El Grupo Prisa y los de La Sexta y Mediapro están negociando una boda a todas luces indecente, uniendo sus deudas y sus problemas para salir de las quiebras que revolotean sobre sus respectivas cabezas, y unir sus esfuerzos en pos de salvar a su padrino y protector, el presidente Zapatero, con el que los de Prisa -amén de considerarlo en privado un temerario y un incapaz- tuvieron sus más y sus menos, porque el presidente les montó en su espacio político una competencia que parecía tontorrona pero que les resultó feroz en la televisión y en los derechos del fútbol.
Pero la loca ambición de unos y otros, cazados en la crisis económica y el vuelco tecnológico que daña a todos los soportes de comunicación, los ha llevado a los dos, a Roures y a Cebrián, al borde de la quiebra y a una mesa de negociación política en la que todo entrará en juego: la fusión de las dos cadenas de televisión, Cuatro y La Sexta; el acuerdo o fusión de Mediapro y Sogecable (con la cabeza de Díez Polanco servida en bandeja de plata a los dos comensales); la posible desaparición del diario El Público; y pacto y reparto de los derechos deportivos del fútbol.
Podría decirse aquello de Zapatero los cría, luego los enfrenta y al final los junta. No en vano es desde la Moncloa desde donde se pilota la salvación de estos dos poderosos grupos de comunicación socialistas, con influencias y ayudas de todo orden. Desde sugerencias a los grandes bancos y las cajas para que aguanten las deudas y renueven los créditos, hasta movilizando ayudas directas e indirectas, como el regalo de la publicidad de TVE, que para colmo tendremos que pagar todos los españoles a través de un nuevo impuesto.
Es decir, con la misma facilidad que se montó La Sexta desde la Moncloa y se exoneró a Canal Plus de su condición de televisión de pago codificada, ahora Zapatero colma de regalos a sus altavoces mediáticos y los mete en estas bodas de sangre, porque no puede acabar bien un bodorrio en el que se adivinan navajas afiladas escondidas en los refajos de los representantes de las dos familias que asisten a los esponsorios. Aunque todo apunta a que habrá una tregua para salvar a Zapatero, si es que tiene salvación, porque si cae Zapatero, adiós a sus multimedias.
A Prisa ya lo salvó Aznar, a su pesar, permitiendo la fusión de Sogecable con la Vía Digital suponemos que a cambio de la cabeza de Rodrigo Rato, que Polanco tenía al alcance de su mano. Ahora es Zapatero quien los tiene que volver a salvar y, de paso, a los de La Sexta, unos aventureros e intrusos políticos en la comunicación, con lo que los discursos de las grandes y las pretendidas empresas ejemplares y del pretendido periodismo de calidad del que suelen hacer alarde los chicos de Prisa, nada de nada. En todo caso, periodismo de partido, que es lo que desde pequeñito mamó Cebrián.

