El reciente montaje escenográfico del PSOE en el Palacio de Congresos de Madrid, con el único objetivo aparente de anunciar las reformas previstas en la futura ley de economía sostenible, habría estado fuera de lugar sin la crisis política y personal que pesa sobre Zapatero y su "familia" partidista. Tal vez fueron dos los factores determinantes del espectáculo: el pirateo con secuestro del Alakrana y el creciente peso negativo que las encuestas de opinión, sobre todo la del CIS, hacen gravitar sobre el prestigio decreciente del zapaterismo y sus expectativas electorales futuras. Todo un mundo en el que entran las corrupciones de las que el PSOE también participa, la acción erosionante del paro y de la economía, cuya más reciente expresión ha sido la protesta multitudinaria del sector agrícola en el centro de Madrid, y el escándalo del Sitel como sistema de escuchas ilegales.
Zapatero necesitaba inventarse un homenaje personal disfrazado de reforma económica de alto voltaje solemnemente anunciada, rodeado todo de una especie de "¡viva tu madre, qué grande eres!", con el añadido del consolador "no estás solo", un mensaje, si cabe llamarlo así, de delatora elocuencia. En realidad, Zapatero está cada vez más solo, incluso entre los suyos, como acreditan determinadas ausencias observadas en el área de sus antiguos colaboradores económicos y, por supuesto, entre los antiguos ministros y altos cargos que han ido dejando de serlo.
La teatralización espectacular de la solidaridad expresada con la excusa de una especie de revolución económica cuya puesta en marcha no ha sido evaluada, que se sepa, en sus aspectos financieros, ha rozado tanto el triunfalismo como la ridiculez paleta. Por supuesto que Zapatero marcha a notable velocidad cuesta abajo y que esa realidad tiene difícil remedio a estas alturas del tiempo. El rizo cosmético de su presidencia europea semestral no tendrá otra traducción que las exhibiciones audiovisuales y fotográficas que nos esperan en el mundo mediático. Una estrategia efímera e insostenible en plena transformación del modelo dirigente de la UE, alimentada desde el Gobierno y su partido, con aplausos, músicas y colores, pero no con argumentos y realidades eficientes.
El zapaterismo se ha visto obligado a poner sordina en ese abucheo de fondo que la sociedad le dedica. El episodio del Alakrana terminó con una ristra de mentiras sobre las particularidades del arreglo, y con el irritante ejemplo de insolidaridad suministrado por el mundo nacionalista vasco, que despreció la cobertura oficial para el regreso de los atuneros, nada digamos de las celebraciones sentimentales de las Seychelles. Todo ello después de que el PNV se desgañitara pidiendo auxilio oficial a través de recriminaciones constantes para que el dinero español lloviera a raudales entre las lastimeras invocaciones de las familias. Al final, una vez rescatados y en territorio nacional, los atuneros vascos fletaron su propio avión, es decir, lo fletaron los vasallos de Urkullu y compañía para organizar la propia arribada a Euskadi.
Se nota la profunda irritación de los nacionalistas peneuvistas bajo el peso del poder político perdido y, para colmo, por el no menos "irritante" nombramiento para la diócesis de San Sebastián de un prelado vasco que no responde en principio a la línea que ha mantenido el supernacionalista Juan María Uriarte, hasta ahora obispo de Donostia, ligado por algún lazo familiar a la antigua Batasuna. El nuevo obispo se llama José Ignacio Munilla, ha sido párroco de una iglesia de Zumárraga, a parte de obispo de Palencia, y siempre se desmarcó de la línea "pastoral" trazada por su todavía antecesor en ciernes. No parece sino que los tiempos, de vez en cuando, establecen variantes poco gratas para la "escuela" creada por el famoso Setién. Ya se habla de algún que otro "terremoto" en la Iglesia vasca. Seguramente en Bilbao le esperan también malos momentos al obispo Blázquez, hoy reforzado por un auxiliar poco nacionalista llamado Mario Iceta.

