La idea del título de esta columna no es mía. Durante una de las muchas dictaduras argentinas hubo un ministro de Economía llamado Martínez de Hoz al que se le apodó "Hood Robin" porque quitaba el dinero a los pobres para dárselo a los ricos.
En la reciente ceremonia de la confusión, una más, de la subida de impuestos, el presidente del Gobierno afirmó que esa subida afectaría sobre todo a las rentas más altas. Lo dado a conocer este sábado por su ministra de Economía desmiente rotundamente esa afirmación. No parece ser Robin Hood, más bien Hood Robin.
Como estaba cantado a pesar de esas afirmaciones, el peso de esta chapuza fiscal, que simplemente intenta tapar graves y crecientes agujeros presupuestarios causados en gran parte por la propia política del Gobierno, recae sobre el IVA, impuesto indirecto y, por definición, aunque intentan hacernos creer lo contrario, regresivo e injusto. El impacto sobre las rentas medias y bajas aumenta con la desaparición de la deducción de los cuatrocientos euros. Aquí el error monumental fue en el origen porque dicha deducción sólo se debió haber establecido, si para alguien, para las rentas más bajas. Como se ha señalado, el 95 por ciento del aumento de la recaudación prevista caerá sobre las clases medias y bajas, los paganos de siempre. El toque "progre" lo da esta vez el Gobierno con una subida de tres puntos en las rentas de capital para aquellas plusvalías que superen los 90.000 euros. Las famosas SICAV, donde se refugian los más ricos y poderosos, ni se tocan. ¿Tendrá algo que ver eso precisamente, que es el refugio fiscal (no el único, hay más) de esos ricos y poderosos con que no se toquen? No seamos mal pensados, aunque ya Marx (el malo, el bueno es Groucho) decía aquello que los gobiernos son los consejos de administración de la gran burguesía.
No sabemos en qué previsiones macroeconómicas se enmarcan estas medidas, aunque las escasas cifras conocidas hacen suponer que son excesivamente optimistas, y en ellas brilla la falta de coherencia. Lo poco que se conoce del gasto público permite suponer que el recorte, si lo hay, será mínimo y que el despilfarro, en gran parte causado por un Estado de las Autonomías que siempre crece, no cesará.
También ofrece serias dudas el momento. Se prevé que el alza del IVA sea partir de julio, momento en que, según declaraciones oficiales, la economía española empezará a crecer. Permítasenos dudar de ello. Si eso no ocurre, la subida del IVA será un factor que agudice la recesión y que aumente simultáneamente el fraude, ya enorme, en este impuesto.
Terminada, en principio, una chapuza, empieza otra, que es la de buscar apoyos parlamentarios para aprobar los Presupuestos "como sea". Será otro ejemplo más de la incapacidad de este Gobierno, de su falta de responsabilidad y de su frivolidad cuando estamos en una gravísima crisis no sólo económica sino institucional y social.

