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Luis de Velasco

Luis de Velasco

Cien días de Obama: luces y sombras

04/05/2009 | 14:53 h.

Llega el presidente Obama a sus primeros cien días con el respaldo "récord" de dos tercios de los encuestados en su país. Interesante destacar también que llega con el rechazo "récord" de votantes republicanos, lo que pone de relieve la bipolarización temprana del electorado, algo no frecuente en una sociedad que valora los esfuerzos de sus políticos por trabajar con espíritu de bipartisanship, es decir, conjuntamente ambos partidos. La histeria alcanza a segmentos ultraconservadores, con el popular locutor Rush Limbaugh a la cabeza, cuando acusan a Obama de llevar el país al "socialismo". Algo anecdótico pero sintomático.

No hay duda de que la actividad de Obama ha sido destacada y rompedora. Seguramente lo que más le ha favorecido era la conciencia absolutamente mayoritaria de que la segunda presidencia de Bush (la que paradójicamente ganó limpiamente, la primera fue un fraude electoral con el respaldo de la Corte Suprema) terminaba con en estrepitoso fracaso en todos los frentes, internos y externos. La llegada de Obama ha supuesto un soplo de aire fresco con nuevas políticas y nuevas formas, también en ambos frentes. Pero no es oro todo lo que reluce, y lo que reluce es destacable. Tratemos de ver lo que hay debajo de la espuma, en recuento no exhaustivo.

En derechos humanos y libertades, a destacar la eliminación de la farsa de las comisiones militares para "juzgar" a los detenidos en Guantánamo y el anuncio de cierre de esa prisión. Pero ¿qué ocurre con otras prisiones secretas y con las renditions, entregas a países donde se tortura? Además, con la publicación de los informes sobre las torturas durante la Administración Bush, Obama corre el peligro de quedarse a medio camino, algo probable por la enorme presión interna. Ese "mirar para adelante y no para atrás" no resuelve las incontables ignominias de la época Bush.

La economía es la preocupación fundamental. Con la intervención decidida y masiva del sector público (no para ir hacia el socialismo sino para salvar el capitalismo), Obama ha roto un enorme y siempre decisivo tabú en la sociedad norteamericana, tras el precedente, ya herrumbroso, del New Deal. Ora cosa es que estos esfuerzos, siempre con dinero público, sean eficaces y, más importante, definir qué fuerzas están detrás de estas políticas. Recurramos aquí a lo que editorializa el New York Times: "Nuestra principal preocupación es que [Obama] ha sido demasiado reacio a enfrentarse a los intereses tradicionales de Wall Street o del Congreso". El peso de Wall Street, directamente o vía sus agentes en el legislativo, sigue siendo clave. Como lo es el hecho de que quienes están al frente de la política económica en el Ejecutivo, desde Geithner a Summers y otros, están entre los responsables del actual desastre financiero por sus políticas desreguladoras con Clinton. Proceden además del principal núcleo de poder en Wall Street y hoy en el Gobierno, Goldman Sachs. Es el Quiet Coup al que se refiere Simon Johnson en un artículo clave para entender lo que pasa. No es tanto un tema de dinero, es un tema de poder.

Obama ha producido un cambio radical en la percepción mundial acerca de su país y su política internacional. Las formas son importantes, sobre todo tras aquello de "Quien no está conmigo está contra mí" de Bush y su unilateralismo prepotente. Pero las formas no son todo y hay que esperar a lo que haga la Administración Obama en temas absolutamente claves y a la cabeza de ellos, el eterno conflicto israelí palestino. Veremos ahí si Obama y los que le rodean son capaces de enfrentar a Netanyahu y compañía y a sus poderosos acólitos en Estados Unidos. Ése es un test clave.

04/05/2009 | 14:53 h.

Luis de Velasco

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