatero se puede recuperar, que es en definitiva lo que pretende Pedro J. ¿Cuándo os vais a enterar?

