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Manuel Martín Ferrand

Manuel Martín Ferrand

Chacón y los piratas

05/10/2009 | 14:55 h.

"Las civilizaciones se forjan con ideas,

Pero se defienden con cañones"

(Gustave Le Bon )

Mi admirado Arturo Pérez-Reverte, hombre de pluma ágil y convicciones sólidas, suele tirar de pluma como sus personajes lo hacen de la espada y, a cada mandoble, se lleva por delante alguna de las muchas y falsas acuñaciones del poder en la España de hoy. En su sección en el XLSemanal, el más millonario de los suplementos dominicales de la prensa española -curiosamente titulada "Patente de corso"-, acaba de comprometerse a averiguar qué es lo que, exactamente, defiende la ministra de Defensa. Si lo consigue nos hará un gran servicio a todos los analistas de la actualidad.

El Ministerio que Zapatero le tiene encomendado a Carme Chacón, su frustrado proyecto hereditario para la perpetuación del zapaterismo, es la mayor evidencia de la condición inconsistente del líder socialista. En toda nuestra historia, que es larga y belicosa, nunca habíamos tenido, como hoy, un Ejército tan bien formado. Sus jefes, oficiales y suboficiales son modélicos y tan bien formados profesional, humana y culturalmente como los mejores del mundo. Y sin embargo el poder político, al que deben obediencia las Fuerzas Armadas, nunca había tenido tan desdibujada e imprecisa como ahora la idea de cuál es su función principal y cuántos sus posibles usos y aplicaciones complementarios.

Ese pacifismo de guardarropía que luce Zapatero, parte esencial de su disfraz buenista y de su confusión ideológica, nos lleva a una situación poco deseable. Un Ejército sin armas ni pertrechos suficientes consagrado a "funciones humanitarias" de difícil explicación en las se cruzan los disparos y se entierra a los muertos. Algo de difícil explicación e imposible comprensión. Especialmente si se tiene en cuenta que los grandes pactos de defensa que tenemos suscritos, uno multinacional con la OTAN y otro bilateral con EEUU, excluyen la protección internacional de nuestro flanco sur, el único en el que existe riesgo de agresión extranjera si llegaran la hora y la necesidad de defender el territorio nacional.

Un suceso en curso, el secuestro en aguas del Índico del atunero español Alakrana por unos piratas somalíes, pone en evidencia los erráticos planteamientos de Defensa y su ministra de cuota. Un Gobierno puede decidir, y ésa es su prerrogativa, proteger o no proteger a los pesqueros españoles que operan en la costa de Somalia. La única opción no admisible es que la decisión, de puro ambigua y fofa, sea inevitablemente conducente al fracaso.

La decisión de Chacón, avalada por el Gobierno, fue destacar en aquellas aguas la fragata Canarias con doscientos hombres a bordo para, llegado el caso, disuadir, siempre con buenas maneras, a los piratas. El océano Índico es la tercera masa marítima del mundo, con una superficie superior a los 73 millones de kilómetros cuadrados. Para hacernos una idea precisa, 35 veces mayor que el Mediterráneo. Sólo la costa de Somalia tiene más de 3.000 kilómetros de longitud y la Castilla dispone de una autonomía de poco más de 5.000 millas a una velocidad de 12 nudos. Son datos que hablan por sí mismos y que no exigen muchas explicaciones.

Los pesqueros franceses han conseguido un mayor respeto de los piratas somalíes gracias al pragmatismo que imprime siempre a sus decisiones la política de nuestros vecinos por el norte. Cuatro infantes de marina, fuertemente armados, viajan a bordo de cada uno de los pesqueros galos que faenan en aquellas aguas. Según Chacón, eso no encaja en nuestro ordenamiento y, lejos de cambiar el ordenamiento, se enfrenta a los piratas somalíes como si estuviera leyendo, en un sillón de orejas, una de las novelas del género que, del Corsario Negro a Sandokán, nos regaló Emilio Salgari.

La Infantería de Marina es un invento español. La concibió nuestro Emperador Carlos en 1537. Ésa es la solución sin complejos. Una fragata perdida en el mar no puede cubrir un marefundio semejante. A no ser que, siguiendo el ejemplo de Salgari, hayan decidido que la Nación, como el escritor, se suicide haciéndose el haraquiri. Tiene razón Pérez-Reverte, ¿para qué servirá hoy el Ministerio de Defensa?

05/10/2009 | 14:55 h.

Manuel Martín Ferrand

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