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Lorenzo Contreras

Lorenzo Contreras

Del Rey abajo, Rosa Díez

15/12/2009 | 14:31 h.

El Gobierno del señor Zapatero no ha querido que el Rey medie en la solución del 'caso Haidar', que tantos quebraderos de cabeza parece que le proporciona, y ello a pesar de que el artículo 56 de la Constitución establece que como jefe del Estado y símbolo de su unidad y permanencia, "arbitra y modera el funcionamiento regular de las instituciones" y "asume la más alta representación del Estado español en las relaciones internacionales".

Zapatero, que está intentando movilizar sin aparente éxito a personalidades e instituciones de la esfera internacional, desde la ONU a la UE, desde Ban Ki Moon a Hillary Clinton, frente a la arrogante y pétrea actitud de Mohamed VI, quiere dar la impresión de que procura no implicar a Don Juan Carlos en un posible fracaso de gestión, mientras una parte de la opinión popular se pregunta para qué sirve la Corona ante un conflicto diplomático que puede deteriorar las siempre delicadas y difíciles relaciones entre Madrid y Rabat.

La propaganda oficial siempre ha presentado las relaciones personales de los dos monarcas como una especie de parentesco virtual que se remonta a los tiempos de Hassan II, que para el rey de España era "su hermano", un hermano correspondido. Parecía una correspondencia efectiva y altamente cordial, por encima de las vicisitudes diplomáticas.

Ahora Don Juan Carlos, "pulcramente" apartado por Zapatero del asunto planteado en torno a la activista saharaui para evitar implicarle en un fracaso, sencillamente nada pinta en esta historia que tanta conexión guarda con lo institucional e incluso con lo familiar si hemos de conceder algún valor simbólico políticamente rentable al hecho de que, así como Don Juan Carlos y Hassan eran "hermanos", ahora el Rey de España y el de Marruecos se reconocen como tío y sobrino. Cuando Hassan II falleció, Don Juan Carlos y Mohamed VI ofrecieron al mundo la imagen plañidera del llanto compartido, de las lágrimas enjugadas conjuntamente. No se entiende que tanto afecto resulte completamente ajeno a la necesidad de que el problema planteado conozca, en función de la alta amistad de las dos coronas, algún tipo de desbloqueo.

Es evidente que los intereses soberanistas de Rabat sobre el Sahara usurpado, como mañana los que puedan gravitar sobre el futuro de Ceuta y Melilla, pasan más que las retóricas sentimentales y la sintaxis constitucionalista. Es curioso que hasta el llamado "sindicato de la caja" haya solicitado del Rey español alguna gestión mediadora a favor del destino de Aminatu Haidar, tan dependiente hoy de cualquier actitud propicia del soberano alauita. Estas glorias de la interpretación teatral y fílmica han llegado a proponer que el Gobierno de Zapatero, es decir, el propio Zapatero, tan inclinado a prodigar sus simpatías y sus subvenciones, autorice el desempeño del papel regio en este conflicto en lugar de tenerlo archivado.

Un sector del mundo político español se ha movilizado a favor de doña Aminatu, como lo acredita el hecho de que Rosa Díez, diputada en alza del partido Unión, Progreso y Democracia, haya sabido estar a la altura de sus inquietudes humanitarias y se haya desplazado hasta El Aaiún, donde las autoridades marroquíes, después de facilitar su tránsito hasta el domicilio de los familiares de Aminatu, terminaron por escamarse y entorpecer su despliegue personal y gráfico a favor de la noble causa que inspiraba sus movimientos. Era lógico que doña Rosa Díez quisiera anticiparse a otras iniciativas parlamentarias, tal vez posibles, y actuar en primera persona del singular del presente de indicativo.

Lo normal sería que su gesto alcanzara el debido premio electoral que en su día pueda cosecharse en el campo de los votos. La diputada y ex eurodiputada ha sabido ser diligente y arrebatar a Moratinos, por ejemplo, el primado de la imagen, favoreciendo de paso los encomiables propósitos informativos del periódico de Pedro José Ramírez.

15/12/2009 | 14:31 h.

Lorenzo Contreras

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