Las incesantes referencias sobre la evolución de la epidemia-pandemia de la gripe mexicana por todo el mundo, o casi todo, subrayan dos factores esenciales: la importancia del transporte aéreo en la propagación del virus y la alta probabilidad de que el altruismo necesario para la distribución planetaria de los retrovirales deje que desear a la escala indispensable. Desde las primeras alarmas se ha puesto de relieve la aparición de otro virus: el del egoísmo de los comerciantes de la salud y del dolor. No cabe descartar, pese a la inmensidad de la tragedia, un mercado negro de fármacos. Los grandes laboratorios o industrias farmacéuticas, perfectamente identificadas, empiezan a ser objeto de sospechas. Tampoco se puede desdeñar el riesgo de que algunos grandes países acumulen y retengan "stocks" pensando en sus propios habitantes. De lo cual se deduce fácilmente que los pobres del mundo serán en esta nueva y triste ocasión los mayores paganos por vía de privaciones, ellos precisamente que por sus defiucientes infraestructuras tienen mayores márgenes de vulnerabilidad. Los que Franz Fanon llamó en su día, hace tantos años ya, los desterrados de la Tierra, encuentran otra triste oportunidad de ofrecerse como modelo.
Esto no quiere decir que los poderosos vayan a hacer su agosto en todos los supuestos. No van a ser pocos, y ya lo vienen siendo, quienes sufran en sus industrias y actividades económicas consecuencias muy duras por la retracción de la demanda que el miedo inspira. Tampoco hay que descartar la influencia de un cierto orgullo de países concretos para no aparecer ante la mirada internacional como menos dotados para autovalerse. Se cita a este respecto el caso de China, que al surgir en 2002 el caso del síndrome respiratorio agudo severo conocido por sus siglas SRAS, que afectó a cerca de treinta países, tardó en declarar la aparición en su territorio, probablemente en Hong-Kong, los primeros casos.
Desde el punto de vista de las posibilidades terapéuticas reales, se tiene en cuenta que los millones de dosis que la OMS ha empezado a distribuir entre los países más necesitados, incluidos México, del retroviral Tamiflu, son insuficientes para afrontar muchas necesidades. Se habla, por ejemplo, de millones de dosis y tratamientos que ni remotamente alcanzan a los cerca de siete mil millones de habitantes del mundo.
La organización Médicos sin Fronteras se ha permitido algunas ironías. Y la OMS, a través de uno de sus más cualificados portavoces, comunica que se halla en conversaciones con potenciales donantes que controlan aspectos financieros de la campaña y la equitativa distribución de esos fondos, aunque en este aspecto la OMS tendría siempre el manejo del criterio principal.
Se está hablando también del peligro o riesgo que representa la llegada del invierno en las latitudes correspondientes. El verano es más tranquilizador como estación, pero, claro, el planeta no tiene, a un tiempo y en todo lugar el mismo clima. Incluso el riesgo puede complicarse con la existencia de enfermedades endémicas como, por ejemplo, en Indonesia, el virus H5N, y entonces no faltan voces o augurios sobre tragedias incontrolables a través de supervirus, hipótesis que Juan José Badiola, catedrático epidemiólogo de la Universidad de Zaragoza, prefiere descartar.
En algunos casos se registran historias pintorescas en materia de prevención. Se ha contado que la archidiócesis de Miami haz recomendado a los sacerdotes de Florida que al impartir la comunión se deposite siempre la hostia en las manos de los fieles y no en la boca, y que no se administre el vino consagrado.
Podría parecer que en los países de religión islámica el peligro de contraer la infección viral es menor por no consumirse carne de cerdo. Pero eso no significa que la cabaña porcina sea inexistente, ya que en Egipto, por ejemplo, como en otros países de la misma fe, hay minoría cristiana consumidora. Entonces se habría decidido sacrificar la población de cerdos.

