No hay día que pase sin que aparezcan nuevos datos y hechos que muestran la profunda crisis en la que se encuentra nuestro país. Crisis no sólo económica sino también institucional, social y de valores.
El Gobierno de Zapatero y su partido, el PSOE, están en profunda bancarrota política y de principios. Ya no se trata sólo de su absoluta incapacidad para encarar la grave situación económica y de su total falta de liderazgo y de credibilidad. Es mucho más que eso. Esta semana pasada dio otra muestra de todo ello con un vergonzante acuerdo con el PNV para blindar las normas fiscales de las diputaciones vascas, normas que suponen simplemente privilegios basados, según se afirma muy seriamente, en unos curiosos "derechos históricos" que, al parecer, son eternos e intocables. Se trata de modificar dos leyes orgánicas a cambio del apoyo del PNV a la aprobación de los Presupuestos del "Estado residual" para el 2010. Puro trapicheo entre un Gobierno que está dispuesto a "gobernar" como sea y a mantenerse a toda costa y un partido que obtuvo unos escasos trescientos mil votos y que al día siguiente de este acuerdo participó en la manifestación de San Sebastián en apoyo de Batasuna.
Por su parte, el PP se desangra lentamente en la maraña del 'caso Gürtel' mostrando, de un lado, sus miserias internas y, de otro, la incapacidad para liderar de su "líder" Rajoy, un perdedor nato. Tras negar hasta la saciedad unos hechos incontestables, ahora la táctica es decir que se trata de unas pocas manzanas podridas que han actuado al margen del partido y en beneficio propio. Eso no se lo creen ni ellos. Se trata de una segunda edición del 'caso Filesa'. Es decir, estamos ante un caso de libro de financiación ilegal de un partido en el que, por el camino, se quedan cantidades en los bolsillos de los gestores. Una compensación por su "trabajo" y porque saben que si el caso explota se quedarán solos.
Pero el denominado en su época por el Molt Honorable Pujol como "el oasis" catalán, pretendidamente libre de corrupción, tampoco se salva esta vez. Allí, un distinguido y destacado representante de la alta burguesía, esa que en su día colaboró con la victoria de Franco y la posterior dictadura, el también honorable Millet, ha sido sorprendido con las manos en la masa (la masa ya llega a los 20 millones de euros), y con él, partidos como Convergencia. Tampoco nada nuevo. Recuérdese aquel suceso de las comisiones del 3 por ciento para las contratas oficiales invocado en contra de CiU y luego enterrado por el PSC o los fondos recibidos por Unió de dotaciones oficiales para formación. Pero ya el PSC se ha negado a cualquier comisión de investigación sobre el escándalo Millet. Hace bien, hoy por ti y mañana por mí.
¿Será capaz la ciudadanía de reaccionar ante esta crisis integral del sistema que, además, empeora? Ésa es la gran incógnita. El deterioro económico, que va a seguir a pesar de las curiosas declaraciones oficiales, puede ser el gran detonante. En algún momento, no es descartable que los grandes centros de poder económico del país se sientan preocupados por esta deriva económica e institucional. De eso que se llama la sociedad civil no cabe esperar mucho. Entre otras razones porque en España esa sociedad tiene, si la tiene, vida muy lánguida. De que eso ocurra ya se encargan algunos con gran éxito.

