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Manuel Martín Ferrand

Manuel Martín Ferrand

Cajas (muy) negras

29/06/2009 | 14:53 h.

"Un banquero es un hombre que presta

A otro el dinero de un tercero"

(Barón de Rothschild)

La escueta, cruel y sincera definición de banquero que encabeza estas líneas se complementa y perfecciona con la que, en uno de sus famosos espectáculos, acuñó Bop Hope para explicarnos lo que es un banco: "Un lugar donde te prestan dinero si puedes demostrar que no lo necesitas". Lo de las Cajas de Ahorro, en España, fuere cual fuese su germen fundacional, es mucho peor y muchísimo menos divertido. El banquero, por lo menos, es, en todo o en parte, propietario de su banco y se expone al riesgo que ello significa. Las Cajas no son de nadie. Las "ocupan" unos consejos de administración por razones que no siempre son nítidas y fáciles de explicar. Tampoco prestan dinero a quienes no lo necesitan. Suelen hacerlo, pródigamente y según las adscripciones políticas de su circunscripción, a los jefes y jefecillos de los partidos políticos que les resultan más afines y, sobre todo, según los designios de quienes utilizaron su poder y su influencia para que sean ellos, y no otros de mayor merecimiento, quienes conforman la cúpula del poder de las Cajas que "administran".

La crisis financiera que nos acosa, aunque por razones no exactamente coincidentes con la crisis global, se ha cebado con saña especial en las Cajas. Los bancos españoles, la mayoría, van capeando la tormenta del mejor modo posible; pero las Cajas, la mayoría, han hecho inversiones tan disparatadas, financiado negocios -mayoritariamente inmobiliarios- de tan poca solvencia y gastado, con distintos pretextos, de forma tan desordenada que son muchas las que atraviesan por graves dificultades. Tan graves, que muy pocas entre esas muchas podrían superarla por sus propios medios.

Tan difícil es el momento de las Cajas que, a fecha de hoy y después de una notable reducción en su número histórico, existen más de cuatro docenas y están condenadas a fusionarse entre ellas y/o suspender su actividad. En el mejor de los casos, sobrevivirán poco más de una docena. Algunas son enormes y otras mínimas, pero todas tienen en común el servicio político a quienes, territorialmente, tienen capacidad para nombrar y desnombrar a sus rectores.

El Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, que cada día demuestra una capacidad inventora superior y más risible que la del Profesor Franz de Copenhague, el del TBO, se dispone a socorrer, otra vez, a las entidades financieras en apuros. Cuenta para ello con el Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (FROB) -¡toma nísperos!, que diría el maestro Campmany-, que dispondrá, para empezar a andar, de 9.000 millones de euros. Dos tercios con cargo al Presupuesto y uno procedente del Fondo de Garantías de Depósitos.

Es un apósito que cubrirá, si llega, la purulenta herida de las Cajas; pero, como todo el mundo que no pertenece al Gobierno sabe, tapar una herida antes de limpiarla y desinfectarla a conciencia es un remedio peor que el mal que se trata de atajar.

Por mucho que, al alimón, María Teresa Fernández de la Vega y Elena Salgado quieran quitarle hierro al problema, el de las Cajas es gravísimo. Para muchas, terminal. No alcanzarán los 27.000 millones de euros de endeudamiento añadido que prevé el Gobierno para echarle unas medias suelas al agujero del conjunto. Y lo que es más grave: ¿por qué extraña razón no se nos informa con la claridad a la que tenemos derecho, como contribuyentes y como clientes, de la dimensión del problema de todas y cada una de las Cajas? El Gobierno está echando sobre los lomos del Estado una responsabilidad añadida en el caso, ojalá que no llegue a producirse, de que los petardazos previsibles se conviertan en traca atronadora.

¿No hay nadie responsable en las Cajas, ni tan siquiera en la de Castilla-La Mancha, de mala administración, gestión incorrecta, concesiones crediticias temerarias o disposición desmedida de bicocas y sinecuras? ¿Tampoco tienen responsabilidad política quienes nombraron esos consejos y quienes, debiendo hacerlo, no han mantenido una vigilancia diligente? La cadena de fusiones que nos aguarda será un remiendo más para una prenda insostenible y descompuesta si, previamente, no se esteriliza la infección presente y se dicta un nuevo y exigente reglamento de juego.

29/06/2009 | 14:53 h.

Manuel Martín Ferrand

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