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Job Esponja

17/11/2009 | 16:53 h.

Este Rajoy tiene unas tragaderas y una paciencia inagotable. Es a la vez una esponja que asimila y se empapa de todo lo que le rodea, y sigue con la paciencia del santo Job, a pesar de que anunció que santo Job no había nada más que uno. Pues bien, uniendo ambas cualidades tenemos una versión un tanto peculiar del nuevo héroe nacional infantil: el gran "Bob Esponja", ese delicioso personaje, sonriente e imaginativo que siempre sale airoso y que vive en las profundidades del mar. Pues bien, Rajoy es el "Job Esponja" de la política española.

Hay que ver, por ejemplo, con qué entusiasmo y generosidad ha acogido Rajoy la foto de Paco Camps, el curita -según "el bigotes"-, al volante de un Ferrari azul popular, donde llevaba a Rita de copiloto, mientras todo el PP se esforzaba en dar imagen de unidad y obediencia al líder del partido. A Rajoy no le parece mal. ¿Qué va a decir el Job Esponja español? Lo que tenía que haberle dicho Rajoy a Camps cuando le anunció que abandonaría la convención para subirse en el Ferrari, tras abandonar a sus compañeros, es lo siguiente: "Tú, Paco, te quedas aquí, y que conduzca Rita la cantaora". Bueno, es lo menos, después de los líos de 'Gürtel', los trajes, los contratos, sus amores con "el bigotes", su negativa a suspender a Richi Costa y lo del tiro en la nuca para aparecer asesinado en la cuneta. Además, qué pasión la de los valencianos por los coches, Costa se rompió los morros en el Infiniti, Camps va en Ferrari y el pobre Rajoy, nuestro Job Esponja, subido en una bicicleta estática y venga a pedalear camino del Tourmalet del 2012.

Y con Aguirre, más de lo mismo. Rajoy, el día del comité ejecutivo, debió decirle a la lideresa que se personara inmediatamente en la reunión, o que le atizaba una gestora en Madrid, como la que hace tiempo debió atizarle tanto a ella como a Camps. Pero Job Esponja es así, de blandito, de tierno, de posibilista y no quiere disgustos, y aguanta lo que le echen, como lo acaba de reconocer en Barcelona. Y Aguirre ha dicho que no quiere ni oírlo en sus discursos, tonante en Madrid e inane en Barcelona, y buena es la condesa de Bombay para que nadie le toque la pamela. Esperanza está, además, dedicada en cuerpo y alma a la presentación de su libro sobre los discursos políticos más importantes de la Historia, que seguramente le han escrito uno o dos negros -puede Regino sea uno de ellos- para lucirse en plan intelectual, y completar su biblioteca, una vez que ya se publicó esa hagiografía de La Presidenta. Empeñada como sigue la condesa en ser la lideresa nacional del PP, a nada que se desmaye o se canse Job Esponja, es decir, Rajoy.

La condesa -me lo ha dicho un pajarito- sabe esperar, y todavía no descarta nada, ni derribar a Rajoy, ni tampoco renuncia a la idea de colocar al chino González de la coleta blanca en Caja Madrid. Aguirre sabe esperar, como lo hace Marcello en la estación de Navalcarnero, a ver si llega el tren o ver si la condesa descubre -antes que el fiscal anticorrupción- el secreto que el maquinista esconde en su primer vagón, y todo ello sin olvidar alguna que otra sonora irregularidad que el mayordomo del maquinista dice que se va a subsanar. Veremos.

El que anda en la parte baja de su ciclo político es Gallardón, que en esto de Job Esponja representa el papel del insatisfecho Calamardo. Y aunque cree el alcalde que ha ganado algo en la batalla de Caja Madrid -su apuesta era la permanencia de Blesa-, lo cierto es que se ha hundido en el escalafón de la línea sucesoria de Rajoy, donde se ha instalado Rato aunque, por ahora, parezca dedicado a su dorado palacio de Caja Madrid. Gallardón, responde, ¿estás ahí? ¡Ríndete! Nada, no se oye nada, sólo unos sollozos del pobre y fiel Cobo, su Chutí.

Con lo que no cuenta Job Esponja es con José María Aznar. Dice Rajoy que a él no le consta que el presidente de FAES esté enfadado por causa de su marginación de la convención catalana del PP. Y además le recuerda que está fuera de la política, y esto dice el osado y optimista Rajoy olvidándose de quien fue su mentor. Lo de tragar con Camps o con Aguirre se entiende porque Job Esponja teme perder los caladeros de los votos de Valencia y Madrid. Y lo del mal trato que le ha dado a Gallardón -que a la espera está del indulto de Cobo- se entiende un poco menos, pero aquí que el que traga es el alcalde Calamargo, que además es un malqueda de mucho cuidado.

Ahora bien, que se cuide el Job Esponja Rajoy de Aznar, porque ahí sí que va a pinchar en hueso y se puede equivocar. Además, Aznar no necesita del aparato del partido, ni de la convención, a él le basta con convocar una rueda de prensa pidiendo un congreso y la dimisión de Rajoy y ya está. Y luego, si se atreve, que se acerque la Cospedal al presidente de honor del PP a darle la réplica a ver si le pone el cascabel. Pero si no se atrevió con Aguirre, pues imagínense ustedes con el padre del PP.

17/11/2009 | 16:53 h.

Marcello

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