De todos estos días agitados de política exterior hemos sacado la novedosa conclusión de que Zapatero se ha enamorado, políticamente hablando, de Obama. Eso de que el presidente americano haya anunciado en Praga que hay que eliminar todas las armas nucleares del mundo, y que lo diga el país que tiene el mayor arsenal y que fue el inventor del uso nuclear como arma disuasoria -por no decir amenazante- le ha llegado al alma al presidente de España. El que se pasó el día de ayer persiguiendo a Obama por el gran bazar de Estambul para llevarlo a ese club de amigos, que en España jaleaba la esposa de Cebrián, y que se llama la Alianza de Civilizaciones, a donde, por fin, Obama se acercó a tomarse un zumo de naranja porque allí, entre los moros, está prohibido el alcohol.
La verdad es que este Obama tiene un poco/mucho de naif. Y dice ciertas cosas que no parecen propias de comandante en jefe de la primera potencia militar del mundo. Y no es que no nos gusten, porque suenan bien, sino que nos da la impresión de que están al margen de la realidad y son mas propias de un pacifista universitario que de un presidente americano, al que Zapatero ha calificado de facilón, cuando dijo que era muy fácil entenderse con él. Y, de manera especial, después que Obama anunciara el final del armamento nuclear, aunque no puso fecha, y luego sobre la marcha fue rectificando y diciendo que él no lo vería en vida.
A Marcello (y puede que a Hillary Clinton también) le producen una cierta desconfianza estos políticos que van tan deprisa y que luego suelen frenar en seco. Que nos salen pacifistas y que al final no dudan en bombardear Irán o Corea del Norte, para que no les llamen "niñas" los generales del Pentágono. Y me asombra que Obama declare todo su amor al Islam, y elogie el Corán, porque ambas cosas están en las antípodas de las libertades, de los Derechos Humanos y de las personas. Y, lo que es peor, me alarma que Obama llame "amigo" a Zapatero sin conocerlo y después del lío de Kosovo, a no ser que le tome por tonto.
El estreno internacional de Obama está pareciendo algo tan sorprendente que hasta Fidel Castro -que a lo mejor lo considera un chollo- parece dispuesto a entrevistarse con él. Y puede que Chaves le erija una estatua junto a Bolívar, y que Lula lo nombre rey del próximo carnaval.
No, si al final va a tener razón Sarkozy, que sí tiene los pies sobre la tierra, cuando le dijo a Obama que ya está bien de "discursos bonitos", y que hay que ir al grano. Pero Obama, aclamado por las calles de Europa, se ha crecido en su estreno internacional y se sube a los cielos como un globo de gas, o como un santo en levitación si nadie le agarra por los pies. Tan es así que a Zapatero se le ha ocurrido decir que hay que preguntarse que es lo que podemos hacer los ciudadanos del mundo para ayudar a Obama en su ansia de paz. Alguien dijo que, en cosas de la fantasía y del buenismo, hay algún parecido entre Obama y Zapatero. Esperamos que no, porque si se confirmará vamos listos, y camino de la tercera guerra mundial.

