Publicidad

Estrella Digital EstrellaDigital.es el primer diario digital en español

Publicidad
Lorenzo Contreras

Lorenzo Contreras

El polivalente Garzón

19/03/2009 | 14:47 h.

Un día más, y los que quedan, Baltasar Garzón casi monopoliza la actualidad y, desde luego, los espacios preferentes de los periódicos y publicaciones, cuando no la atención obsesiva de los comentarios políticos y judiciales. La ventaja del "juez estrella" viene establecida por la resonancia de las causas que instruye, el ritmo lento y premioso que les imprime, y, de manera personal, su dedicación a actividades no compatibles en apariencia con el ejercicio jurisdiccional. En este caso, y en algunos otros, se ha pensado con frecuencia en la posibilidad de que el magistrado de la Audiencia Nacional juegue con fuego. Pero esa impresión se desvanece pronto. Sus reacciones, por otra parte, no se corresponden con la de un personaje alarmado por determinados riesgos de sanción o peligros para su carrera. Por ejemplo, en pleno estrépito mediático relacionado con sus ingresos extrajudiciales, Garzón ha competido por la presidencia de la Audiencia Nacional, vacante desde que Carlos Dívar, muy apoyado por su colega, fue promocionado a la presidencia del Tribunal Supremo y correlativamente del Consejo General del Poder Judicial, de cuyas determinaciones no cabe esperar en buena lógica, aunque parezca lo contrario, ninguna medida que perjudique a don Baltasar.

Su suerte, en este sentido punitivo, es opuesta a la que corre Rafael Vera, antiguo objeto de sus rigores persecutorios desde el tiempo de los GAL. El ex secretario de Estado de Seguridad vio cómo su causa era exhumada por Garzón, con consecuencia de cárcel en compañía de Barrionuevo, cuando el titular del Juzgado número 5 de la Audiencia Nacional fracasó en sus aspiraciones políticas ministeriales después de haber figurado como número 2 en la lista electoral encabezada en 1993 por Felipe González, que le antepuso en el orden de preferencias a Javier Solana. Garzón, decepcionado luego en sus expectativas ministeriales, aplicó toda su diligencia a la instrucción terminal acelerada del caso referido.

Ahora sería ingenuo pensar que Garzón, en un mundo de sensibilidad altamente corporativa, pueda ver frustrada su resonante carrera judicial. ES muy probable que el Gobierno, donde el ministro del Interior halla en el citado juez la más valiosa y eficaz de las colaboraciones en la lucha contra ETA y contra el crimen organizado, como ya años antes ocurriera con el entonces ministro del mismo ramo Jaime Mayor Oreja, haga valer sus argumentos protectores. El juez que recibe importantes ingresos fuera de su ámbito propio de actuación, el magistrado que no se inhibe en determinadas causas que parecen exigirlo, experto cuando lo estima conveniente en desactivar, o al revés, querellas pese a las críticas circundantes, pasa por ser ideológicamente socialista y simpatizante del zapaterismo, como durante un tiempo lo fuera de su benefactor Felipe González. Pero tal estimación es errónea. ¿Socialista Garzón? En absoluto. Quienes le hayan conocido un poco desde cerca habrán notado que en su manera de ser sólo impera el afán de notoriedad y las ambiciones rentables. Cuando en 1993 figuró en la lista electoral de González, resplandeció su instinto oportunista. Aceptó de mil amores. El entonces presidente del Gobierno y líder del PSOE atisbaba por su parte el riesgo político que se le venía encima por el desgaste de su Administración, sobre todo con motivo de las famosas corrupciones "filesias" y "gálicas". Y Garzón podía ser un "seguro".

Fue entonces cuando José Bono le aconsejó que aprovechara para la causa "sociata" el prestigio o la fama que había acumulado Garzón, el Garzón de entonces, con sus investigaciones y encausamientos de asuntos resonantes. Los GAL ya estaban, por ejemplo, en su carpeta, la que luego fue temporalmente carpetazo. El problema surgió cuando el promocionado a diputado de la cofradía felipista no consiguió ni la cartera de Justicia ni la de Interior, ya que ambas cayeron en manos del hoy alcalde de Zaragoza, y antiguo fiscal celebérrimo, Juan Alberto Belloch.

Garzón se llamó a engaño o, más exactamente, a desengaño. Literalmente se había quedado sentado en el sillón parlamentario, no lejos de otras posaderas mudas e inoperantes que correspondían en propiedad a un Zapatero entonces desconocido y meramente votante (de la pandilla de los "votones" según la expresión que les adjudicó a esos pasivos especímenes parlamentarios el ya fallecido y siempre recordado Jesús Esperabé de Arteaga, salmantino que había hecho sus primeras armas como incómodo e incordiante procurador "familiar" del franquismo).

El caso fue que Garzón no ejerció la virtud del cristiano perdón misericordioso, sino la respuesta sarracena de la venganza. Abandonó el escaño, regresó a "su Juzgado número 5", desempolvó papeles sumariales y la emprendió con los GAL y nada digamos del caso Marey. La cárcel abrió sus puertas para Vera y Barrionuevo mientras, lógicamente, Felipe González se ponía a salvo, no sin exhibir una solidaria indignación con los "ejecutados", a quienes acompañó hasta la mismísima puerta de la prisión alcarreña, donde sus antiguos colaboradores pasaron temporada e incluso aprovecharon el encierro para practicar saludables ejercicios gimnásticos.

19/03/2009 | 14:47 h.

Lorenzo Contreras

Bio Lorenzo Contreras
Publicidad
Publicidad
Publicidad

(c) 2010 La Estrella Digital, S.A | Contacto | RSS