Una cosa es meterse un chute de autoestima a base de sacudir el gabinete para comunicar mejor y otra es pasearse como los chulos cuando van a la piscina. El ajuste de gobierno que acabó en mega crisis ha tenido tal efecto en el PSOE que José Blanco, ministro de Fomento y secretario de organización bis, ya proclama que estamos a punto de acabar con ETA. Alfredo Pérez Rubalcaba ya debe estar arrepintiéndose de que este Gobierno tenga 15 portavoces.
Blanco lo dijo en un acto de partido porque de alguna forma hay que animar a las tropas. No podía decir que están a punto de acabar con el paro, ni que la reforma laboral favorece al trabajador ni que han encontrado la manera de castigar a los que se han enriquecido con la crisis. Eso sería mentira. Así que el ministro de Fomento se decidió por ETA. Sus compañeros de partido, afortunadamente, van con pies de plomo. Rubalcaba vende las detenciones de terroristas sin lanzar campanas al vuelo, el lehendakari y el presidente del Gobierno acuerdan no relajar la exigencia a Batasuna y José Antonio Pastor pide prudencia. Todos ellos saben lo arriesgado que es hablar del fin de ETA por mucho que una parte de la izquierda abertzale haya empezado a moverse.
La sobredosis de eso que Patxi López bautizó como “espíritu de la remontada” provoca en Blanco incontinencia verbal. Otra muestra es la gracia de decir que los del PP “la tienen más grande” en referencia a la bandera. Pues resulta que sí, que el PP puede ahora presumir de tamaño al menos en lo que se refiere a intención de voto. Concretamente, la tiene casi 13 puntos más grande.

