Publicidad

Estrella Digital EstrellaDigital.es el primer diario digital en español

Publicidad
Manuel Martín Ferrand

Manuel Martín Ferrand

Sobredosis de convencimiento

30/11/2009 | 14:50 h.

"Si la libertad significa algo,

Es el derecho de decir a los demás

Lo que no quieren oír"

(George Orwell)

Es posible que la fe pueda abrirnos las puertas del más allá; pero, en lo que respecta al más acá, las ideas incuestionables constituyen una rémora que lastra el progreso, adelgaza la libertad, fomenta el fanatismo y, en su versión partitocrática, acaba con la democracia representativa. Me refiero, naturalmente, a las ideologías cerradas -en lo político, en lo social y en lo territorial-, a las que se sienten en posesión de la verdad y niegan el pan y la sal a los diferentes e, incluso, a los distantes y sencillamente tibios en las pasiones bajo las que muchos tienden a agruparse, bien sea por convicción o interés.

Sospecho, queridos lectores, que buena parte de los males que nos afligen se sustentan en la sobredosis de convencimiento, de fe, que marca la conducta de quienes, en los distintos ámbitos de poder que nos afectan, dudan menos de lo que sería conveniente. Un exceso de certeza es, siempre, el origen de una calamidad. Tenemos un rico muestrario de ejemplos para ilustrar esa afirmación -¿demasiado cierta?- en cualquiera de los epígrafes de la actualidad en curso.

Nuestras crisis en curso son hijas de la certeza infundada. José Luis Rodríguez Zapateo, el líder que no duda, después de enzarzarnos a todos en un grosero regüeldo de los odios históricos, ha decidido, convencido de su sabiduría (!), elaborar la tortilla de la recuperación económica nacional sin romper los huevos de una drástica transformación laboral que nos sitúe en un plano competitivo con el resto de la UE. Pretende la multiplicación de los panes y los peces, pero sin haber nacido en Belén.

El último de los zarandeos a nuestra convivencia nacional, el editorial conjunto de los diarios catalanes, es otro caso de certeza -real o impostada, es lo mismo- nacionalista y berroqueña. Es el síntoma del gran fracaso de convivencia española y la ruptura de unos supuestos que, durante siglos, han animado la Nación española. Los nacionalismos, tanto más cuanto mayor es su componente identitario y territorial, han pasado a ser, para unos, una manera de vivir y, para otros, una referencia victimista que, frente al Estado, produzca efectos contrarios, separadores, a la intención integradora que animó a los redactores de la Constitución de 1978.

En un país en el que los líderes, prisioneros de sus certezas, no se permiten el lujo de la duda y la inmensa mayoría de los ciudadanos votan, sin mayores reflexiones, un símbolo partidista mejor que un programa o un proyecto, hay poca esperanza de futuro. Especialmente si se tiene en cuenta que un hiperdesarrollo administrativo ha esclerotizado la vida pública hasta convertirnos en meros contribuyentes.

Son muy pocas las cuestiones que se someten a revisión, incluso en el plano personal y la inercia de una gigantesca y gastosa máquina pública nos tiene secuestrados. Los dos grandes partidos nacionales no manejan proyectos de regeneración, sino que tratan de perpetuar el modelo vigente sin más aspiración hipotética que un turno de alternancias, y los demás, los pequeños partidos periféricos, todos fervorosos de su propio ombligo, tampoco manejan proyectos nacionales. Se limitan, en el mejor de los casos, al regocijo de lo próximo.

España es un lujo que no nos podemos permitir. Vamos perdiendo presencia y respeto internacionales y, aun así, nadie reacciona. Al hilo del Estatuto de Cataluña ha germinado una espiral, ya dibujada en otras peripecias anteriores, que puede dañar seriamente el futuro común; pero, cada cual en sus certezas, tampoco es mucha la reacción que ello genera. Es el marco para la desesperanza común que sólo puede aliviarse con un proyecto también común y de altos vuelos. Sin certezas, con voluntad y ambición cívicas. Con algo más que una política de campanario para feligreses partidarios.

P.S.: Con estas líneas me despido de los lectores de ESTRELLA DIGITAL. Durante una década, unas veces con más frecuencia y otras con menos, ha constituido para mí un privilegio colaborar en lo que ha sido una de las grandes tribunas de libertad en la prensa española y, además, un fenómeno pionero en la periodismo digital no derivado de las publicaciones de papel. Suspendo ahora mi presencia en este rincón de la red. Volveremos a encontrarnos en la esquina de cualquier periódico, diario o semanal, en el dial de una emisora de radio o en la sintonía de una de televisión. En internet, que es uno de los vectores del futuro. Con mi agradecimiento.

30/11/2009 | 14:50 h.

Manuel Martín Ferrand

Bio Manuel Martín Ferrand
Publicidad
Publicidad

(c) 2010 La Estrella Digital, S.A | Contacto | RSS