Estamos en lo que De Gaulle llamaba "la política de lo peor". Efectivamente nos encontramos en esa tesitura. Nosotros utilizamos otra expresión: de mal en peor. Los políticos, sobre todo ahora bajo el zapaterismo, han registrado la fórmula salvadora: tocar fondo. No hace falta explicarlo. Cuando Zapatero -o cualquiera de sus adláteres- intenta consolarnos, afirma que estamos tocando fondo o a punto de hacerlo. Cuestión de fechas.
Sería el efecto rebote. Caída libre y, luego, hacia arriba. En el 'caso Haidar', por supuesto, la caída libre hacia un fondo que linda con el ridículo ha deparado a España, es decir, en alguna medida a los españoles, batir la marca del descalabro. Decía Zapatero, como bien se sabe, que el Rey no tenía por qué intervenir en el caso, por qué interponer su mediación mientras hubiera Moratinos y Chacones. Sobre todo Moratinos. Y ya conocemos el resultado. Al final, recurrir al Rey si es preciso, que por algo había sido hermano de Hassan y ahora es tío de Mohamed.
El Rey necesitaba que se lo pidieran oficialmente. Ya lo han hecho con su alusión "al máximo nivel". Pero Zapatero también necesitaba, después de su actitud inicial del "me basto y me sobro", comprobar que sus recursos diplomáticos eran estériles. Que Obama, por ejemplo, a través de Hillary Clinton, le advierta que a Marruecos ni tocarlo. Y lo mismo la Francia de Sarkozy, como la de cualquier otro primer ministro galo, porque Marruecos es para ellos la ex colonia predilecta. Y además funcionan los intereses.
Una vez verificada la comprobación de que internacionalmente somos un cero "a la izquierda" (nunca mejor dicho con ZP), hacía falta que el presidente se viera respaldado por la voluntad parlamentaria. Y allá, al hemiciclo del Congreso, fue a parar la cuestión, con el resultado de que sí, de que hace falta que el Rey intervenga y que el monarca español pueda no perder la cara porque esa mediación viene requerida por la mayoría parlamentaria del Congreso. Ni que decir tiene que Zapatero ha sabido cubrirse una vez más contra el efecto de sus actitudes aparentes o de sus propósitos manifestados con anterioridad. Si, como ha advertido Washington, el asunto es "bilateral", un "asunto español" como dijo Haig en el 23-F, se abre vía libre para la entrada del Rey en escena. Lo que está por comprobar, si esa mediación se practica formalmente, es hasta qué punto el regio mediador estará en condiciones de apuntarse el tanto. Podría ser una nueva versión del Rey desnudo.
Una vez más Zapatero se coloca fuera de juego. Han funcionado las instituciones. Podrá decir "a mí que me registren". Cierto es que ha tenido, además de la dificultad para cubrir las apariencias, la mala suerte de que le ha tocado presidir la UE, en su versión semestral, cuando las "cumbres" correspondientes han ido dejándole también en orsay para ostentar verdaderamente, y no en pura posición virtual, la presidencia europea. Y hasta puede permitirse el irremediable gesto elegante de arrojar hasta donde haga falta la toalla, porque palabras mayores, que para eso están las "cumbres", han determinado que ese lujoso cargo ya nada signifique a la hora de influir en la determinación de ciertas decisiones europeas, las que en el próximo semestre, a partir del primero de enero, corresponda emprender.
Ha sido un mal año 2009. Porque al presidente del Gobierno y líder del PSOE se le ha sublevado una gran parte de los presidentes en la Conferencia de las Autonomías. Zapatero ofreció un pacto económico y de empleo, pero se lo han echado abajo. Como lo que en el fondo se ventila no es mejorar la situación general, sino asegurar la ventaja electoral del mañana, la gente del PP ha venido a decir que ese beneficio no se lo va a malograr Zapatero con un proyecto socio-económico de urgencia, muy cercano al clásico concepto de contrato de adhesión que ha de ser firmado casi a ciegas. Y los "peperos" no han querido suscribirlo. Para lograr que el proyecto naufrague y todo sea papel mojado, se han abstenido de votar, que es la manera más elegante de salirse por la tangente...

